Encapuchados sembraron el pánico en Paysandú: agredieron a una mujer, y provocaron incendios
Los dos copadores encapuchados ingresaron junto a una empleada, la redujeron y, al no obtener el dinero que buscaban, incendiaron dos oficinas en la inmobiliaria Manisse, en 18 de Julio casi José Pedro Varela, próximo a las 8.00 de la víspera, según un extenso informe del diario El Telégrafo. A esa hora, una empleada de la inmobiliaria, de 41 años, llegó como lo hace diariamente a su lugar de trabajo con el propósito de abrir el negocio al público. Ingresó al vestíbulo de la antigua casa donde funciona la inmobiliaria, desactivó la alarma de seguridad e inmediatamente después fue sorprendida por un individuo que la tomó firmemente desde atrás, le cubrió la boca, colocó un objeto contundente en su espalda –probablemente el cañón de un arma de fuego– y la conminó mediante amenazas a guardar silencio, sujetándola contra una pared.
Otro sujeto, con el rostro cubierto con un gorro, le exigió que le entregara dinero y ella le respondió afirmativamente, indicándole que guardaba su dinero en la cartera. No obstante, el delincuente le manifestó que no era ese dinero al que se refería, sino al que había en la inmobiliaria, a lo que la empleada contestó que en el lugar no guardaban ningún efectivo; lo cual es cierto ya que los responsables de la firma han optado por no dejar dinero en el local, en el que ya se han registrado robos en anteriores oportunidades.
Siempre según el informe de los colegas sanduceros, al no lograr su propósito, las exigencias de los delincuentes se tornaron más violentas y amenazaron severamente a la empleada con el objetivo de que les señalara el sitio donde estaba el dinero. «Mostranos dónde está la caja fuerte», le gritó uno de los copadores, y añadió «sabemos bien que sos la mano derecha de Manisse, así que tenés que saber dónde está la plata». Al indicarle la empleada que su patrón tenía la llave de la caja fuerte, y quizás advirtiendo ya que la funcionaria estaba diciendo la verdad respecto a la inexistencia de efectivo, el copador que le exigía dinero se ofuscó y comenzó a propinar violentos golpes de puño y puntapiés a las puertas de los escritorios y el mobiliario. En el momento de mayor tensión, el copador que sostenía a la funcionaria la arrojó violentamente al suelo. La dama sintió un golpe en su cabeza y se desmayó, ignorando si le fue propinado por el delincuente o fue consecuencia de su caída.
Al recuperar el conocimiento, ya los copadores no estaban y, al incorporarse, observó que había fuego en el escritorio del dueño de la inmobiliaria, ubicado en la parte delantera de la casa, a la izquierda del vestíbulo. Al volver la mirada, constató que también había un principio de incendio en una oficina destinada a administración, junto al hall donde se atiende al público. Aterrada, la empleada salió gritando a la calle y concurrió en su auxilio el propietario de una cerrajería, quien avisó a la Policía y los Bomberos, así como se solicitó la presencia de una unidad de emergencia médica que condujo a la funcionaria al servicio de urgencias de Comepa, donde se constató que presentaba un profunda crisis nerviosa y se le practicó una tomografía a raíz del golpe sufrido en la cabeza.
Con diferencia de escasos minutos, arribaron el propietario de la inmobiliara y otras personas que trabajan en la firma y comenzaron –junto al cerrajero que auxiliara a la joven– a extraer los muebles y demás efectos de las oficinas donde había fuego. Paralelamente, al lugar llegó una dotación de Bomberos y extinguió rápidamente las llamas. En el escritorio del dueño de la inmobiliaria, el fuego afectó almohadones y una silla, y en la otra oficina otras dos sillas y un mueble que contenía biblioratos, en tanto la intensa concentración de humo dañó también las paredes.
A la vez, se hizo presente en el lugar personal de Radio Patrulla, Seccional Primera de Policía, el director de Seguridad, Hermenegildo Duque, y personal de Policía Técnica.
La funcionaria atacada por los copadores había sido vista cuando colocaba las llaves en la puerta de la inmobiliaria por una familiar del dueño de la inmobiliaria, quien aseguró que no había ninguna persona sospechosa en las inmediaciones, por lo que se estima que todos los movimientos eran estrechamente vigilados por los delincuentes y que el copamiento fue un acto cuidadosamente preparado.
Por otra parte, la empleada dijo que no se siente capaz de reconocer a los delincuentes, ya que tenían el rostro cubierto. En base a los datos recogidos, la Policía comenzó a trabajar en procura del esclarecimiento del ilícito.
«Luego de los hurtos anteriores tomamos distintas medidas de seguridad, como la instalación de una alarma, pero ante este tipo de hechos ya no sabemos qué actitud adoptar, porque yo no sé ni de qué forma hubiéramos reaccionado si –como pudo haber pasado perfectamente– encontrábamos a uno de los tipos aquí adentro, al llegar a la inmobiliaria», indicó por último el integrante de la firma damnificada que fuera consultado por El Telégrafo.
Según se pudo saber en las últimas horas, los encapuchados podrían formar parte de una banda que trabaja en la zona del litoral, principalmente en Salto y Paysandú. Los movimientos de los trabajadores serían fruto de una paciente investigación que desarrollaría otra parte de la banda dedicada exclusivamente a seguir a las víctimas y «medir» sus movimientos.
La Policía está tras las pistas de los involucrados y no se descarta que en los próximos días se desarrollen varios allanamientos y detenciones en ambos departamentos. *
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