De kiosquero a rapiñero
Sentado en un banco de la Seccional 3ª, AAMZ, de 39 años, se lamentaba con su cabeza sostenida por sus manos la suerte que le había tocado. Minutos antes un funcionario que revista en la Dirección de Investigaciones se interpuso casualmente en su camino cuando salía presuroso de un comercio al que acababa de asaltar. El policía relacionó la corrida del desconocido con los gritos lanzados por los propietarios del supermercado sito en Colonia y Yi.
Se preparó para interceptarlo, pero el sospechoso, en su afán por escapar, dio media vuelta y cambió el rumbo de fuga. Pero no era ese su día. Dos integrantes de la Policía Turística que patrullaban a pie la zona lograron capturarlo. Los hechos ocurrieron en jurisdicción de la mencionada comisaría, motivo por el cual luego de ser esposado fue llevado hasta la dependencia sita en la calle Paysandú 1230.
Allí el detenido fue reconocido por las víctimas de su último atraco, quienes habían seguido de cerca la captura del hombre que les había sustraído 1.940 pesos. Pero a partir de ese momento los funcionarios a cargo del comisario José Gonzálvez comenzaron a analizar los casos de atracos registrados en los últimos días en la jurisdicción, como así también con las comisarías vecinas. Y entonces surgió que había una seguidilla de ellos que presentaban patrones similares.
Siete al hilo
El rapiñero entraba a los comercios y asegurando poseer un arma escondida bajo sus ropas obligaba a entregar el dinero. Eran golpes rápidos de apenas segundos. A mediados de octubre comenzó el raid delictivo del kiosquero devenido en rapiñero. Un golpe cada dos o tres días era la frecuencia que le había imprimido a su tarea paralela.
Sus objetivos fueron desde un licorería hasta una peluquería, pasando por un supermercado, una mediería y un local de «todo por 20″. Esta fue la historia que pudieron reconstruir los uniformados. El acusado, que reconoció sus incursiones en el mundo del delito, explicó también que mientras no salía a robar se dedicaba atender su kiosco. Antes de ser llevado ante el juez , el autor de los atracos se lamentaba sobre la suerte que había corrido y llegó a decir a los funcionarios que la mala situación económica y los compromisos que tenía asumidos no le habían dejado otra escapatoria. Está casado y tiene hijos y las fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA señalaron que su apariencia no hacía pensar que se estaba ante un delincuente. Pasaba desapercibido entre la multitud. Esa era su táctica luego de cometer los asaltos. Corría hasta alejarse del lugar de los hechos, pero tras salir del supermercado le cambió la suerte.
En 1985, con 24 años, había pasado por una situación similiar; en aquel entonces fue procesado por rapiña y lesiones. A quince años se enfrentó nuevamente a un magistrado, en este caso del Juzgado Penal de 12º Turno, que lo procesó con prisión por siete delitos de rapiña, uno en grado de tentativa.
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