En el debe están los crímenes impunes que la gente no olvida

Dos jueces y la Policía luchan en un campo "minado" contra la delincuencia en Rivera

Existe una veintena de crímenes sin aclarar, seguramente el más emblemático es el de Sheila Daniela López, caso que a casi diez años de sucedido y luego de un avance cuando se procesaron a varios policías y ex policías por los delitos de complicidad y encubrimiento, cayó en un pozo del que parece no retornar a pesar de la actitud firme y decidida de su familia en busca de la verdad. En el corazón de la gente vive un sentimiento mezcla de rabia e indignación, sumado a la convicción de que los asesinos de Sheila caminan impunes por las calles de Rivera protegidos por una coraza de poder que parece impenetrable.

En algunos casos los criminales están perfectamente identificados y encuentran protección con el simple hecho de cruzar una calle e ingresar en el vecino Brasil. El crimen de la niña Camila, la misteriosa muerte del barraquero Moliné, el doble homicidio de La Rosada, donde ultimaron a balazos al propietario y su peón, el asesinato del agente Elbio Noble cuando realizaba un procedimiento, la aparición sin vida de Natalia Merladet, con su padre luchando por la verdad, el homicidio del empresario Cornelius, entre tantos, permanecen vivos en el recuerdo de la población del departamento.

Con el paso del tiempo se tejen historias, alguna de ellas poco creíbles y de a poco se van sumando al folclore popular ante la desesperación de los familiares de las víctimas que no pierden la esperanza de que, algún día, en algún lugar, aparezca una pista que permita poner a los asesinos tras las rejas.

 

La corrupción en la política

El llamado «fraude de los ediles» dejó en evidencia el mal uso del poder de varias «personalidades» que, defraudando la confianza depositada en ellos a través del voto, se valieron de su cargo para cometer delitos. El procesamiento de 28 curules por fraude permitió conocer la verdadera personalidad de muchos «juntavotos» que por lo que se supo llegaron a engañar hasta sus propios candidatos. El hecho de que entre los procesados se encuentran distinguidas personalidades de los partidos tradicionales con una proficua carrera ocupando cargos de relevancia ha dejado en la opinión pública la sensación de que «no sólo los pobres se equivocan».

En la actualidad y cuando aún no se acallan los ecos de un caso que puso al departamento en la primera plana de la prensa nacional, los ediles «pelean» por nuevos gastos (en la actualidad están derogados) y sin ir más lejos, hace un par de semanas concurrieron a un Congreso de Ediles y gastaron casi 6.000 dólares. Al regreso, con viáticos sobrantes, alguno de ellos no dudaron en detenerse en Tacuarembó para «reventar» lo que sobraba. Entre los concurrentes al Congreso, que al decir del edil López Arezo «es casi un Club de Amigos», se encontraba el ex presidente de la Junta Departamental, Pablo González, quien recientemente recuperó su libertad luego de haber sido procesado por un delito de fraude.

Pero, hay otras formas de corrupción, política y empresarial, desde dónde se manejan cientos de miles de dólares diarios, gigantescas maniobras de contrabando y hasta estafas como la del caso Zona Franca, con varios de sus principales responsables millonarios en libertad y pensando en financiar campañas políticas.

 

Autos, boletas y otras «truchadas»

En la actualidad no debe haber ningún ciudadano riverense que tenga un auto brasileño y circule tranquilo. La fabulosa maniobra que determinó el procesamiento de decenas de personas con la incautación de más de 40 vehículos dejó en evidencia lo que se presume se realizaba desde hace ya varios años. La ausencia de controles se hizo costumbre con el paso del tiempo y gran parte de la ciudadanía pasó a ser una suerte de «cómplice indirecto» de una gran estafa. Hoy en día, varios ciudadanos que se dicen «compradores de buena fe» están pagando con cárcel su falta de cuidado. El cierre de uno de los más importantes Free Shops del departamento (Mastro), llegó a poner en duda la credibilidad de un importante grupo de comerciantes que tienen la difícil tarea de atender al turismo de la región, atentos a los motivos de la clausura temporal: ropa y whisky falsificados. En la actualidad, en pleno auge de la investigación por parte de la DGI, la Dirección de Investigaciones local y el Juzgado Penal de 1er. Turno, destacados ciudadanos han sido procesados por graves delitos vinculados a una gran maniobra de defraudación tributaria, en lo que ha sido considerado como una verdadera «asociación para delinquir».

Los montos de la estafa son realmente incalculables, ya que se entiende que desde Rosario, Colonia, no salieron facturas «truchas» solamente para Rivera, por lo que se estima «habrá más noticias».

 

El juez, el jefe y la prensa amarilla

La actuación de los jueces Federico Alvarez Petraglia y Mijhail Rottas en el departamento de Rivera seguramente pasará a la historia por el combate decidido a la corrupción en todos los ámbitos. En ambos casos, personas de bajo perfil, poseedores de una gran capacidad de trabajo y con un respeto especial hacia la tarea policial. El caso de Alvarez Petraglia es muy especial, ya que en su Turno han «caído» varios de los casos enumerados y no le ha temblado el pulso a la hora de dictar los respectivos procesamientos. El inspector principal (r) Juan Carlos Soto, junto a su Comando, han llevado adelante un gran trabajo, en silencio y luchando contra numerosas limitaciones para realizar una óptima tarea en una frontera «atípica» como lo es Rivera-Livramento. Ha tenido la capacidad de realizar «purgas internas» , entregando a la Justicia a los policías deshonestos, separando de su cargo a alguno de ellos, sin afectar la credibilidad de su tarea, respaldado por su buen trato con el subalterno y el permanente relacionamiento con la ciudadanía que ha demostrado su confianza realizando denuncias que permitieron importantes operativos, como lo ha sido la incautación de grandes cantidades de droga con la detención de sus responsables. Pero además, ha tenido que luchar, y por suerte con éxito, contra una campaña de desprestigio orquestada por un sector de la prensa que ha permitido una suerte de glorificación del delincuente en detrimento de la imagen de la Policía como Institución. Se han utilizado micrófonos, medios de prensa escrita y televisiva y hasta un periodista, afectado por una medida tomada contra un familiar, ha manifestado a través de una radio local que «hasta que no me saquen a este jefe de Policía no voy a parar». *

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