Ocho años de dolor ante la pérdida de una hija y una interrogante: ¿homicidio o suicidio?
En agosto de 2005 LA REPUBLICA difundía un reportaje al profesor Wilman Castro, padre de María Alejandra, planteando estas interrogantes que hasta el momento no han tenido respuesta. El 7 de julio de 1998 moría, tras una agonía de tres horas, María Alejandra Castro Bonilla. Tenía 22 años. Para la Policía se suicidó disparándose con un revólver. Para su padre la mataron en un caso relacionado con el complejo mundo de la droga. María Alejandra era consumidora, y su padre afirma que trabajaba de correo, transportando sustancias tóxicas. Se había peleado con su compañero por lo que pasó el fin de semana en la casa de su madre. El lunes, a la tardecita, volvió al apartamento que compartía con su compañero en busca de ropa, pero salió agonizante, con un balazo en la cabeza, rumbo al hospital.
¿Cómo es posible?
El colega Juan Correa, en un extenso informe publicado el pasado viernes por el Semanario Entrega 2000 de Mercedes, plantea varias interrogantes en torno a este caso, algunas de las cuales ya habían sido planteadas por LA REPUBLICA hace más de un año, pero que son importantes repasar. La Justicia no pudo determinar si la muerte de la joven fue por homicidio o suicidio, en un expediente que está caratulado simplemente como «su muerte», archivado sin perjuicio en el Juzgado Letrado de Primera Instancia de Mercedes. El padre de María Alejandra hace más de 8 años que viene insistiendo en que a su hija la mataron, relatando algunas irregularidades del proceso, y que ahora son corroboradas por el colega del Semanario Entrega 2000 que tuvo acceso al expediente del caso. Como por ejemplo que al cuerpo de la joven nunca se le realizó la autopsia, pese a que había sido determinada por el juez de la causa. «¿Por qué no se cumplió con ello? ¿Cómo es posible desobedecer una decisión judicial sin consecuencia alguna?», se pregunta el colega en su informe. La Policía informa que recibió un llamado anónimo a las 21.30 horas de una vecina dando a conocer el hecho ocurrido, sin embargo María Alejandra ingresa al Hospital Chelle a las 22.15 horas, entendiéndose que pasó demasiado tiempo entre el conocimiento del hecho y el traslado al nosocomio, de una persona que estaba agonizando. En el informe de la Policía Técnica se establece que la escena fue parcialmente conservada, inclusive el testimonio de uno de los agentes policiales actuantes establece que una vez en el lugar «el concubino y el padre de éste comenzaron a limpiar la sangre». Agregando más elementos como el testimonio de la madre de María Alejandra que declara que el concubino de su hija tenía un revólver y que siempre andaba armado. Una de las vecinas, en tanto, declaró que el apartamento donde María Alejandra convivía con su pareja era visitado por mucha gente, «casi siempre hombres de por lo menos 20 años», catalogándola como «una muchacha muy rara que no conversaba con nadie».
En tanto el padre de María Alejandra había comentado a un amigo que su hija era víctima de castigos por parte de su pareja, lo que figura corroborado en declaraciones de ese amigo en el expediente. El anterior concubino de la joven llegó a declarar que en una oportunidad «su actual pareja me puso el revólver en la cabeza diciéndome que me iba a matar».
¿Suicidio u homicidio?
En agosto del 2005 Wilmar Castro, padre de María Alejandra, relataba a LA REPUBLICA que a los pocos días de la muerte de la joven «me empiezan a llegar versiones muy fuertes, sobre todo provenientes del hospital local donde me decían que es imposible que se suicide si tiene un tiro en la nuca». Aunque aclaraba que «no sé cual fue la posición del disparo».
Ahora pudo conocerse que la bala ingresó del lado izquierdo de la cabeza, cuando la muchacha era diestra. Una fuente policial consultada por LA REPUBLICA discrepó con que pueda tratarse de un suicidio si recibió un balazo en la nuca. Por lo general los suicidas eligen la sien o la boca para dispararse, expresó. Demostrándonos incluso en la práctica, que para un diestro es muy dificultoso empuñar un arma con la zurda, apoyarla en la nuca y accionar el gatillo con algo de firmeza como para autoeliminarse. Máxime si se trata de la mano pequeña de una mujer. Aunque la madre de la joven, Nibia Bonilla, aporta otro elemento al declarar que su hija intentó suicidarse ingiriendo pastillas y que había expresado que «la próxima vez se iba a volar la tapa de los sesos, así no había nadie que la pudiera salvar».
Casi un año después de la muerte de María Alejandra, el 7 de mayo de 1999, el médico forense Guillermo Messuti informó que «las características de la herida que provocó la muerte, no presentaba señales de lucha ni otros elementos de violencia, el haber sido lavadas sus manos durante su estadía en el CTI del Sanatorio de Cams y los antecedentes de la occisa en cuanto a intentos de autoeliminación así como sus repetidas manifestaciones de intención de autoeliminarse inclina a pensar que su muerte es de origen suicida», agregando el doctor Messuti que «ni el suscrito, ni ningún otro peritaje médico legal pueden afirmar con un cien por ciento de seguridad que se trató de un suicidio» aunque estima como «más que improbable» que el disparo lo hubiera realizado otra persona. Opinión que se contrapone con lo expresado por el doctor Lorenzo Schiappapietra, director del Departamento de Medicina Forense, quien en enero de 2000 dijo que los hallazgos e información suministradas por Policía Técnica no son incoherentes con el suicidio aunque tampoco inducen necesariamente a descartar el homicidio. En noviembre de 2002 la Justicia determinó el archivo del expediente como «sin perjuicio».
El caso de María Alejandra es uno de varios hechos sin resolver por la Justicia de Mercedes y que viene siendo denunciado por la Agrupación de Familiares de víctimas de la violencia. Una muerte que según algunas versiones estaría ligada a asesinatos, alguno de ellos emblemáticos en la crónica roja del departamento y que todavía siguen esperando respuesta. *
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