Rompió con los moldes que decían que las mujeres hacen trabajos menores en el mundo del narcotráfico

La reina destronada

En un mundo dominado tradicionalmente por hombres, Avila se convirtió en una pieza estratégica para unir a traficantes de drogas mexicanos con colombianos gracias a sus relaciones familiares, su habilidad para los negocios y su capacidad de seducción.

Avila, de 45 años de edad y apodada «La reina del Pacífico», fue capturada el viernes, cuando salía de un restaurante ubicado en el sur de esta capital. Horas más tarde corrió la misma suerte su pareja, el colombiano Juan Diego Espinosa, alias «El tigre» y catalogado como número dos del cártel colombiano del Valle del Norte.

Morena, de ojos oscuros y larga cabellera negra, Avila es descendiente de las familias Beltrán Félix y Beltrán Leyva.
Es sobrina del jefe mafioso Juan José Quintero, extraditado en enero a Estados Unidos, y de Miguel Félix Gallardo, preso desde 1989, y tía de los hermanos Arellano Félix, líderes del cártel de Tijuana, unas de las organizaciones criminales más poderosas de México.

Ambas familias han estado ligadas desde hace tres décadas al comercio ilegal de estupefacientes en el noroeste de México.

En 1986 Avila se casó con Luís Fuentes, ex comandante de la Policía Judicial Federal, y así conoció a su pistolero, Ignacio Coronel, hermano del capo del norteño estado de Durango, Magdaleno Coronel.

Al enviudar en 1987, empezó a trabajar con los hermanos Coronel, con quienes inició su especialización en el traslado ilícito de dinero hacia Estados Unidos y el lavado de recursos captados con el trasiego.

«Desde los años 90 esta mujer se encargaba de introducir en México la cocaína proveniente de Colombia, y es parte de una familia que por tres generaciones se ha dedicado al narcotráfico», dijo sobre ella Patricio Patiño, subsecretario de Estrategia e Inteligencia de la Secretaría de Seguridad Pública Federal.

 

Nació en cuna mafiosa

Luego de la muerte de Amado Carrillo en 1997, el llamado «Señor de los Cielos» y jefe del cártel de Juárez, Avila jugó un papel fundamental en la constitución de la llamada Federación, con sede en la noroccidental ciudad de Guadalajara. La Federación agrupó a los principales narcotraficantes del país como Joaquín «El Chapo» Guzmán, Ignacio Coronel, Arturo Beltrán, Juan José Esparragoza e Ismael «El mayo» Zambada.

«La Reina es una mujer seductora, que utilizaba sus atributos físicos como una llave para consumar negocios y conseguir aliados, incluso en la Policía. Es protagonista, violenta, manipuladora, dictatorial, con una vida social activa, amante de las fiestas, de las joyas y de los placeres», la describió el periodista especializado en narcotráfico Ricardo Ravelo al diario capitalino «La crónica».

Generalmente las mujeres son utilizadas para transportar droga o dinero y rara vez ocupan puestos de avanzada en las organizaciones criminales.

Además de Avila, otra excepción sería Enedina Arellano Félix, quien según las autoridades mexicanas tomó el control del cártel de Tijuana luego de la muerte de su hermano Ramón en 2002, el encarcelamiento de Benjamín ese mismo año y la aprehensión de Francisco Javier en 2006.

«Su carácter y frialdad la alejaron pronto de los trabajos menores, propios del sexo femenino en este ámbito. Logró filtrarse a los esquemas de dirección y luego se concentró en manejos financieros y lavado de dinero», recordó Ravelo sobre la reina del Pacífico.

«Durante los últimos años se abocó al préstamo financiero, la especulación y la compra-venta de autos y bienes inmuebles, sin trastornar su jerarquía de operación», apuntó.

 

Auge y decadencia

Pero la reina empezó a perder pie del pedestal en 2001, cuando las autoridades detuvieron al barco atunero «Macel» en Manzanillo, un puerto en la costa mexicana del océano Pacífico, con 9,5 toneladas de cocaína a bordo, valuada en 80 millones de dólares.

Luego, en julio de 2002, las autoridades le decomisaron a Avila, quien llegó a poseer cinco identidades diferentes, 234 inmuebles, automóviles, joyas y una empresa por un valor total de casi dos millones de dólares.

Avila, acusada en México de delitos contra la salud, delincuencia organizada y lavado de dinero, permanece encarcelada en una prisión capitalina a la espera de que un juez defina su situación jurídica y que se determine si Estados Unidos solicita su extradición.

Según la Fiscalía mexicana, la pareja Avila-Espinosa, cuyo hermano Mauricio fue apresado en 2002, es un eslabón fundamental en el tráfico de drogas en México, en la ruta marítima desde Colombia a Estados Unidos.

«El tigre», vinculado con el capo Diego Montoya, detenido en setiembre pasado en Colombia, es el máximo dirigente de la primera organización colombiana asentada exclusivamente en suelo mexicano.

 

Dos mil asesinatos en 2007

El cártel colombiano del Valle del Norte introdujo en Estados Unidos unas 500 toneladas de cocaína entre 1990 y 2004.
Desde que asumió la presidencia de México en diciembre, el conservador Felipe Calderón ha lanzado una fuerte campaña en contra de las organizaciones de narcotraficantes, cuyo puntal ha sido el Ejército, que ha traído consigo fuertes cuestionamientos por denuncias de violaciones a los derechos humanos.

Pero especialistas consideran que el éxito de esa lucha no puede medirse a partir de la captura de capos como Avila o Espinosa.

«¿Cómo va la guerra? ¿Vamos ganando o perdiendo? Al no sentirse el gobierno obligado a precisar los alcances ni los costos de su estrategia militar-policíaca, todo queda sometido a la interpretación. Porque, aunque estuviera ganando, no tiene cómo demostrarlo», destacó el columnista Ciro Gómez en el rotativo capitalino Milenio.

En lo que va del año más de dos mil personas han sido asesinadas en hechos relacionados con el crimen organizado, según informes periodísticos.

Los efectos de la violencia equivalen a 12% del producto interno bruto de México, según el Reporte Mundial sobre Asentamientos Humanos, dado a conocer por el Programa Hábitat de la Organización de las Naciones Unidas. *

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