Recluso denuncia tratos inhumanos
Correa, que a la infección por VIH suma además, un cálculo a la vejiga, otro a la vesícula, hongos en el paladar y lengua, hemorroides sangrantes, toxoplasmosis, úlcera gástrica, estados febriles, vómitos y una pierna quebrada, dijo que el pasado sábado cuanto requirió asistencia médica, el médico »sin siquiera examinarme» adujo un cuadro de simulación. Por ello, y por una guardia penal «encolerizada» fue víctima de «piñazos, palazos y culatazos».
«Que la sociedad uruguaya sepa de la angustiante situación de abandono» que sufren los enfermos de sida y pidió «por quienes vamos a una muerte segura» y en nombre «del sagrado derecho a la vida, que no se nos desampare».
Osvaldo Correa está recluido desde hace seis años, habiendo estado internado en un primer momento en el Compen (ex Comcar) fue luego trasladado al Penal de Libertad.
Este recluso, tiempo atrás, realizó varias denuncias contra guardias penitenciarios, los que fueron finalmente remitidos.
«Lo extraño del hecho es que ahora está recluido juntos a quienes mandó a prisión», dijo una fuente a LA REPUBLICA.
A raíz de los últimos sucesos vividos, los familiares, a través de su abogado, estudian presentar una denuncia a los organismos defensores de derechos humanos.
Un espectáculo dantesco
Osvaldo Correa expresó a LA REPUBLICA : «Lo que quiero es dar a conocer a la sociedad uruguaya, la angustiante situación de abandono y los castigos físicos de los que soy objeto por parte del personal policial en respuesta a mis reiterados reclamos para recibir asistencia médica, dada mi condición de enfermo portador del virus VIH-sida».
Por ello, «recurro a fin de despertar el interés de alguna autoridad u organismo competente, y que de no interceder quienes tienen la noble responsabilidad de velar por mis derechos, mi caso no avizora ni da signos de mejoramiento positivo alguno», explicó. Para Correa existe en el Penal de Libertad «un despropósito reinante que representa un eslabón más de la interminable cadena de consecuencias que debemos padecer quienes de manera coordinada somos conducidos hacia el agravamiento a paso terminal de esta enfermedad, que toma inicio en la total falta de atención médica y en el perverso comportamiento que guardan los funcionarios penitenciarios para con quienes, irremediablemente, vamos hacia una muerte segura».
El recluso contó que en los denominados módulos de acero, «existe un carrito, similar al que venden chorizos en la vía pública, que a modo de policlínica permanece estacionado en la puerta de la guardia, distante a 70 metros de los módulos, donde para llegar a obtener la atención médica, resulta dable observar a compañeros autoflagelarse, provocándose cortes en los brazos y piernas, e incluso se han dado casos, existen sobrados datos en la sede judicial de San José, de amputaciones de algunos dedos de las manos, a los efectos de que se les garantice la asistencia médica que, en un principio le fue negada, y que deja entrever que la actitud asumida por los uniformados representa, ni más ni menos, que una aberrante flagelación a los derechos de la persona. Sólo quien percibe a diario el dantesco espectáculo que refleja el deplorable cuadro de las personas que padecen VIH puede entender que el personal penitenciario se extralimita en el ejercicio de sus funciones». Correa enfatizó que «parece mentira que, pasado hoy años de democracia, sigan existiendo en este país técnicas que degradan al detenido e incluso al propio personal penitenciario».
Múltiples enfermedades
Correa dijo que a su infección por el VIH, hay que sumarle varias patologías. «Esto es fácilmente corroborable en mi historia clínica Nº 02/417, escrita por el doctor Alejandro Estévez, médico del Compen y especialista en caso de VIH. El, junto a la coordinadora ejecutiva señora sargento Silvia Molina, han sido desde siempre, las únicas personas capaces de garantizar una mejor calidad de vida y la debida atención médica, que por otra parte, se ve reducida ante la omnipotencia del sistema carcelario», subrayó.
Apaleado por solicitar médico
Osvaldo Correa contó a LA REPUBLICA que cuando solicitó ser atendido por el médico de guardia obtuvo «siempre la negativa, situación que se prolongó por espacio de 15 días». «El sábado 20 reiteré el pedido de ser atendido acompañado de un golpeteo generalizado de puertas, lo que obligó a que los guardias me retiraran de la celda esposado y posteriormente me llevaron de los pelos y bajo insulto a presencia del médico, donde éste, sin siquiera examinarme, manifestó a los policías de custodia que el caso no pasaba de ser un cuadro de simulación, lo que al parecer encolerizó a los guardias que amparados en el recurso de la impunidad que otorga el uniforme en el Penal de Libertad, comenzaron un tratamiento doctrinario compuesto de patadas, piñazos, palazos y culatazos de escopeta del que aún hoy guardo visible secuelas (contusiones y hematomas) en diferentes parte del cuerpo, sin que de ello existan motivos aparentes que justifiquen tamaña agresividad, salvo el haber solicitado asistencia médica».
El denunciante dijo que ha intentado recurrir al director del establecimiento, inspector Julio Artigas, como así también al señor juez que entiende en su causa, a fin de que el citado jerarca y el magistrado en cuestión, «tomen conocimiento de esta situación para que esta muestra de abusos y mal uso del poder no vuelva a repetirse».
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