La Justicia de EEUU: le sacaron la hija a una uruguaya por no tener papeles y se la entregaron al padre que es traficante
Noelia Noemí Sosa Espíndola, de 23 años, viajó a Estados Unidos en el año 2003 y desobedeciendo la visa que le permitía quedarse por 6 meses, nunca más regresó. Consiguió trabajo en una tienda de Miami, alquiló una pequeña vivienda y como tantos uruguayos fue prosperando lentamente. A los cinco meses de estar allí, conoció a Cassidy, de 26 años, quien se presentó ante ella como un exitoso empresario que manejaba algunos de los mejores espectáculos de la noche floridense.
Ambos comenzaron una relación firme y próspera hasta que decidieron vivir juntos. Con el correr de los meses ella se enteró que en realidad Cassidy se dedicaba a vender drogas que traía de México y lo de los espectáculos nocturnos no era más que una pantalla para cubrir el sucio negocio que realizaba desde que tenía 20 años.
La uruguaya decidió perdonarlo bajo la promesa de que dejaría el negocio y conseguiría un trabajo normal en cualquier empresa. El traficante juró cambiar y de ese perdón el 21 de noviembre de 2004 nació una niña a la que bautizaron Daniela Nicole.
Lejos de mejorar las relaciones matrimoniales, la niña provocó una separación casi inmediata, ya que la mujer no soportaba que el marido viajara constantemente a traer droga mexicana y las dejara solas por varias semanas. Todo esto sumado a las constantes intoxicaciones que tenía que soportarle a su marido ya que no sólo las vendía sino que también las consumía de forma casi constante.
Cansada y decidida a terminar con la pareja, Noelia se enfrentó a Cassidy y le dijo que se iba a vivir sola con su hija a otra parte. El montó en cólera y le dijo que la denunciaría ante Migración si ella no se quedaba con él.
Desde ese día la mujer vivió encerrada en su propio domicilio, se vio obligada a abandonar el trabajo y quedó a merced del traficante que cayó preso a mediados de 2005.
Feliz por la detención del sujeto, la uruguaya comenzó a rearmar su vida. Consiguió otro empleo y continuó disfrutando de la niña que crecía pronunciando algunas palabras en español y otras en inglés.
Pero los días felices iban a durar poco. El 13 de agosto pasado, Cassidy recuperó su libertad y descargó su furia contra Noelia. Además de insultarla con frases como «india de porquería» o «tu familia es una mierda sudamericana», intentó agredirla frente a la pequeña niña que poco entendía de lo que estaba pasando. La mujer tomó a la pequeña en brazos y escapó. Cassidy, quien había conseguido trabajo en la construcción, se presentó ante la corte y denunció a Noelia por estar ilegal en el país. La Policía la buscó, la detuvo y la encerró en una cárcel federal hasta su deportación a realizarse en los últimos días del mes de noviembre.
No podrá visitar a su madre
Desde la prisión, la mujer luchó denodadamente por su hija, contratando abogados que la asesoraron en todo momento. Finalmente, el juez fijó audiencia para el 19 de octubre solicitando a ambas partes que se presentaran para dictar sentencia.
La mujer fue trasladada desde la prisión a la Corte donde nuevamente se vio la cara con su ex pareja. El hombre no dudó en afirmar que el gran problema radicó en que «Noelia dejaba a la niña sola en casa para irse a clubes nocturnos».
El juez escuchó atentamente las declaraciones de ambos hasta que decidió poner fin a la audiencia sentenciando que la niña debería quedar en manos de Cassidy, ya que Noelia sería expulsada del país en los próximos días.
El llanto de la mujer no conmovió al juez quien afirmó que la sentencia era «inapelable».
Dentro de 10 días los abogados de Noelia y Cassidy se presentarán ante el juez para decidir si la niña podrá viajar a Uruguay a visitar a su madre, algo que desde ya se dice que es casi imposible, salvo que viaje en compañía de su padre o luego de cumplidos los 18 años.
El abogado de la mujer dijo a la prensa que es doloroso que su país «piense de esa forma. Es terrible que por ser extranjero te saquen un hijo y se lo entreguen a un traficante, consumidor de drogas». Noelia, permanecerá en prisión a la espera de su deportación. *
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