Lo llevaron a Argentina y en 1997 escapó de la cárcel para regresar a Uruguay

Por segunda vez Interpol extraditó a un homicida

La historia de Néstor Portagaray Torres, uruguayo de 25 años, empezó en una calle porteña allá por 1995, donde en medio de un «ajuste de cuentas» mató a un menor de 17 años que pretendía pasarlo en una «transa» con cocaína.

Tras el crimen, el homicida se escapó rápidamente hacia su patria y buscó refugio en la casita solariega de Progreso. Allí se escondió. Pero el largo brazo de la ley llegó hasta la casa en la que viven su madre y su hermana, donde fue detenido. Interpol de Buenos Aires lo había requerido a nivel internacional y en Progreso todos lo conocían. Porque Néstor no pasaba inadvertido.

Había cultivado un gran físico desde sus años jóvenes cuando empezó a practicar el deporte de los puños. Pero luego el camino del delito lo convirtió en «un pesado» como dicen en el ambiente.

Interpol lo detuvo en 1997 y fue extraditado por primera vez hacia la Argentina, donde empezó a cumplir su condena en la prisión de Devoto, convirtiéndose en un recluso de buena conducta. Tanto, que las autoridades le daban permiso para salir los fines de semana.

Un día Portagaray salió con permiso y no retornó más. El lunes siguiente dieron el alerta, pero para ese momento, ya estaba en este lado del río trepado a un camión, viajando por la ruta rumbo a Progreso.

Pero si él insistía, también Interpol demostró su terquedad y volvió a plantear la requisitoria internacional. Fue en el mes de marzo pasado que se emitió el nuevo pedido de captura a todo el mundo, pero con recomendación al Uruguay y muy especialmente a Progreso, donde viven su madre y su hermana.

Estuvo escondido, pero con el paso del tiempo pensó que ya no lo buscaban más. Entonces salió a pasear y pasó algunas veces frente a la comisaría de Progreso. Los policías lo vieron y recordaron su rostro y se dijeron: «¿Ese no es el boxiandanga que estaba preso en Buenos Aires por matar a uno?». Las fuentes policiales explicaron que la Seccional 19ª canaria consultó a Interpol en Montevideo y el jefe de la repartición les dijo: «Es él, está requerido, deténganlo inmediatamente».

Fueron diez policías a detenerlo por las dudas que se desacatara. Pero comprendió que el momento le había llegado y se entregó. Salió solo, caminó unos pasos y subió al vehículo policial.

Ayer, antes del mediodía, agentes de Interpol lo entregaron en Carrasco a sus colegas argentinos para llevarlo otra vez a Buenos Aires y cumplir con la orden de extradición a fin de que el homicida termine con su condena, hasta el año 2003. Era la segunda extradición en poco tiempo. Cuando el auto que lo traía desde la Cárcel de Canelones llegó al Aeropuerto de Carrasco, el homicida detenido advirtió la presencia del fotógrafo de LA REPUBLICA y se negó a bajar. Los funcionarios lograron que el fotógrafo se retirara fuera de escena y así Portagaray se tranquilizó. Al entrar al Aeropuerto llevado por varios policías, Portagaray volvió a experimentar un arranque de furia al ver de nuevo

al trabajador de LA REPUBLICA e intentó atacarlo con las piernas, porque sus manos estaban esposadas a la espalda: «Hijo de puta, andá a sacarle fotos a tu vieja…», expresó mientras los funcionarios debieron contenerlo para que no se consumara la agresión.

Luego explicó a sus custodias: «No quiero que la vieja vea mi foto en el diario…»

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