Los presos fueron derivados a distintas comisarías del departamento, ya que la cárcel quedó destruida

El motín de Cerro Largo terminó con diez reclusos y tres policías heridos

El hecho se desencadenó, según pudo saber LA REPUBLICA, cuando uno de los reclusos, oriundo de Montevideo, agredió violentamente al director del Establecimiento, subcomisario Mario Silvera, luego de que éste le aplicara una sanción disciplinaria. El jerarca sufrió una herida de consideración en la cabeza que motivó su inmediato traslado a un centro asistencial local donde se le practicaron los estudios correspondientes, informándose en las últimas horas que se recuperaba favorablemente.

A partir de allí, la situación tomó ribetes de gran tensión y dramatismo, ya que una cantidad no determinada de reclusos, de una población carcelaria aproximada al centenar, se solidarizó con su compañero, originándose una rebelión consistente en quema de colchones, rotura de vidrios y otros elementos que se encontraban en el interior del celdario.

Viéndose desbordadas frente al cariz que tomaron los hechos, las autoridades carcelarias solicitaron inmediato apoyo de Bomberos y efectivos combinados de varias seccionales junto al Comando de la Jefatura, a cuyo frente se encontraba el subjefe de Policía de Cerro Largo, inspector mayor Gustavo Picasso. Simultáneamente arribaban autoridades judiciales encabezadas por el juez letrado, doctor Juvenal Javier, y el médico forense, doctor Juan Muñoz.

Durante una hora y media, columnas de humo, golpes y gritos de los reclusos eran elocuentes desde las afueras del establecimiento. El ulular de sirenas de ambulancias y vehículos policiales le daban mayor dramatismo a la situación, mientras, desde las afueras del establecimiento, la guardia carcelaria suprimió momentáneamente el servicio eléctrico a efectos de buscar alguna incidencia sicológica en los violentos reclusos que permitiera descomprimir la refriega.

Cerca de la hora 21.00, el inspector Picasso anunciaba que la situación estaba controlada, confirmando la gravedad del motín y sus consecuencias.

El jerarca admitió que la intervención de la fuerza de choque y la adopción de medidas de represión fueron imprescindibles para controlar a los exaltados internos.

LA REPUBLICA logró saber que hasta este momento una veintena de presos, algunos de ellos lesionados pero de escasa entidad, se encontraban distribuidos en celdas de seguridad de las comisarías ubicadas en la propia ciudad de Melo y sus aledaños.

Por su parte, unos tres efectivos policiales también sufrieron lesiones que ameritaron su curación en centros asistenciales locales.

Luego de las casi tres horas que duró el motín, sin precedentes en la cárcel departamental, se pudo apreciar que también se había solicitado el apoyo al Ejército Nacional, ante lo cual se dispuso que varios soldados con armas largas fueran apostados en el área perimetral del Centro de reclusión distante unos 8 kilómetros del Centro de la ciudad.

Cabe acotar que se aguarda conocer la magnitud de los destrozos provocados por los presos, teniendo en cuenta que según datos extraoficiales, los módulos A, B, C y D fueron seriamente dañados, quedando prácticamente inutilizados.

Finalmente se supo que el jefe de Policía, inspector Santiago Bitavares, en el momento de los hechos se encontraba en la ciudad de Montevideo, pero enterado de la situación viajó urgentemente a Melo a efectos de seguir de cerca la evolución de los acontecimientos. *

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