Un niño de 11 años embistió a su amigo con el coche de su padre
Danilo Albín – Canelones
Las Brujas es una pequeña localidad ubicada a escasa distancia de Los Cerrillos, zona poblada fundamentalmente por productores rurales. Hace cuatro años, María Herrera abandonó Montevideo y se mudó para allí junto a su esposo y su hijo, Gustavo Herrera, un niño que no tuvo demasiados inconvenientes para entablar nuevas amistades.
Entre los mejores amigos de Gustavo estaba un compañero suyo de escuela, con quien jugaba diariamente. Además de estudiar, practicaba fútbol en un cuadro que comenzaba a armarse bajo la dirección de un ex jugador del Club Atlético Peñarol.
Una de sus ilusiones era retornar a Montevideo –donde vive su abuela– y vestir la camiseta aurinegra en divisiones inferiores, lo cual no estaba lejos de concretarse. Sin embargo, el pasado miércoles 15 de noviembre quedará marcado en su memoria como uno de los peores días de su vida.
Desde hacía varios días, su amigo insistía con cambiarle cuatro tablas de madera que se utilizan para «surfear» en la arena –una nueva «moda» de algunos sectores de la juventud uruguaya– por una bicicleta de 18 cambios que pertenece a su padrastro. «Mi marido no tenía problemas en darle la bicicleta, pero el negocio no parecía rentable», dijo a LA REPUBLICA María Herrera.
«Mi último amigo»
A la mitad de la tarde del mencionado día, su amigo fue hasta su finca, le avisó que volvería con las cuatro tablas para saber cuál sería la «respuesta definitiva» a su proposición y se marchó. Minutos después Gustavo subió a su bicicleta y lo pasó a buscar por su vivienda.
«El venía en la camioneta de su padre y yo detrás. LLegó primero a mi casa y le preguntó a mi padrastro si aceptaba el cambio, recibiendo un no como respuesta», relató Gustavo a este matutino. Al observar que estaba enojado, fue por delante de la camioneta para hablarle. «Era mi último amigo», explicó.
«Entonces entró corriendo a la camioneta, puso primera y me chocó, tirándome contra un montón de ladrillos. Después volvió, me agarré del farol y me atropelló nuevamente. Otro amigo que lo acompañaba –un chico de 14 años– le advirtió: ‘pará que le pasó algo a Gustavo’. Dijo que no y se fue», afirmó.
Desesperado, su padrastro lo levantó del jardín y lo recostó en un sofá. «Luego mi marido fue a la casa del niño que lo atropelló para pedirle que llevara a Gustavo a un hospital, pero no había nadie. Sobre las siete de la tarde lo atendió una mujer que le dijo que el padre del chico no estaba», indicó Herrera, quien ese día se encontraba en un nosocomio de Montevideo cuidando a una familiar.
El menor lesionado debió soportar los dolores hasta las nueve de la mañana del día siguiente, cuando pudo ser trasladado al Hospital Pereira Rossell. Allí los médicos le enyesaron la pierna derecha y desde entonces permanece en la casa de su abuela.
Al juzgado
Según Herrera, los especialistas que asistieron a su hijo le exigieron que realizara una denuncia policial, lo cual se concretó el pasado sábado 18. Cuarenta y ocho horas más tarde los involucrados declararon en el juzgado civil de Los Cerrillos, pero ante las versiones encontradas que brindaron los ocupantes de la camioneta «el caso quedó a cargo del juez letrado de primer turno de Canelones», subrayó.
«En vez de preguntar cómo estaba mi hijo, el padre del niño amenazó a mi esposo; dijo que tenía muchos conocidos y sabía cómo arreglar esto», manifestó la mamá del pequeño herido. Además, destacó que en esa zona rural de Canelones «los menores siempre manejan vehículos».
En las próximas horas y por recomendación de los médicos, Gustavo comenzará a ser tratado por un sicólogo. Herrera aseguró que su hijo está conmovido e incluso evita hablar sobre lo sucedido. En el bolsillo de su bermuda guarda una foto que arrancó de la pared de su cuarto, en la cual aparece el amigo que lo embistió.
«No lo perdono; yo no le hice nada y me pisó. Además, la bicicleta no era mía», señaló Gustavo. «Siempre jugaba con él», agregó.
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