Rivera-Tacuarembó, diario de viaje de un involuntario cómplice de contrabandistas
A la hora de transportar la mercadería hay turnos que son los preferidos de los contrabandistas. El hecho, del que fue protagonista directo LA REPUBLICA, ocurrió en la unidad 292 de una conocida empresa de transporte interdepartamental.
El ómnibus salió de Rivera a las 19.00 horas y tenía como destino el departamento de Montevideo.
Las «paradas» siempre son las mismas y el embarque de mercadería se realiza normalmente sobre la avenida Presidente Viera, aunque algunas veces utilizan la avenida Manuel Oribe (ruta de salida del departamento, donde normalmente suben en grupos de cinco a seis personas entre hombres y mujeres).
Las personas que ascienden primero colocan el grueso del contrabando en las bodegas del ómnibus y luego suben a la unidad cargando bolsas, bolsos y demás, los que son distribuidos debajo de distintos asientos, ante la mirada de la mayoría de los pasajeros que se transforman en cómplices involuntarios.
Un viaje nada placentero
Con el ómnibus rebosante de mercadería comienza el viaje. La primera parada, a eso de las 19:20, es en la Aduana de Curticeiras, donde transcurren largos minutos entre el rumor de los pasajeros y las miradas cómplices de los «bagayeros». Por supuesto que ninguno se bajó de la unidad, ni siquiera un hombre de short azul y remera blanca, quien parecía ser la voz cantante del organizado grupo.
En medio de la sorpresa de la mayoría de los viajeros y la sonrisa serena de los contrabandistas, se cierran las bodegas del ómnibus sin que las autoridades procedan a requisar la mercadería en infracción. El próximo destino es el control policial de Manuel Díaz, adonde se arribó sobre las 20:10. Allí, uno de los efectivos subió a controlar la unidad, revisando solamente los portaequipajes que existen sobre los asientos y no debajo de los mismos, con la clara intención de «no encontrar nada sospechoso». El viaje se reanudó, pero con un hecho extraño: los dos policías a cargo del puesto de control permanecieron en la cabina que ocupa el chofer por algo más de 200 metros de recorrido, luego se bajaron y volvieron caminando entre risas y «cuchicheos». ¿El motivo? Se desconoce.
El destino final
La terminal de Tacuarembó, a la que se arribó a las 20:50, aparece como el destino final del viaje de los «bagayeros», quienes fueron ayudados por dos personas a descargar la mercadería para trasladarla a un vehículo que se encontraba en las cercanías.
El total de bultos bajados del ómnibus suman casi 40, entre los que se encontraban en la bodega y los que se escondieron a bordo de la misma.
A lo lejos se pueden divisar, entre otras cosas, latas de aceite, saladitos, bebidas dulces y whisky de dudosa procedencia, y a la hora de que la unidad retome su ruta, se puede advertir un detalle: el hombre de short azul y remera blanca que aparecía a cargo del grupo sube nuevamente a la misma para descender luego en la parada conocida como «Estación América» con varios bultos más.
Hasta ese momento, a las 22:15, habían transcurrido 2 horas y 15 minutos, tiempo empleado para recorrer los 112 kilómetros que separan a Rivera de Tacuarembó. El arribo a Montevideo fue a la 1:45. *
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