Crimen en Libertad
San José
Alas 10 y 15 del pasado miércoles los reclusos del tercer piso del Sector de Seguridad del Penal «se disponían a utilizar el beneficio de las canchas de recreo», cuando Juan Carlos Guillén Casas –alias «el Pegajoso»–, de la celda 2, le pidió al carcelero permiso «para esperar al recluso de la celda 14 con intención de pedirle prestado el mate y bajar al patio», explicó el jerarca.
El agente accedió a su petición y sin sospechar en ningún momento las intenciones del reo abrió la puerta de la celda 14. En rápidos movimientos Guillén se abalanzó sobre Sandro Gabriel Torres Rodríguez, de 30 años, y consumó el crimen en contados segundos. Si bien dos agentes se movilizaron rápidamente y lograron reducir al atacante, no pudieron evitar el hecho.
La víctima tenía 30 años y había ingresado al penal en julio por «hurto en grado de tentativa». El asesino (hermano del tristemente celebre Walter Guillén Bustamante o «Cotorra Loca») cumple condena por rapiña, tiene varias causas pendientes, posee profusos antecedentes y cuenta con una fuga del Comcar, otra de la cárcel de Colonia y un intento en Libertad. Otros dos reclusos compartían la celda con la víctima en el momento de los hechos. Ayer por la tarde declararon ante la Justicia, al igual que los agentes y el homicida.
Sandro Torres salió vivo del Penal y desde la ciudad de Libertad se lo envió en forma urgente en una ambulancia de Ucor a Montevideo para que fuera asistido, pero por el camino dejó de existir. La ambulancia entonces debió hacer el camino inverso y trasladar el cuerpo al Hospital de San José, donde el médico forense le practicó la autopsia por disposición del juez.
El director del Penal de Libertad lamentó lo ocurrido, pero manifestó claramente la impotencia de la Policía ante hechos como este, ya que «no hay forma de impedirlos, porque es imposible controlar que los presos fabriquen armas. Utilizan desde un trozo de cucheta o hierro que pueden sacar de las propias camas y limar contra la pared hasta convertirlo en un arma. Lo utilizan para atacarse y defenderse entre ellos, aunque jamás para agredir a la Policía. Este es un caso de ajuste de cuentas».
El inspector Cardozo también precisó que los «delincuentes más peligrosos del Uruguay están aquí; es una cárcel de máxima seguridad, la más segura de todo el país, aunque dista mucho de ser la ideal».
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