La mujer del obrero, que murió en la construcción del estadio de Rivera, sigue reclamando justicia

"Mi marido fue asesinado, lo hicieron trabajar lloviendo sobre una grúa atada con alambres"

«Actualmente vivo en la ciudad de Chuy. Mi marido se llamaba Eraclio González Méndez, tenía 51 años y tengo siete hijos. El día 9 de junio de 1995 en vísperas de la Copa América, mi esposo estaba trabajando en la reforma del estadio Atilio Paiva Olivera de la ciudad de Rivera junto a otros operarios, pero la negligencia del capataz de la obra, embriagado, hizo que su vida terminara allí, junto a otro compañero», rememoró la esposa del obrero que perdió la vida hace 11 años.

«Mi marido trabajó de todo. Fue policía, estuvo en el Penal de Libertad y en el Tacoma. Luego trabajó en una exportadora de aletas de tiburones. En ese momento vivíamos en Las Piedras. Pero como después se quedó sin trabajo, nos fuimos a vivir todos al Chuy. Allí trabajó en una gomería del lado brasileño. Mi marido era un muy trabajador y por sus hijos daba la vida», recordó la señora.

Señaló que «en febrero de 1993 llegó una carta de la hermana de mi esposo que vivía en Rivera, contando que había fallecido su marido y que estaba en una situación complicada, ya que vivía con su madre y sus dos hijas. Mi esposo decidió irse a vivir a Rivera por un tiempo, estuvo un año sin trabajo, hacía todo tipo de changas. A comienzos de 1994 consiguió trabajo en una empresa constructora llamada Benencio SA. Esa empresa estaba refaccionando el Estadio Atilio Paiva Olivera, ya que al siguiente año se iba a disputar la Copa América en nuestro país y Rivera iba a ser una de las sedes».

Agregó que «trabajaba de obrero, le empezó a ir bien, y mandaba dinero a nosotros que vivíamos en el Chuy. Una de mis hijas, Rosa, trabajaba en un freeshop del Chuy y tenía la idea de pedir licencia e ir a Rivera con mi otro hijo de 10 años, Hebert. Unos días antes de la muerte de mi marido, Rosa me dijo que la iban a mandar a trabajar al freeshop de Rivera por dos meses por la Copa América, estaba recontenta. La madrugada del 10 de junio de 1995, golpearon la puerta de mi casa y era la Policía que me dijo: «Tengo una noticia fiera para darle señora, falleció su esposo en un accidente en la obra de Rivera».

«En ese momento no entendía nada, quedé paralizada. Fuimos todos a Rivera, mis seis hijos, menos mi hija Leticia que estaba embarazada», dijo la mujer.

 

Qué pasó ese día

«Estaba terminando su día de trabajo, eran aproximadamente las 19.00 horas y ya estaba oscureciendo.

En ese momento el capataz de la obra señaló a dos personas, a mi marido y a otro peón, un joven de unos 27 años de apellido Hospitaleche, para que desarmaran una grúa que estaba ubicada dentro del estadio. La misma estaba en pésimas condiciones, atada con alambres. Aparte de la pésima condición de la grúa, había pocas luces, no se veía nada. Mi marido estaba a 10 metros de altura y el otro joven a 4 metros. En el momento en que la estaban desarmando, la grúa se vino abajo y terminó con la vida de mi pobre Eraclio y del joven peón. Dicen que el capataz vivía borracho y jamás se presentó en el Juzgado», señaló la señora al borde de las lágrimas.

 

El juicio

Siguiendo con su angustioso relato, expresó «en ese momento nos quedamos a vivir en Rivera, y nos enteramos que Eraclio había vivido con una mujer llamada Adela Fernández. Le iniciamos un juicio a la empresa Benencio, que luego se pasó a llamar Nelori SA, que era de Niver Carmelito Benencio. Contratamos al abogado Nicerato Arévalo Dutra, que en los siete años que nos defendió, no resolvió absolutamente nada.

Terminé la relación con él, que encima nos quería cobrar más de lo que habíamos arreglado. Me puse en contacto en junio de 2002 con otro abogado, Fernando Rosas, quien me dijo que todo lo que había hecho Arévalo Dutra había sido un desastre. Y como no le terminamos de pagar sus servicios, nos embargó». Agregó que «en diciembre de 2002, Rosas nos dijo que la empresa nos pagaba un ómnibus a mis hijos para que fuéramos por segunda vez a Rivera para intentar cobrar una parte de la indemnización porque seguía el problema de embargo y la parte restante quedaba depositada por orden de la jueza. Fernando Rosas me dijo que la indemnización eran 25 mil dólares, 13 mil dólares repartido entre mis siete hijos, y él se quedaba con 12 mil dólares. Nunca habíamos arreglado la forma de pago, él solo decidió esa cifra. Nosotros no queríamos firmar, pero el Dr. Rosas se enojó y dijo que si no firmábamos no cobrábamos nada. Y como no teníamos ni para volver al Chuy, firmamos contra nuestra propia voluntad», dijo dolida la mujer.

La viuda aseguró: «La jueza nos dijo que en abril de 2003 íbamos a cobrar otra parte de la indemnización, pero estaba el tema de Arévalo. Incluso nos sugirió que arregláramos con él, para que no hubiera problemas. Sobre la fecha de cobro, nos llamó Rosas y nos informó que ese dinero no lo íbamos a cobrar, ya que la mayor parte iba para Arévalo Dutra, por el embargo, y el restante quedaba para la empresa, ya que la jueza falló a favor de ellos. Para colmo, el Banco de Seguros le otorgó una renta vitalicia a su concubina, la que dijo que Eraclio tenía trámite de divorcio. Antes de nosotros llegar a Rivera, ella iba a cobrar la indemnización, ya que había dicho que él era viudo. A mí, que conviví con él 28 años, el Banco de Seguros no me pagó absolutamente nada; yo era la que estaba casada con él, ¿dónde está la justicia?», se preguntó la mujer.

 

«La muerte fue un asesinato»

«Para mí la muerte trágica de mi marido fue un asesinato porque lo hicieron trabajar fuera de su horario, lloviendo y la grúa estaba atada con alambres, como dicen los testigos y está en el expediente. Por eso, yo y mis siete hijos denunciamos públicamente la injusticia uruguaya», dijo dolida la señora. Agregó que «en esa época dos de mis hijos eran menores, los crié con muchos sacrificios y necesidades dentro de nuestra pobreza. En estos 10 años nos sentimos torturados sicológicamente por las mentiras, por el primer abogado que tuvimos, y lo que sabemos es que la empresa Benencio SA, actualmente Nelori SA está impune».

Para finalizar la señora reflexionó con dureza «para mí son todos corruptos. Estoy enferma y tengo que sobrevivir cuidando enfermos porque, si no me muero de hambre. Desde setiembre del año pasado estoy anotada en el Plan de Emergencia y tampoco cobré nada. Mataron a mi esposo, le sacaron el derecho de conocer sus nietos, y de compartir nuestras alegrías y tristezas. A pesar de todo el manoseo que recibimos por parte de nuestros abogados y de la Justicia de Rivera, a Eraclio nunca más nos los van a devolver. Queremos que se haga justicia, y les rogamos que nos ayuden a encontrar una salida». *

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