Muy jóvenes. Vivían muy cerca del lugar del crimen y cayeron por "abrir demasiado la boca"

Homicidas de Enrique Santa Cruz

Cayeron los asesinos del empresario Enrique Santa Cruz, uno de los casos emblemáticos para la Policía de Maldonado, ocurrido hace casi dos años, el viernes 2 de junio de 2006.

Miércoles 23 de abril de 2008 | 3:21
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Caicobé. El chalet del crimen, en San Rafael. La familia del empresario lo tiene a la venta.

Sorpresivamente, el lunes a última hora se conoció el procesamiento con prisión de dos jóvenes residentes en el cercano barrio Presidente Kennedy, uno de los cuales poco antes había sido detenido por efectivos de Hurtos y Rapiñas de la Seccional 10ª de Punta del Este; el otro, purgaba pena en la cárcel de Las Rosas por un delito reciente.

El juez penal de 4º turno de Maldonado, doctor Néstor Saravia, envió a prisión a dos jóvenes de 23 y 24 años que la nochecita del viernes 2 de junio de 2006 coparon el chalet “Caicobé” de San Rafael y ultimaron de un balazo en la nuca a Enrique Santa Cruz, el propietario de “La casa del tornillo”.

Se trata de dos conocidos delincuentes afincados en el cercano barrio Presidente Kennedy, que desde un comienzo habían estado en la mira de los investigadores.

Incluso la viuda de Santa Cruz había participado en algunos reconocimientos donde se encontraban los asesinos, pero no pudo reconocerlos, porque en aquella trágica jornada habían actuado encapuchados.

Los efectivos de la Seccional 10ª, a cargo del comisario Julio Pioli, cerraron filas en los últimos días y obtuvieron pruebas contundentes. Entre otros errores cometidos, los jóvenes asesinos abrieron demasiado la boca y no eran pocos los vecinos que a esta altura sabían que ellos eran los autores del crimen.

Sorpresivamente, la Policía allanó la finca de uno de los jóvenes, recogió una serie de elementos (ropa y otros efectos que aún estaban en su poder) y lo detuvo para llevarlo ante el magistrado actuante junto a una serie de testigos que fueron fundamentales a la hora del fallo.

Horacio Rodrigo Wilkinson, de 24 años, y Pablo Sebastián Cáceres Núñez, de 23 (que se encontraba recluido en la cárcel de Las Rosas por otro delito, cometido tiempo atrás en la misma zona de San Rafael), fueron procesados con prisión por el delito de homicidio muy especialmente agravado y seguramente permanecerán en la cárcel al menos por 15 años. Fueron imputados de un delito de homicidio muy especialmente agravado. Uno de los aspectos del caso sin resolver es que aún no se sabe cuál de los dos fue el que le disparó en la nuca a Enrique Santa Cruz aquella trágica noche de 2006.

 

Aquella trágica noche

Reyna Picún y su esposo, Enrique Santa Cruz, habían llegado al anochecer del viernes 2 de junio de 2006 al chalet de descanso que poseían en San Rafael (calles Las Acacias y Lido), como cada fin de semana. La propiedad, llamada “Caicobé”, posee altos muros y rejas con extremos en punta, por lo cual era difícil acceder desde el exterior. Sin embargo la alarma no estaba activada al momento del copamiento y tampoco estaba trancada la puerta principal.

Los dos delincuentes irrumpieron violentamente en el living del chalet empuñando armas de fuego; mientras uno le exigía a Reyna Picún la entrega de todos los valores, el otro encañonó a Santa Cruz, quien a pesar de no haber opuesto resistencia alguna, mientras entregaba su billetera fue ejecutado de un balazo en la nuca.

Desde un primer momento se barajaron dos hipótesis: que los delincuentes hayan seguido al matrimonio desde Montevideo, pensando que los viernes viajaban a Punta del Este con una fuerte suma de dinero, o que fueran delincuentes de la zona que conocían al dedillo el lugar y los movimientos del matrimonio.

Para la Policía comenzaron a surgir muchos elementos que desembocaban en dos jóvenes delincuentes radicados cerca de allí, pero el tiempo transcurrió sin que se lograran pruebas contundentes como para presentarlos ante la Justicia, a pesar de que fueron interrogados en varias oportunidades.

Uno de ellos habría comentado en el barrio en al menos una oportunidad que su amigo había matado a Santa Cruz porque estaba nervioso y se le escapó un disparo; otros testimonios confirmaron que habían quemado parte de la ropa que vestían en aquella ocasión y que otra aún la tenían. Allí estuvo la clave, sumada a la presión que alguna gente del barrio sentía por saberse conocedora de la identidad de los autores de un crimen y no animarse a delatarlos.

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