Las bestias están entre nosotros
Desde que asumió el nuevo gobierno, una de sus prioridades fue terminar con las mafias enquistadas en el país y de manera fundamental atacar en sus raíces a las organizaciones de traficantes de drogas. El desafío iba dirigido a proteger a futuras generaciones cuyas debilidades serían explotadas por los mercaderes de la muerte. Y empezaron los cambios. En poco tiempo, como nunca antes se había visto en Uruguay, por orden directa presidencial las fuerzas del orden apretaron contras las cuerdas a las mafias. Los resultados parecen asombrosos, quedó al descubierto que desde el puerto de Montevideo se despachó un cargamento de 100 kilos de cocaína hacia Portugal, en un contenedor de garbanzos. Pocos después vendría el Operativo «Campanita» que desmembró otra banda integrada por colombianos, paraguayos, coreanos y uruguayos utilizados para «lavar» el dinero del narcotráfico con la compra de campos y valiosas propiedades. En los puentes internacionales empezaron a caer como moscas los narcos que introducían la droga en ómnibus internacionales y hace pocas horas el Operativo «Naranja Mecánica» abortó el envío a Holanda de 1.600 botellas de vino con cocaína diluida. También fueron encarcelados colombianos, ecuatorianos y uruguayos. Hasta el momento hay más de 50 hombres y mujeres presos en distintas cárceles del país, 20 de los cuales son extranjeros con poderosos contactos con los productores de la droga. Las operaciones continuarán y seguirán siendo apresados elementos de la peor calaña de toda Latinoamérica. Es ahí donde el gobierno deberá pensar cómo contener a esta población reclusa de altísimo riesgo para evitar una contaminación explosiva. Los ejemplos están a la vista: las cárceles de San Pablo y de Guatemala han salido del control de las autoridades y se han convertido en una terrible fuente de poder, desde donde el crimen organizado planea, ordena y manda ejecutar las peores atrocidades. Las bestias ya están entre nosotros, habrá que saber cómo manejarlas, no sea cosa que empiecen a aparecer cabezas desprendidas de sus cuerpos, como en México. *
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