Primero el pingo, después la moto…

Colonia

Un joven carmelitano de 17 años consideró que ya estaba en edad de tener su propio medio de locomoción y empezó a barajar posibilidades para concretar su sueño.

Para el auto no le daba el bolsillo y ninguno de sus familiares o amigos estaría dispuesto a ayudarlo con las cuotas. Entonces, de «pasada» por las calles Leandro Gómez y Paraguay, tomó de la rienda un caballo con recado que descansaba a la sombra de un árbol y se perdió al trote en lontananza.

Al pasar varios días y no ser descubierto, se animó a dar otro paso más audaz y tras bajarse del caballo se apropió de un ciclomotor.

Rápidas pesquisas de los funcionarios policiales de la Seccional 3ª permitieron recuperar el birrodado en una casa deshabitada cercana al domicilio del muchacho, en tanto que los dueños del caballo ya lo habían recuperado.

Sólo faltaba dar con el paradero del recado, que apareció finalmente escondidos en unos pajonales de la costa.

Luego de una severa reprimenda del juez, el muchacho fue entregado a sus familiares, pero de a pie.

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