El asesino que quiso pasar por loco para evitar la cárcel
Luis Núñez – Durazno
Tal como lo informara LA REPUBLICA el parricidio se produjo en la noche del viernes 21 de julio pasado, en un establecimiento rural del paraje Puntas de Caballero, en la 2ª Sección del departamento de Durazno, luego de una discusión entre el homicida y las víctimas. Los motivos –según sus declaraciones a la Justicia– responderían a un acentuado deterioro en las relaciones de familia.
La junta médica solicitada por la Justicia letrada departamental de Durazno para evaluar la condición psiquiátrica de GDAB, considerado en primera instancia «autor inimputable de tres delitos de homicidio, especial y muy especialmente agravados, uno de ellos en grado de tentativa», estableció que el acto criminal fue cometido a conciencia por lo que el individuo pasó a ser responsable absoluto de los cargos que sobre él pesaban.
Esta situación revirtió los autos de procesamiento del asesino quien ahora fue alojado en el Centro de Reclusión Departamental, descartándose su internación en un psiquiátrico.
El preámbulo
Como se informara oportunamente, previo al crimen la relación entre GDAB, de 21 años, sus padres (mayores de edad) y un hermano, de 37 años, atravesaba por una aguda crisis desde hacía algún tiempo. Las reiteradas acusaciones de hurto de dinero a sus padres y al hermano en la misma estancia –incluso con denuncias policiales–, fueron una de las puntas de la oscura madeja.
Otra fue la oposición de sus progenitores a una relación sentimental con una prostituta con quien él pretendía convivir bajo el mismo techo. El muchacho se desempeñaba como peón, y su padre era el capataz. Sin embargo, el dueño de casa, su patrón, lo consideraba como un hijo. Tal es así que «le había mostrado el mundo», llevándolo de paseo por varios países de América y Europa.
Pero su vida cambió cuando comenzó a frecuentar el ambiente, donde conoció a una hermosa meretriz de 20 años, que le hizo perder la cabeza, al punto de proponerle casamiento. Para ello creó un mundo de lujos y mentira, haciéndole valiosos regalos. Para convencerla de sus intenciones se hizo pasar por un poderoso hacendado, dueño de varias propiedades en el departamento y otros puntos del país, incluyendo un lujoso chalé en el centro de Durazno y una moderna 4×4.
Estas últimas eran propiedad de su patrón, quien le tenía tanta confianza que le prestaba las llaves de ambas. Hasta se impostó un nombre acorde al estatus social que pretendía: Gerardo Fischer. Todo iba viento en popa hasta que los faltantes de dinero en la familia, y sus continuas salidas a la ciudad en días de trabajo determinaron las sospechas de sus padres, trabajadores de toda la vida. Y con ello vinieron las restricciones en las salidas al pueblo, al menos en la camioneta de la estancia, y los días de semana.
Los 25 y agrestes kilómetros que separaban la estancia de la ruta 5 eran demasiados para ir a pie, por lo que comenzó a perder el vínculo que tan estrechamente lo ataba a la ciudad. Y un fin de semana de juerga, en el que viajó a Trinidad, Flores, a ver a la chica, dejó abandonada la camioneta del patrón que había sacado del chalé de la ciudad. Al no poder viajar a retirarla, la misma estuvo varios días estacionada en Flores. Tanto fue así que su novia y sus amigos comenzaron a preocuparse, dado el alto valor de la unidad y el riesgo de que alguien la robara o la dañara.
Los infructuosos intentos por ubicarlo para devolvérsela, con teléfonos no coincidentes y direcciones erróneas por él aportadas, despertaron las sospechas sobre su verdadera identidad y condición social.
El desenlace
Y así, horas antes del doble crimen, una llamada telefónica de sus amigos a la estancia echaron por tierra parte de sus mentiras. Sus amistades sabían quién era y dónde vivía. Y para colmo estaban dispuestos a llevarle la camioneta hasta la estancia misma esa noche de viernes. Todo estaba a punto de descubrirse. Su castillo de mentiras se desplomaba. Y si la camioneta llegaba a la estancia, también sus padres y hermano sabrían la verdad.
Pero le quedaba una oportunidad para mantener su teoría de «hacendado rico»: interceptar la camioneta y volver con sus amigos a la ciudad. Pero su padre se negó a trasladarlo y mucho menos prestarle la otra camioneta, la de la estancia. Entonces, al ver que sus posibilidades de mantener la mentira se disipaban, y que las horas corrían en su contra tomó la terrible decisión: matar a sus padres y su hermano.
Una última discusión selló el destino de los involucrados. Se encerró en su pieza, cargó un rifle semiautomático calibre 22, y esperó. Cuando a la distancia vio venir la camioneta, conducida por sus amigos, y a su padre y hermano salir a recibirla pensando que era el patrón, no titubeó. Su puntería resultó infalible. Su padre y su madre murieron en el lugar. Su hermano, aunque herido en el pecho, logró llegar a la pieza de un peón, alertarlo y emprender con él una desesperada huida a pie, a campo traviesa.
El punto final
GDAB no tuvo tiempo para ir en busca de su hermano y el peón para ajustar cuentas, porque en ese momento la camioneta estaba llegando a la estancia.
Así que ingresó a su habitación, extrajo dinero de su hermano, recargó el arma, y salió a recibir a su novia y amigos como el auténtico dueño de casa.
Nadie sospechó nada. Además les dijo que «todos estaban durmiendo», y que andaba armado porque había espantado unos zorros que tenían locas a las gallinas. Subió junto a su novia y tras cargar el rifle en la caja se marcharon hacia Durazno donde sus amigos descendieron y tomaron otro rodado. El y su novia se marcharon a Trinidad. Pero el final de tan macabra historia se avecinaba.
Mientras sacaba conclusiones de si viajar a Rivera o al este, de paseo, su hermano herido y el peón, tras una verdadera odisea, llegaron esa madrugada a Carlos Reyles, a 23 kilómetros del lugar donde denunciaron el hecho en la Seccional 3ª.
Minutos después, un vasto operativo policial coordinado entre las jefaturas de Policía de Durazno y Flores lo detuvo en Trinidad. No ofreció resistencia, y camino a la Justicia GDAB sólo dijo «¿Quién sabe qué dirá mi patrón de todo esto?».
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