Trata de blancas en Soriano
Iliana Avila es la madre de la muchacha (de nombre Paula) que generó la denuncia. La menor ahora se encuentra en una dependencia del Iname local por consejo judicial ante el temor que tiene la familia por las represalias que puedan tomar contra ella. «Es casi la única que los puede incriminar», sostiene angustiada su mamá, mientras se percibe que sus palabras realizan un gran esfuerzo por salir del nudo que se le forma en la garganta la hablar del tema.
Entrevistada por LA REPUBLICA la señora Avila explica que el calvario comenzó en febrero de este año cuando a la finca que está contigua a la suya, sobre la calle Rivas, llegaron a vivir dos personas desde Montevideo. No eran desconocidos para la gente del lugar, ya que eran los mismos que años atrás habían instalado una funeraria que «estuvo abierta un año aunque sólo veló dos cuerpos».
Lo cierto es que al principio la relación fue normal: la de vecinos que empiezan a conocerse. Los recién llegados, de iniciales HO y JE, comenzaron a pedirles favores tales como agua, azúcar, luz, y demás, hasta que la situación se tornó tediosa, relata Iliana Avila. En el transcurso de este tiempo los nuevos vecinos entablaron una buena relación con su hija, que por aquel entonces tenía 16 años.
Comienza el calvario
Paralelamente a esta situación, la denunciante explica en su escrito que advierte que la relación con su hija se había deteriorado: salía por las noches y no regresaba hasta la mañana y era difícil saber con quién andaba. Hasta que se enteró de que mantenía una relación con JE, el mayor de los acusados, por lo que les impidió que se acercaran a su casa y a su hija.
«En medio de esa discusión con los denunciados que creían tener derechos sobre mi hogar, descubro que Paula tenía un bolso pronto con ropa para irse de la casa con esas personas. Le digo, por favor, que no haga eso, que me había enterado que habían llevado a una mujer al prostíbulo Kong-Kong». Esto, explica la mujer al juez en una parte del escrito que presentó, asesorada por el abogado Federico Arregui.
Las escapadas de su hija continuaron a pesar de todo. Estas se vieron favorecidas, según lo señalado por Avila a LA REPUBLICA, porque se encuentra en proceso de divorcio con el padre de la joven y entonces ésta alegaba estar con él, cuando en realidad estaba con los «funebreros», tal como se los conoce en Mercedes.
Pero el hecho que causó verdadero pánico a la madre de la joven fue que semanas atrás, cuando decidió ir a buscarla al liceo nocturno al que concurría, afuera del centro educativo estaba JE quien aseguró no tener noticias de la muchacha. Iliana Avila relata que entonces concurrió a la casa de una amiga de su hija y le explicó a la madre de ésta lo que le estaba ocurriendo. La denuncia agrega: «La señora presiona a su hija y ésta nos dice que nos guiaría a una casa media abandonada en el campo. Ahí la encontré y me dijo que la iban a llevar a Brasil por Rivera a «trabajar» en una casa grande como ‘niñera'».
La entrevistada al recordar este episodio derrama lágrimas que define producto de la desesperación y el temor de que «me lleven a mi hija. Si esa noche no llegaba a la casa de campo quién sabe qué estaría denunciando en la actualidad».
La trama
En total fueron más de ocho meses en el transcurso de los cuales se generaron estos, y otros episosios que desembocaron en la denuncia penal presentada hace una semana. Lo que finalmente la motivó fue el relato de la jovencita que hoy tiene 17 años. Sus padres, a pesar del momento que enfrentan, se unieron para dialogar con su hija, que llorando reveló una serie de episodios.
Uno de ellos. Que las noches que se ausentaba de su hogar salía con los denunciados a departamentos vecinos y que en una oportunidad llegó a Montevideo.
En la capital, contó, HO y JE la llevaron a ella y a su cuñada de 19 años junto a dos hombres que se identificaron como oficiales de la Policía. La idea era usar a las jóvenes para denunciar a la familia de la más chica como «integrantes de una mafia» cuyo cabecilla era el dueño de un casino.
Según sostiene Avila, el hecho de que estas dos personas llegaran a vivir al lado de su casa no fue fortuito y lo relaciona con un juicio que su madre le ganó a un abogado local, quien mantiene una amplia deuda con la familia. Lo formulado en la denuncia fue ratificado por la nuera de Iliana Davila, que según sostuvo la entrevistada llegó a denunciar en el juzgado que los imputados dijeron en la reunión con los «policías» de Montevideo: «Con estas gurisas nos llenamos de plata».
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