Conmovedora denuncia de una anciana que vive en el asentamiento 6 de Diciembre

"Tengo 80 años, sufro un acoso brutal y me voy a defender sola hasta la muerte"

«Desde que me mudé al «6 de Diciembre», a fines de 1997, los ladrones y los malandras de la zona me han hecho la vida imposible. Me rompieron y me robaron absolutamente todo dentro y fuera de mi casa. Quiero aclarar que yo no hice la denuncia al diario, debe de haber sido alguna persona que sabe por lo que estoy pasando y por lástima hizo la denuncia a la sección «Llamadas al Director», dijo a LA REPUBLICA la anciana, que prefirió preservar su identidad ante posibles represalias de los «atorrantes» de la zona.

«Soy una mujer grande y soy viuda desde hace 40 años, familia ya ni tengo y mis hijos están en el exterior. Me acuerdo que el primer día que me mudé pasó un individuo caminando y me dijo «qué casa de lujo que estás haciendo vieja sucia». Y ya desde ahí me di cuenta de que no iba a ser fácil vivir sola rodeada de esta gente. Tengo una jubilación de 1.200 pesos, que pertenece a la pensión de mi esposo y se hace difícil vivir así. Mi casa es humilde, tiene techo de zinc, y está mejor que el resto de los ranchos que hay por la zona. Yo creo que una de las razones del acosamiento que vengo sufriendo debe ser por la envidia, porque estoy en mejor situación, pese a todo, que el resto de mis vecinos», aseguró la mujer.

 

Agresiones y robos

«Una vez estaba durmiendo y de repente escuché ruidos, me desperté y vi a un hombre negro que estaba desenchufando la heladera para llevársela. Al verme despierta, salió corriendo, pero se apropió de otras cosas, como frazadas, sábanas, manteles, y también se llevó la única televisión que tenía. También, durante un tiempo me apedreaban mi casa a cualquier hora del día. Una vez vi a uno de los atorrantes, que vive pegado a mi casa, que ronda los 25 años, y le dije «no seas maldito, no me tires piedras». Se rió y me amenazó de muerte con un revólver calibre 38. Hice la denuncia, vinieron los policías, pero negó todo y no se lo llevaron. Al rato, se paseaba por la puerta de mi casa y me mostraba la pistola diciéndome: «viste vieja sucia, nadie te cree». Y a pesar de que es embromado vivir de esta manera, ya estoy acostumbrada», dijo dolida la señora. La denunciante agregó «una vez entró un gato al fondo de mi casa y mis perros lo terminaron matando. La dueña del gato, una joven de 19 años, quería entrar al fondo de mi casa para matar a mis perros. Yo le negué la entrada y me empezó a agredir con una escoba, dándome unos cuantos golpes. Al rato cayeron los policías de la Seccional 19ª, y nos llevaron a las dos. Antes de eso, me asistieron en la coordinadora del Cerro, y las enfermeras se reían y decían entre ellas en voz alta «qué vieja rompe huevos, bien merecida tiene la paliza». También cada tanto me entran caballos a comerme el pasto del jardín de mi casa. Siempre vienen dos niños, que los manda su madre, abren el portón y hacen entrar a los animales. Me comen todo el pasto, las plantas, y luego hacen sus necesidades. Después viene la sinvergüenza de la dueña, haciéndose la inocente diciendo que se le escaparon de su casa. Es cosa de todos los días».

Agregó que «una vez estaba en mi jardín regando las plantas, y el mismo atorrante que me había amenazado con una 38, me miraba riendo desde el jardín de su casa, y me dijo «vieja sucia y arrastrada te voy a dar un puñetazo para que no denuncies más». Saltó el muro que delimita las dos casas y con un cuchillo que yo tenía, porque estaba cortando algunas hojas secas, se lo puse en el estómago y le dije «y ahora qué me vas a hacer», y el muy cobarde se quedó duro, no me dijo más nada y se fue corriendo. Yo soy vieja pero no boba, en mi casa mando yo, aunque quieran mandar estos atorrantes, yo no me echo para atrás. Una mujer enojada muchas veces resulta más mala que un hombre. Y aunque me han arruinado en estos años, yo nunca voy a dejar de pelear por lo que es mío. Hoy camino con un bastón y vivo encerrada desde las seis de la tarde. A la Policía ya no le tengo más confianza y ya sé que me tengo que defender yo sola contra estos vándalos», dijo la anciana.

 

Las denuncias y la tercera edad

«Me he cansado de presentar denuncias a la Seccional 19ª, y vinieron la mitad de las veces y tarde. Encima me llevaban a hacer la denuncia, me hacían esperar horas y al delincuente de turno lo dejaban libre enseguida. Después yo me tenía que venir sola de noche hasta mi casa, y muchas veces no tenía ni para el boleto del ómnibus. Al final me terminaba saliendo carísimo hacer la denuncia y es por eso que a veces ni llamo a la Policía, me tengo que defender yo solita. A mí no me sorprende, porque a los viejos en este país no los quiere nadie. Para la gente somos todos mentirosos, no servimos para nada y somos un estorbo. Las veces que hice las denuncias, vía telefónica y personalmente, me doy cuenta de que nunca me toman en serio. Y es lamentable que hasta la Policía no le tenga respeto a una vieja de 80 años como yo», reflexionó dolida la denunciante. *

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