Terror en Las Piedras: "O los contratamos o nos roban"

Denuncian que ex policía lidera banda de "vigilantes mafiosos"

Ante esa situación, solicitarán que el ministro del Interior, Guillermo Stirling, visite la zona.

Este individuo, cuyos datos filiatorios obran en poder de LA REPUBLICA, mantiene aterrorizados a los vecinos del populoso barrio Obelisco. Por ese motivo, una veintena de personas que pertenecen a la comisión barrial brindaron a este matutino sus testimonios acerca de la difícil vida diaria en esa zona pedrense, bajo los dominios de la Seccional 21ª de Policía.

El carnicero Raúl Rivero indicó que el ex policía «cobra 18 pesos por semana para cuidar las casas» mientras que en el lindero barrio Santa Isabel la suma asciende a 30 pesos. «A mí ya van cuatro veces que me roban», explicó, destacando que el «vigilante» nocturno «tiene un pitito con el cual le avisa a los ladrones que está la cuadra tranquila para que ellos puedan robar sin problemas».

«Fue policía de la Seccional 21ª, le dieron de baja por ladrón y desde hace dos años vive en el barrio Obelisco», dijo Rivero, mientras que Verónica Grazuiso, propietaria de una zapatería ubicada en la zona, apuntó que «antiguamente había un equipo de personas que trabajaban como vigilantes entre las cuales estaba este ex policía, que después quedó solo».

Notoriamente ofuscado, el carnicero aseguró que «le roba a alguien y al otro día le dice que si le da plata consigue recuperar lo hurtado». «Nos roba y encima nos soborna», subrayó. De acuerdo a los datos proporcionados por los vecinos, habitualmente los hurtos se producen entre las 2 y 30 y las 4 de la madrugada, ya que a esas horas no circulan ómnibus por el barrio.

Al citar uno de los tantos robos que tienen lugar en el barrio, Rivero recordó que «a un vecino al que le hurtaron su moto le dijo que si le daba mil pesos se la traía, pues sabía dónde estaba». «Una vecina dice que le paga porque le tiene miedo», señaló y relató luego una experiencia personal: «Un día llegué a las cuatro de la mañana a mi casa y me dijo que le avisara porque se le podía escapar un tiro». En ese sentido, advirtió que «no está autorizado a portar armas y tiene varias entradas en la comisaría».

Con las manos en la masa

Hace tres meses Grazuiso decidió no pagar más el servicio de vigilancia que brinda el ex policía, quien durante un tiempo fue su vecino: «Tuve un local al lado de casa, pero me fui porque había una mafia que se metía con las mujeres y no entraba nadie al negocio. Además, tenía que venderle la mercadería más barata para tenerlo de amigo y encima le pagaba para que no me robara», expresó.

Este tipo de mafia organizada no es nuevo. El pasado domingo de noche, alguien ingresó a su zapatería y perpetró un hurto. «El robo fue descubierto a la madrugada y él no apareció», declaró, y resaltó que «a una mesa que tenía al costado de su casa le faltaba una pata: se trataba del hierro con el cual habían forzado mi puerta». Tras el hurto «vino al negocio para decirme que conocía a unos «pichis» del barrio Santa Isabel quienes podrían ser quienes me habían robado. Entonces vio el hierro arriba de una mesa y lo intentó agarrar. Fue hasta su casa y la policía lo encontró mientras escondía la mesa».

Indicó que los efectivos de la comisaría hallaron parte de la mercadería hurtada en la zapatería y otros objetos «en la vivienda de la novia de su hijo». «Había tres detenidos, pero el ex policía zafó porque aseguró que no sabía nada. La jueza lo dejó libre y no terminó de tomarle declaraciones a las 12 personas que estábamos en el Juzgado», destacó.

Grazuiso comentó que ese día fue a su casa «y le dijo a mi padre que estaba libre y que quería hablar conmigo, pretendiendo marcar su terreno. Entonces volví a la policía y lo denuncié por amenazas, mientras que en el Juzgado me atendió un empleado que, con prepotencia, me dijo que nadie había prometido que ese hombre marcharía preso».

Preocupada, manifestó que su abuela de 93 años vive sola frente a la casa del denunciado.

La comerciante sostuvo que el sereno «dirige a un montón de ladrones» y Longino Rosa –una de las últimas víctimas de los cacos del Obelisco– afirmó que «se trata de una banda».

Esta situación comparada por los vecinos con las que se vieron en viejas películas de la mafia de Chicago, determinó que resolvieran solicitar una reunión con el ministro Stirling.

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