Entrevista con el doctor Alvaro Garcé, comisionado parlamentario para el sistema penitenciario

"En nuestro país existe un rechazo muy fuerte a la figura del preso"

Desde que existe la ley de humanización (setiembre de 1995) aproximadamente mil reclusos de nuestro país recuperaron la libertad, 800 por esta ley y 200 por modificaciones en los tipos legales. De ellos un 24% reincidió y volvió a las cárceles, cifra menor en comparación con la reincidencia general fuera del contexto de la ley, que ronda el 50%. «Esta ley fue creada para reducir el número de internos y estimular el trabajo y el estudio de los liberados para su rehabilitación.

El tipo de recluso que recupera la libertad gracias a esta ley es el que cumplió los dos tercios de la pena y el que no haya cometido delitos sexuales u homicidio especialmente o muy especialmente agravado.

Que el índice de reincidencia sea menor al porcentaje de reincidencia general, es fruto del trabajo que hasta el momento ha hecho el Patronato Nacional de Liberados y Encarcelados. A los egresados por esta ley se les impone la condición para mantener su libertad de presentarse en el Patronato. Si no se presentan, la Justicia puede revocar ese beneficio», afirmó el comisionado parlamentario.

Siguiendo con la temática, manifestó: «Se procuró a través de la redención de pena por trabajo y estudio, que los reclusos se vieran motivados a trabajar y/o estudiar.

Además se establecieron mecanismos que están todavía pendientes de aplicación para buscar un mejor acceso al mercado laboral. Por lo menos un 5% del total de operarios en las concesiones de obra pública deben ser liberados que estén registrados en la bolsa de trabajo del Patronato. A pesar de haberse reglamentado, hasta ahora no se ha aplicado efectivamente por el incumplimiento de ley, y solamente cuatro liberados ingresaron por este mecanismo en obras públicas», puntualizó el entrevistado.

 

Hacinamiento y superpoblación

Gracias a la ley de humanización el número de internos ha bajado considerablemente en varios establecimientos carcelarios. «En el Comcar, en la Cárcel de las Rosas y en la cárcel departamental de Rivera la cantidad no ha descendido. Eso se debe en parte a que son centros de reclusión donde se registra la mayor superpoblación y hacinamiento de todo el país. En estas cárceles no está equiparada la cantidad de plazas con el número de internos. Pero aun así, si no fuera por la ley de humanización el número de reclusos sería mayor», dijo el jerarca.

Según datos aportados por Garcé, en nuestro país existe un total de 7.200 reclusos que se encuentran alojados en 27 establecimientos carcelarios: seis centros penitenciarios que pertenecen a la Dirección Nacional de Cárceles, 20 cárceles departamentales y el Centro Nacional de Rehabilitación de Colón. Los establecimientos penitenciarios son: el Comcar, el Penal de Libertad, la Cárcel de Mujeres, La Tablada, el Centro de Recuperación Carcelario Nº 1 (Tacoma) y el Centro de Recuperación Carcelario Nº 2, (Granja de San José). Existen también, en los 19 departamentos, 20 cárceles departamentales, con la salvedad de que en Tacuarembó además de la cárcel departamental de la propia ciudad de Tacuarembó está el centro de reclusión de Paso de los Toros. La cárcel mas poblada es el Comcar (3.100); le siguen en cantidad la cárcel departamental de Canelones (750) y el penal de Libertad del departamento de San José (600). Para Garcé, tanto el Centro Nacional de Rehabilitación (CNR) como las cárceles granjas, ubicadas en los 19 departamentos, son los que mejor funcionan en nuestro sistema penitenciario. «La opinión publica confunde muy a menudo la cantidad de presos con el hacinamiento y la superpoblación.

La superpoblación es el exceso de plazas (el dato numérico) y el hacinamiento es la consecuencia de la superpoblación. En todas las cárceles no existe hacinamiento y superpoblación. Existe en aquellas en donde el número de reclusos supera la capacidad de alojamiento que tenga el recinto.

Por ejemplo, el Comcar tiene 3.100 internos y tiene hacinamiento, ya que está previsto sólo para 1.200 reclusos. Otra cárcel que tiene superpoblación y hacinamiento es la Cárcel de las Rosas de Maldonado, con 410 presos en un recinto para 180.

En cambio la cárcel de Canelones, a pesar de ser la segunda más poblada, no tiene hacinamiento ni superpoblación ya que tiene el número de lugares acorde con la capacidad del recinto», indicó el defensor de los presos.

 

Rehabilitación y reinserción

El comisionado parlamentario fue categórico acerca de la rehabilitación en nuestros centros carcelarios. «Lograr la rehabilitación no es nada fácil. En algunos establecimientos si es posible, y en otros no están dadas las condiciones.

Es posible en los que haya posibilidades de recreación y condiciones reales de trabajo y/o educación. Sin educación y trabajo es una utopía hablar de rehabilitación. También es fundamental el trabajo técnico de los psicólogos y de los asistentes sociales. Durante mucho tiempo en nuestro país los reclusos salían y tenían un buen nivel de reinserción.

En 1963 Uruguay tenía un total de 1.600 reclusos y hoy tiene 7.200. Esta cantidad dificulta aún más la tarea, además de que el perfil de la sociedad y el de los reclusos han cambiado sustancialmente», remarcó el especialista.

Siguiendo con el tema, agregó: «La reincidencia se da por la falta de oportunidades de trabajo y por la falta de capacitación.

Muchas veces el liberado vuelve a delinquir porque no tiene el nivel de capacitación para desempeñarse en cualquier tipo de trabajo, y a veces porque también algunos no tienen hábitos de trabajo. Para generar la capacitación y la adquisición de hábitos es fundamental la capacitación dentro de los centros penitenciarios.

De lo contrario es muy difícil que el liberado pueda desempeñarse en forma lícita, sin cometer ningún delito. La rehabilitación del recluso no sólo depende de los centros carcelarios, es un problema que le compete y en el que debe estar involucrada toda la sociedad».

En lo que respecta a la imagen que la gente tiene de los reclusos, el jerarca señaló: «En nuestro país, como en todas las sociedades del mundo, existe un rechazo muy fuerte contra la figura del preso. La realidad demuestra que cuando un recluso recupera su libertad no está en las mismas condiciones que el resto de las personas para obtener un trabajo. Es por eso que mucha gente no le daría trabajo a un liberado, porque además de desconfianza existe un nivel importante de rechazo. Hay cuestiones emocionales en el tema.

Creo que el que comete un delito, que está causando un daño, recibe además del reproche jurídico a través de una pena, el reproche moral de la sociedad que lo condena. Para revertir esa mala imagen se necesita no sólo de una mayor comprensión de la sociedad, sino también de una clara señal de parte de los reclusos, en el sentido de querer hacer las cosas bien y de querer trabajar y estudiar. Cuando los reclusos trabajan y estudian están en mejores condiciones de ofrecerle algo a la sociedad y poder desenvolverse honestamente en la vida y reinsertarse en la sociedad», finalizó diciendo el entrevistado. *

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