La dama cortejada aceptó un anillo como prenda, pero lo empeñó en la misma casa donde lo habían robado

Ladrones, fortunas y desamores para una increíble historia que terminó con la carrera de un policía

El hombre -funcionario policial- bajó ese día, como tantos otros, de un ómnibus en la Terminal de Colonia y enderezó sus pasos hacia Jefatura de Policía, a cumplir con sus obligaciones.

A poco de andar, vio un objeto pequeño pero llamativo que estaba tirado en el suelo: un anillo. Lo levantó, sin tener hasta ese momento ni la menor idea de lo que había pasado en la óptica la noche anterior, ya que reside en otra localidad, y lo guardó en un bolsillo.

Una vez en su lugar de trabajo, no escatimó comentarios entre quienes le rodeaban: «Miren lo que encontré!», decía alborozado, sin preguntarse cuál podría ser el origen de su inesperado hallazgo. El funcionario estuvo, rato después, realizando tareas en el establecimiento carcelario de Piedra de los Indios y también allí mostró el anillo a sus compañeros, con similar deslumbramiento.

Con el misterioso objeto retornó a su ciudad, al final de otro día de labor. Y sin dejar pasar ni un minuto, dio otro paso que sería -sin que él lo sospechara- el comienzo del final.

Un amor no correspondido

El caminó contento hacia el domicilio de una dama que desde hacía algún tiempo lo tenía desvelado. En pocas palabras, luego de reiterarle sus sentimientos, le hizo entrega de «este regalo, que es para vos…»

Se iluminaron los ojos de la fémina al descubrir que el obsequio era… ¡un hermoso anillo! Dio las gracias, como corresponde en esas circunstancias, y continuaron conversando de «bueyes perdidos».

Un día después, la mujer subió a un ómnibus, hizo durante una hora el recorrido que la separa de Colonia del Sacramento, con una sola meta fija en su cabeza: vender el anillo que había recibido de regalo, porque «precisaba unos pesos» y no tenía «nada de malo pasar a moneda lo que a uno le regalan», según su criterio, que ponía en evidente tela de juicio su voluntad de mantener un vínculo sentimental con quien le había hecho el obsequio.

Descendió del autobús en la Terminal y con paso firme se dirigió hacia el centro de Colonia. «Buenos días», dijo amablemente, al ingresar a un comercio. «Yo quisiera vender este anillo y no sé si a ustedes les podría interesar», comentó, sin tener ni remota idea que estaba hablando con una empleada de la óptica y joyería robada.

«Espere un momento, señora», respondió con la mayor cortesía la empleada y se dirigió a la trastienda del comercio «a consultar a los dueños». Estos no podían creer lo que estaban viendo: el anillito en cuestión tenía una indicación específica que revelaba que pertenecía al conjunto de mercadería robada!

Dos minutos después, el local comercial estaba desbordado de policías, y la dama era conducida a la seccional más próxima para ser interrogada.

¿El final de la historia, al menos en la órbita judicial? Dos procesamientos (sin prisión) por receptación. En la interna de la institución policial, un funcionario que enfrenta un sumario. ¿Y los responsables del robo? Por ahora, perdidos en la niebla del misterio. Sin duda, que estos que corren no son buenos tiempos para el romanticismo. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje