¿Dónde está la pelotita?; volvieron los "mosqueteros" y la Policía se prepara
A causa de la impresionante cantidad de estafadores que colmaban las esquinas montevideanas con la clásica mesita y los tres vasitos metálicos, fue que mediados del año 2000 se agregó al Código Penal el artículo 348 bis, en el cual se estipulaba que aquel «que en lugares públicos o expuestos al público, incite, invite a participar o participe en el llamado juego de la mosqueta o similares, mediante apuestas, ya sea como habilidoso, jugador simulado o simple incitador, será castigado con la pena de seis meses de prisión a cuatro años de penitenciaría», agregando que «entiéndese por juego de la mosqueta o similar a efectos de la presente ley, la actividad desplegada por una persona, llamada a efectos de la presente ley, el habilidoso, que por medio de movimientos rápidos y continuos y otros, consecuencia de su habilidad manual, desafía al resto de los jugadores o espectadores a acertar en qué lugar se encuentra el o los objetos por él manipulados».
En aquel entonces fueron decenas los «mosqueteros» procesados por estafar a personas que creían poder ganar adivinando bajo qué vaso estaba la pelotita.
Aunque el «juego» tiene su origen en Grecia, se hizo famoso en las calles de Río de Janeiro, donde los cariocas ofrecían a los turistas la posibilidad de duplicar la apuesta si acertaban dónde estaba la bolita de polifón. Lo cierto es que el pequeño objeto nunca estaba bajo los vasos, ya que los hábiles mosqueteros la esconden entre sus dedos mientras los incautos apostadores intentan conseguir algo de dinero «fácil».
Cuando la policía brasileña apretó las clavijas y comenzó a «barrer» con los mosqueteros, el juego cruzó fronteras y se instaló en Montevideo. Los miles de visitantes que recibe la feria de Tristán Narvaja cada domingo, la convirtieron en el sitio ideal para montar el espectáculo que siempre termina dando rédito a la banca.
La forma de hacerlo es sencilla. Un hábil manipulador se pone tras la pequeña mesa cubierta de franela y mostrando una pelotita de polifón ofrece la posibilidad de apostar bajo cuál de los tres vasitos la esconde. El estafador cuenta con dos o tres cómplices que se hacen pasar por clientes y que, claro, increíblemente siempre ganan.
Los curiosos, muchos de ellos turistas, se acercan a ver el juego, y siempre alguno termina cayendo.
Si los mosqueteros ven que el cliente de turno tiene mucho dinero, lo dejan ganar un par de veces para que se «endulce» y después sí lo estafan sin piedad con la pelotita escondida bajo el pulgar.
Estos estafadores, que habían desaparecido, volvieron a renacer en la feria dominguera. Se esconden ahora en las calles que cruzan Tristán Narvaja, y si notan la presencia de la Policía se meten adentro de la primera casa que ven abierta. El acento brasileño y la forma de vestir tipo caribeña los delata. Ahora, más precavidos que antes, cuentan con cómplices en las esquinas que les avisan si se acerca alguna patrulla.
Los días que no hay feria, los mosqueteros buscan esquinas cercanas a 18 de Julio por donde pasan muchas personas pero pocos policías.
Fue así que el miércoles pasado, dos individuos de 34 y 36 años, que se habían instalado en la esquina de Colonia y Mario Cassinoni para engañar incautos, fueron detenidos cuando además de montar la mosqueta se dedicaron a robar a los peatones que por allí pasaban. En la sede penal, los hombres declararon que nunca le robaron a nadie sino que los denunciantes habían perdido el dinero apostando.
El juego, que también tiene sus ramificaciones en Argentina donde no es considerado un delito sino una contravención municipal, también es jugado en el interior del país, donde los mosqueteros aprovechan el desconocimiento de los lugareños para llenarse los bolsillos. Cuando pierden, ya que algunos no son muy hábiles, se enojan y son capaces de tomarse a golpes de puño con tal de no pagar. Saben que ese es el momento para desaparecer y buscar otro pueblo donde engañar incautos.
La Policía está al tanto del resurgimiento de los mosqueteros, y por eso prepara agentes de particular para recorrer la feria de Tristán Narvaja e identificar a los estafadores. Saben que no será tarea fácil, ya que se mueven tan rápidamente como la engañosa bolita de polifón.
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