Extraña historia de un atraco que no fue en el Piñeyro del Campo
Sobre las nueve de la mañana en la Seccional 15ª de la Dirección de Seguridad se recepcionó un alerta por un reciente copamiento que se había registrado en el Hospital Piñeyro del Campo.
Una unidad partió hacia el lugar y de inmediato se comenzó a tomar declaraciones a los funcionarios presentes, con el objetivo de obtener la descripción del asaltante y así iniciar su búsqueda.
Pero ahí comenzaron las primeras complicaciones. La única persona que lo había visto, y encima no recordaba bien su fisonomía, era la víctima. Ni un policía que realiza el servicio 222 ni ningún otro funcionarió se había percatado de la presencia del rapiñero.
Esta trabaja en el sector de tesorería junto a otra funcionaria. Ayer fue la primera en llegar. Del relato que realizó a los investigadores se desprende que cuando estaba en la oficina sintió que golpeaban la puerta.
Al abrirla, un individuo con un arma de fuego en mano la empujó hacia adentro. Una vez en el recinto la obligó, bajo amenazas de muerte, a que abriera la caja fuerte en la que se encontraba el efectivo. Ya con los 205 mil pesos en su poder la golpeó con una caja de madera en el arco superciliar izquierdo; de esas que en las oficinas se usan para colocar sobres con sueldos, entre otras cosas.
A los pocos minutos llegó su compañera de oficina, quien la encontró tirada en el piso, como desmayada. En esos momentos la Policía tomó conocimiento de los hechos.
Misterio
El hecho de que el copador no hubiera sido visto por nadie llamó la atención de los investigadores, a cargo del titular de la seccional, el comisario Harry Marshall.
Mientras se aguardaba el arribo de una unidad de emergencia médica, los uniformados iniciaron las indagaciones.
Entre los testimonios reunidos se encuentra el de una funcionaria de limpieza. Al ser interrogada sostuvo que a la hora que supuestamente la víctima del atraco yacía desmayada en el piso por el golpe recibido en la cabeza, ella la había visto sin notarle ningún problema.
Luego vino el dictamen de los médicos, quienes aseguraron que el golpe que presentaba no ameritaba un desmayo. Esta conclusión fue coincidente con la que en un primer momento había dado personal de Policía Técnica.
Entonces se intensificaron las investigaciones. En ese momento las autoridades de la dependencia actuante recordaron un hecho de similares características y con iguales protagonistas que había ocurrido un año atrás.
En aquel entonces, la ahora confesa autora de la sustracción ante la Policía, estaba de licencia y fue a su lugar de trabajo a visitar a su compañera. Esta última se ausentó de la oficina unos minutos, y cuando regresó ya no había nadie. Fuentes policiales explicaron a LA REPUBLICA que cuando ocurrió aquello no había arqueos diarios en la institución. Pero al realizarse uno de ellos, cinco días después de esa visita, se constató el faltante de cuarenta mil pesos.
Cuestión de horas
La Seccional 15ª realizó indagaciones con conocimiento de la Justicia, pero el caso quedó en la nebulosa.
El antecedente de un hecho similar ocurrido con la misma funcionaria; el dictamen de los médicos; y la constatación de que nadie hubiera visto al asaltante, centraron las sospechas en la supuesta víctima.
Pero faltaría un elemento que comprometería aún más la situación de la funcionaria. Durante los testimonios ella aseguró que el martes se había retirado del trabajo sobre las 13, mientras que su compañera lo había hecho una hora después. La otra funcionaria administrativa ratificó este extremo y agregó que cuando ella se fue dejó la importante suma de dinero dentro del cofre, ya que se comenzaría a pagar al otro día las pensiones a los internados.
Sin embargo, un testimonio recogido por los uniformados ubica a la administrativa en la oficina sobre las 15 horas del martes, una hora después de que su compañera se fuera. Ambas tenían las llaves de la oficina y del cofre.
Entonces las actuaciones continuaron en la comisaría y tras intensos interrogatorios, la mujer confesó (sobre las 14) que ella había robado la plata. Cuando le preguntaron dónde estaba, dio una dirección y el nombre de la persona que allí vive.
Cuando fueron a la finca nadie respondió al llamado. Cuando la allanaron momentos después no se ubicó nada. Además de la «víctima» permanece detenida su hermana (también trabajadora del hospital) y la otra administrativa de tesorería del Piñeyro.
Hoy serán conducidas a prestar declaración ante el juez Penal de 21º Turno, que deberá dilucidar este misterioso episodio.
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