Presos uruguayos buscan unificarse y formar parte del Primer Comando de la Capital
Las cosas en las cárceles han cambiado. Hasta hace algunos años, cuando los presos sentían la presión de los jerarcas policiales y la dejadez de las autoridades penitenciarias decidían protestar quemando colchones o golpeando con saña las rejas de las celdas. Hoy, mucho más organizados, forman grupos en los distintos pabellones para controlar todo el establecimiento carcelario. El dinero para financiar coimas o un buen pasar lo consiguen a base de extorsiones y amenazas a adinerados traficantes de drogas y ladrones de guante blanco que, vaya a saber uno por qué, terminan compartiendo celda con ellos.
La manera de operar es sencilla y feroz. Si no pagan la suma de dinero solicitada, se cargan con la vida de uno y, en caso de rebelarse o hacerles frente, juran matar a un miembro de la familia.
Los traficantes o ladrones de guante blanco que no están acostumbrados a la violencia pagan sin oponer resistencia, temiendo lo peor.
Mientras tanto, los flamantes «capos» de las cárceles se hacen fuertes gracias a la incorporación de nuevos presos a sus filas. Muchos entran al grupo entusiasmados por el poder, otros entran simplemente por temor a represalias. La ley dentro de la cárcel es sencilla: «O están conmigo, o están contra mí».
LA REPUBLICA mantuvo contacto con algunos reclusos en los pabellones D y F del Penal de Libertad. En todos los casos, los presos sabían sobre la formación de este nuevo grupo aún sin nombre, al que, por ahora y de forma provisoria, se lo conoce como la banda del Beto.
Los reclusos más pesados forman parte de la gavilla que aparentemente es liderada por Luis Alberto Suárez Correa, alias «El Betito», un conocido delincuente que hace exactamente un año fue detenido luego de haberse mantenido prófugo de la justicia durante varios meses.
El Betito fue detenido cuando estaba junto a tres secuaces que murieron. Salvó su vida de milagro al chocar el auto en el que viajaba rumbo a Montevideo con otro vehículo de un productor que también falleció. El accidente ocurrió en el kilómetro 18 de la ruta 48, en la ciudad de Las Piedras. Antes del accidente, la Policía de Montevideo había montado un sensacional operativo compuesto por más de 50 policías porque se sabía que la banda del Beto venía a la capital a cometer un asalto en un establecimiento «entregado» por un empleado.
Desde entonces, el recluso se fue aliando a pequeños grupos ya formados en la cárcel y logró concentrar a un verdadero ejército de presos que hoy están más unidos que nunca y dispuestos a dar batalla para conseguir sus objetivos.
Las autoridades carcelarias no tienen más opción que estar atentos a los acontecimientos y esperar a que todo se solucione por una vía pacífica. Los reclusos que dialogaron con LA REPUBLICA fueron contundentes a la hora de afirmar: «Este grupo es producto de la mala administración de Enrique Navas (ex director de Cárceles), que dejó que presos pesados convivieran con otros mucho más débiles e inexpertos». En cuanto a la nueva administración, dijeron: «Todavía no hicieron nada. Esperamos cambios y no respondieron. Seguimos en la misma, parecen tener la misma política que sus antecesores».
La célula del PCC
Mientras los reclusos que no quieren formar parte del nuevo grupo y las autoridades carcelarias piensan una solución, los mandos altos de la banda del Beto, entre ellos Piriz Brum, Peña Otero (El Rambo) y El Carliño, intentan comunicarse con las autoridades del Primer Comando de la Capital (PCC), un grupo de cuna carcelaria que fue creciendo a fuerza de presión en San Pablo y que hoy cuenta con un impresionante ejército de hombres dentro y fuera de los establecimientos penitenciarios.
La intención del Beto y sus secuaces sería formar parte del PCC y operar en Uruguay de forma similar a la que ellos operan en Brasil.
Según las autoridades norteñas, el PCC ya tendría ramificaciones en Paraguay e incluso en Argentina, no descartándose su futuro en Uruguay, ya que es nuestro país uno de los puntos de referencia a la hora de conseguir armas de fuego ilegales.
Los propios jerarcas brasileños llegaron a afirmar tiempo atrás que el PCC era constantemente nutrido por armas que ingresaban desde nuestro país.
Si el Beto llegara a conseguir el visto bueno del Primer Comando de la Capital, la situación se podría complicar al extremo, no sólo dentro de las cárceles sino en las calles, donde todos pasaríamos a ser blancos de los feroces delincuentes. *
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