Fuga de un recluso cerró semana complicada en la cárcel de Florida
Según la versión oficial, el involucrado quiso escaparse del foco del conflicto, y no precisamente pretendía fugarse de la cárcel, ya que fue víctima de un ataque de pánico.
Se trata de un joven con problemas psiquiátricos que fue procesado a fines de octubre por circular en una motocicleta cuyo propietario denunció como robada, pese a que los familiares del recluido aseguran que fue víctima de «una mala jugada», pues al vehículo se lo habían prestado.
Amotinamiento
Dos días más tarde, en un hecho desconectado al anterior, un grupo de presos se amotinó. El episodio fue controlado por los efectivos y a posteriori obligó a las autoridades carcelarias a trasladar seis reclusos. Tres de ellos provenían del Comcar y el resto era oriundo de Florida. Los traslados se produjeron al propio Comcar, a la cárcel de Canelones y al Penal de Libertad, informó la Policía.
Los amotinados provenientes del Comcar, según aclaró el subjefe de Policía, Alberto Camacho, no integraron la última partida de reclusos de dicha cárcel que habían sido redistribuidos en el segundo semestre del presente año.
Según las fuentes policiales, todo se generó cuando un recluso golpeó a otro y, tras la intervención de los guardias, se decidió para él una sanción disciplinaria. «Al no estar dispuesto a acatarla y por ser un recluso con incidencia en otros presos», promovió el amotinamiento que en los hechos no duró más de dos horas, según la versión de las autoridades.
Los protagonistas del episodio rompieron algunas de las pesas de hormigón que tienen para hacer ejercicios, con el objetivo de hacerse de piedras. La acción inmediata del grupo GEO y la negociación realizada por la jefa Alida Silva y el subjefe Camacho, que asistieron rápidamente al foco del amotinamiento, permitieron terminar con el episodio sin que se registraran mayores daños ni se reportaran heridos.
Los reclusos aprovecharon para realizar algunos reclamos, entre ellos la creación de una murga.
Se fue, no se sabe cómo
El último episodio de la semana fue el sábado al mediodía, cuando al realizar los controles rutinarios los guardias notaron que faltaba el recluso Alvaro González, de 18 años. En el control anterior, realizado el viernes, González estaba en su lugar. Incluso en las últimas horas de la noche accedió a una medicación que tenía recetada, siendo el último momento en el cual fue visto.
A partir de confirmarse la fuga se coordinó el control de los puntos normales de salida del departamento, pero no fue posible ubicarlo. Paralelamente fue iniciada una investigación, a cargo de la jueza Julia Staricco, para saber cómo fue que se escapó y qué punto de la vigilancia falló, ya que el modo utilizado para salir es, junto a su paradero, un enigma.
Según dijo a LA REPUBLICA el subjefe de Policía de Florida, inspector Alberto Camacho, González se encontraba alojado en uno de los pabellones más seguros de la cárcel.
El recluso estaba desde fines de julio. Había sido atrapado mientras trepaba por los muros de una finca lindera a un local de telefonía móvil, confirmándose a posteriori que pretendía robar en el comercio. Atento a cual era el modus operandi de González para sus robos, una de las hipótesis que se maneja es que para escapar haya conseguido trepar uno de los muros de la cárcel, aunque se trata de algo demasiado complejo de conseguir.
Como la investigación que realiza la jueza Staricco se encuentra en etapa de presumario, la información sobre lo ocurrido, que de por sí es escasa, ha sido mantenida en total hermetismo por parte de las autoridades policiales.
Superpoblada
Actualmente la Cárcel Departamental de Florida tiene alojados 125 reclusos en sus dependencias, 20 de los cuales se encuentran en la chacra policial. Los restantes 105 permanecen en los pabellones ubicados en el edificio de la propia Jefatura, previstos para albergar a 60 personas. *
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