Dramático relato de un hombre sin esperanzas

Fue baleado por su cuñado y corre riesgo de quedar inválido

Ruben Eduardo Pereira, quien hoy debe estar medicado permanentemente ya que tiene la bala alojada en su cuerpo previamente había denunciado en la seccional 17ª que el agresor lo había amenazado de muerte en más de una oportunidad, aunque siempre obtuvo como respuesta: «Hasta que no haya sangre no podemos hacer nada».

La historia de Ruben Eduardo Pereira data de varios años atrás, período en el cual había mantenido ciertas desavenencias con su vecino, su propio cuñado de 57 años, según explicó.

Pereira sostiene que las discusiones con el esposo de su hermana eran permanentes, a tal punto que en dos oportunidades anteriores, por discusiones del momento, su cuñado había empuñado un arma amenazándolo de muerte. Pereira radicó las denuncias en la Seccional 17ª: «Me dijeron que hasta que no hubiera sangre no podían hacer nada», señala el denunciante.

Pero el 23 de diciembre pasado se desencadenó el drama para la familia de Pereira, quien cuenta que ese día había un muchacho cortando el pasto en el predio. «Le sugiero al muchacho que yo continuaría con la tarea en una parte que me correspondía pero mi cuñado se metió en medio de la discusión y me tiró un puñetazo. Retrocedió unos pasos, dejó en el suelo un bolsa que llevaba en la mano y de sus ropas extrajo un revólver, con el que me disparó. La bala se perdió contra un portón en el que se encontraban su señora y su nieto. Cuando me volvió a apuntar, me arrojé a un costado protegiendo a mi hijo de cuatro años, pero en ese momento intenté atraparle la mano en la que llevaba el arma. Comenzamos a forcejear durante unos cuantos metros hasta que tropecé y caí, momento que él aprovechó para efectuar otro disparo, que hizo blanco en mi costado derecho. Yo atiné a tomar una piedra pero no tuve fuerzas. Sí pude ver, sin embargo, que el jardinero le sacaba el arma de las manos y mi cuñado comenzaba a correr. Después me llevaron a la policlínica de Piedras Blancas y posteriormente me internaron en el Hospital Pasteur para intervenirme quirúrgicamente, aunque no pudieron extraer la bala así como tampoco las esquirlas del proyectil».

Preguntas sin respuesta

Hasta aquí el hecho de sangre. Pero a partir de ahí comenzó otra historia, calificada por Pereira como cargada de irregularidades. «Surgen una infinidad de preguntas –dice Pereira– que lamentablemente hasta ahora no he podido solucionar pese a que he recorrido dependencias policiales y he contado con el asesoramiento de un abogado».

La primera contradicción –señaló– es que el arma que se declara en el parte de novedades de la 17ª, 990714 con fecha 23 del 12 del 99 era un 22 largo marca Galand Nº U4239. Sin embargo, el parte remitido al juez de 3º Turno dice que el arma es un 22 largo, Nº 7044939. Además en un expediente aparece el agresor con antecedentes por hurtos y rapiñas en el año 1975 (prontuario Nº 257.540), mientras que en el parte al juez va como «carente de antecedentes penales». Pereira señala que posteriormente en la propia dependencia policial encuentra casualmente un parte que lo señala a él mismo como poseedor de los antecedentes de su cuñado. «Es una locura, porque una vez conocido este hecho concurro a las seccional para ‘lavar’ mi nombre pero me dicen que debo esperar a ser citado por el juez». A todo esto, el cuñado fue procesado sin prisión y el mismo día de la agresión se mudó de domicilio, por lo que no se sabe qué ha pasado posteriormente.

Pereira fue citado el 6 de abril al juzgado y luego el 9 de junio: «Declaré tal cual habían pasado los hechos».

La reparación

Pero la historia de Pereira recrudeció con el tiempo, porque la bala aún se mantiene alojada en su cuerpo. «Los doctores me dijeron que una operación no aseguraba mi recuperación y que cabía la posibilidad de quedar en una silla de ruedas. Hoy debo tomar calmantes permanentes porque siento dolor, puesto que según los doctores la bala dejó esquirlas».

«Pero lo más grave de todo esto es que me catalogaron como imposibilitado para realizar cualquier tipo de tarea, y la pensión que gestioné en el BPS me la negaron porque dicen que para ser imposibilitado debía perder medio pulmón. Pero tengo una familia atrás por la que responder y lo que pretendo es que se haga justicia, que se repare esta situación y que mi nombre aparezca limpio, porque no tengo antecedentes», reclamó.

Finalmente Pereira muestra una larga lista de firmas de vecinos que avalan su calidad de «buena gente» apoyándolo en cualquier diligencia legal que inicie así como también señalan a su agresor como una persona que «no ha demostrado ganarse la simpatía en el barrio».

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