Cansados de la violencia desatada por la mafia los napolitanos denuncian al Estado

Después de la ola de asesinatos violentos registrados en Nápoles en los últimos diez días, los habitantes de la mayor capital del sur de Italia no se resignan a padecer la violencia de la mafia y la delincuencia común y acusan al Estado italiano de inercia e ineficiencia.

«Nadie entiende lo que ocurre aquí. Vivo en Nápoles desde hace 40 años y nunca había notado una tensión tan alta. Nadie está tranquilo cuando sale a la calle», sostiene Tonia Valvano, vendedora callejera de pinturas y objetos.

«¿Que el ejército nos custodie? Puede ser. Creo que es lo último que nos queda. La política no ha logrado nada», se lamentó la vendedora ambulante, mientras una decena de policías vigilan el sector.

El jefe de gobierno italiano, Romano Prodi, quien realizó este jueves una visita relámpago a Nápoles, anunció un plan anticriminalidad basado en el desarrollo económico y descartó la posibilidad de enviar al ejército como solución. «Por el momento no enviaremos al ejército. Reforzaremos la presencia de carabineros, a los que daremos objetivos precisos», anunció el jefe de gobierno italiano. Azotada por la camorra, la despiadada mafia napolitana, Nápoles ha registrado doce asesinatos en diez días, lo que ha obligado a sus dirigentes a tomar las riendas del asunto y definir una serie de medidas a corto y largo plazo para intentar salir del estado de emergencia en la que se encuentra sumida.

«Si la legalidad no triunfa, Nápoles se queda inmóvil, no logrará salir del negro túnel. Tenemos capacidad para invertir esa tendencia», aseguró Prodi, quien pidió a todo el país un esfuerzo para ayudar a esa ciudad a salir del atolladero social y económico en el que se encuentra.

«La criminalidad es un obstáculo inmenso al desarrollo económico del sur del país», advirtió el primer ministro italiano.

«No hay voluntad en el gobierno, la existencia de la mafia les sirve como justificación, porque aquí reina el caos, el desorden. Para mí la camorra y el Estado italiano son la misma cosa, ninguno de los dos nos ayuda», comentó indignada Emma, una comerciante.

Para Fabio Piscini, taxista de 26 años, la presencia del ejército no va a detener los negocios de la mafia, ni los asesinatos, ni las lágrimas. «No voté por la coalición de centro izquierda que ganó las elecciones en abril, pero tampoco creo que la derecha hizo algo. Son iguales. Aunque Prodi cometió un error tremendo al adoptar la ley de amnistía. Miles de delincuentes quedaron libres», comentó.

La ley de amnistía, adoptada oficialmente para solucionar la sobrepoblación de las cárceles, autorizó la liberación de 2.713 prisioneros en la región de Campania, de los cuales 1.321 sólo en Nápoles. Según el juez Franco Roberti, responsable del equipo anticamorra de Nápoles, la amnistía jugó un papel relevante como acelerador de las hostilidades entre bandas rivales.

«Es la pobreza y la mala vida las que obligan a robar y matar», sostiene Adriano Venti, empleado, quien denunció el alto nivel de desempleo y la ausencia de reglas como principal causa de la criminalidad. «Para mí, los criminales no son sólo los mafiosos sino también el Estado que nos deja en estas condiciones», comentó.*

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