Al cierre de esta edición, Bomberos había logrado rescatar sin vida a uno de los dos desaparecidos

Se desplomó un edificio de la Ciudad Vieja en el que trabajaban unos treinta operarios

El estruendo se escuchó a varias cuadras del lugar del derrumbe. La columna de polvo se elevó al cielo ante la atónita mirada de los vecinos que no podían creer lo que estaba sucediendo. Desde adentro del local convertido en escombros salieron decenas de obreros cubiertos de tierra que gritaban y corrían sin rumbo fijo buscando resguardarse de las piedras que continuaban cayendo. El caos reinó en el lugar. Varios trabajadores que lograron salir por sus propios medios se negaron a recibir ayuda y prefirieron arriesgar sus vidas antes de dejar a sus compañeros mal heridos. El riesgo de que colapsara el total de la estructura era latente, pero de todas formas el desespero de los trabajadores sirvió para rescatar a dos de sus compañeros identificados como José Luis Martínez y Raúl Vergara, que presentaban heridas en varias partes del cuerpo.

Los bomberos no tardaron en llegar y ayudaron a los obreros a rescatar a una tercera víctima, Esteban Rueda, que estaba atrapado entre unas vigas de hierro a pocos metros de la puerta de acceso.

Los desgarradores gritos de un cuarto trabajador, orientaron a los rescatistas, que tras varios minutos cargando piedras y vigas, lograron liberar a Luis Amexeira, que fue trasladado con urgencia al sanatorio del Banco de Seguros del Estado, presentando un fuerte golpe en el pecho y heridas varias en la cabeza y la espalda.

En medio del descontrol se habló de una peatón que había sido aplastada por los escombros que cayeron hacia la calle, pero luego se supo que se trató de una jovencita que se salvó de milagro al esquivar parte de un balcón que se despedazó contra el pavimento.

Trabajaron en el lugar 37 obreros. José Carrasco, de 32 años y Federico Kiriyaborda de 21 todavía estaban en el interior del local atrapados entre los escombros.

Al cierre de esta edición, a las 24.05, Bomberos había logrado rescatar el cuerpo sin vida de Carrasco.

 

Viejo edificio con malos tratos

El edificio tiene algo menos de cien años y en los últimos tiempos había servido de hotel en las dos plantas altas y de restaurante de comida vegetariana en la planta baja. Desde su creación fue restaurado al menos en tres oportunidades, pero según un arquitecto que estaba presente en el lugar del derrumbe, «nunca se le practicó un trabajo serio. Sólo se maquillaba la estructura con portland, membranas asfálticas, azulejos, vigas y tejas». Por esa razón el peso en el techo y en los pisos medios ayudado por la humedad y el paso del tiempo hicieron del edificio una trampa mortal para cualquier trabajador que caminara sobre lo que a decir de un bombero era una especie de «castillo de naipes».

Los bomberos comenzaron por estudiar la forma de ingresar al edificio derrumbado, aunque desde afuera se podía observar que la tarea no sería para nada sencilla. El techo se había desplomado y había arrastrado al piso intermedio que también cayó sobre la planta baja, cediendo parte de la planta baja ya que también cuenta con un sótano que está clausurado desde hace decenas de años.

Julio Rodríguez, uno de los obreros consultados por LA REPUBLICA dijo que Carrasco estaba subiendo por la grúa al momento del derrumbe y que el otro compañero estaba trepado a una escalera. Sebastián Coelho, otro de los trabajadores explicó que al escuchar el estruendo salió corriendo al exterior del edificio y que alcanzó a ver como por las ventanas salía una nube de humo que de a poco fue cubriendo la calle, los autos y los cuerpos de sus compañeros que estaban tirados en el suelo.

Los peritos que trabajaron en el lugar dijeron que el derrumbe comenzó en el primer piso y que esa fue la razón por la cual las paredes también cedieron creando un pozo de aire que arrastró vigas y paredes centrales hacia abajo.

 

Demoras y enojos

Los familiares de los obreros atrapados comenzron a llegar al lugar y entre lágrimas intentaban acercarse al derrumbe sin lograrlo gracias a la intervención de los efectivos policiales que rodearon la zona con un vayado de seguridad. Los obreros veían pasar las horas y comenzaron a gritar en contra de los rescatistas que pacientemente seguían estudiando la manera de ingresar. Varios trabajadores se colocaron los cascos protectores y corrieron a sacar los escombros que estaban en la calle, intentando abrirse camino para ingresar. La actitud heroíca de los obreros fue frustrada por la policía que les cortó el paso y con algunos empujones los mantivuron a distancia.

La primera decisión fue traer a Kiper, un perro entrenado para encontrar cuerpos en situaciones extremas. El animal, sólo se acercó a la puerta, orinó en dos oportunidades y regresó con el policía que le daba las órdenes. A pesar de los reiterados intentos, el perro se negó a ingresar como presintiendo el peligro que allí le esperaba.

En medio del desconcierto llegó el intentende de Montevideo, Ricardo Herlich, quien en un breve diálogo con LA REPUBLICA dijo que lo primero era «dejar trabajar a los bomberos que son los expertos en el tema». Confirmó que los atrapados eran dos y explicó que el motivo de su presencia se debía a que «quería interiorizarse en el caso que lo impactó de sobremanera».

A todo esto, las horas seguían pasando y los trabajadores seguían sin aparecer. Los familares de las víctimas increparon al Director Nacional de Bomberos Hugo Romeo, quien intentó calmar los ánimos de los presentes explicando por enésima vez las precauciones que se debían tomar.

El arquitecto a cargo de la obra, Raúl Wilner también se hizo presente en lugar y lo primero que hizo al llegar fue dialogar con el juez Daniel Tapié que será el encargado del caso. Ambos estuvieron reunidos unos cinco minutos y luego el arquitecto se dirigió a los bomberos y se puso a las órdenes. Los rescatistas consultaron al profesional antes de dar cada paso ya que contaba con los planos edilicios aunque poco servían ya que el edificio se había convertido en una mole de ladrillos y restos de metal.

Los bomberos prepararon grúas e instrumentos de corte y con la ayuda de 10 focos de luz se aprontaron para pasar una larga noche en procura de los obreros que seguían atrapados. *

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