Sus amigos acampan frente al hospital y el cirujano plástico molesto con "sorpresiva solidaridad"

Chica quemada, niños en situación de calle, la prensa amarilla y la hipocresía

La pobreza imperante en los asentamientos irregulares, algunos «demasiado cercanos» al centro de la ciudad, se ve reflejada en los niños que pululan en la zona, muchas veces a la espera de alguna víctima. Son los que forman parte de un verdadero comercio cuyas formas de lucro se basan en los pequeños hurtos y muchas veces en la mendicidad. Son aquellos que están siempre que el turista aparece y que al bajar de su auto lo atropellan de a dos o tres, dueños de la frase «bien cuidado tío», buscando la propina que casi nunca llega. Son a los que la gente común mira de reojo, esquivándolos casi siempre, sin darse cuenta que de esta forma los estamos empujando hacia otros peligros que nos presenta la sociedad de hoy, uno de ellos la prostitución infantil.

Cuando el parte policial relató fríamente la agresión de una niña de 14 años por parte de su novio, de inmediato se activó el sentimiento falso de querer ayudar a una joven a la que se pretende usar como bandera de aquellos que cada tanto necesitan lavar su alma, transformando a la pequeña Francieli en una verdadera víctima. Las donaciones de todo lo que nunca tuvo, las visitas de personas a quienes no conoce despertaron en la joven un primer deseo: el de escapar.

El Dr. Víctor Bachmann, cirujano plástico a cargo de la atención de la joven manifestó a LA REPUBLICA «las personas que están llegando al hospital deberían canalizar sus deseos de colaboración, ayudando a organizaciones como Centro Abierto, que atiende a los menores en situación de calle. El amarillismo se hizo presente en la prensa, «presentando este caso como una tragedia, cuando te aclaro que las quemaduras que recibió, son iguales a las que pueden recibir otros jóvenes en situación de calle. Es más, podemos adelantar que no le quedarán secuelas y en poco tiempo su rostro volverá a la normalidad sin necesidad de cirugías. La joven quedará internada en nuestro Hospital hasta que sea dada de alta, a pesar de que no tiene documentación uruguaya».

El propio cónsul brasileño en Rivera se hizo presente en el nosocomio local, aportando como dato importante la documentación que avala la identidad de la joven así como la de sus padres.

Pero el verdadero drama va más allá de la cama 3 de la Sala de Cirugía del Hospital de Rivera.

 

Una niña como tantas

Los participantes del caso, tanto «Dodó» como Francieli forman parte de un grupo de menores de calle de los tantos que existen en Rivera y que en grupos de cinco o seis deambulan por el centro de la ciudad. Hoy «Dodó», con 18 años recién cumplidos, varias anotaciones como menor, cumple condena en la cárcel pública por haber tomado la determinación de quemar el rostro de su novia cuando ésta pretendió poner fin a la relación.

Pero detrás queda una historia de marginalidad y droga que de acuerdo a lo manifestado por el propio joven le va a ser imposible superar, ya que «no sé vivir de otra manera, ese día los dos habíamos consumido drogas y yo ni supe lo que hice».

El arrepentimiento por la agresión se manifiesta a cada momento y como único deseo expresa querer salir de la cárcel para volver a su rutina de siempre: alcohol, droga y abandono.

El caso de la menor quemada en su rostro encierra un pasado de abandono familiar, con una madre ausente desde sus primeros años de vida, con un padre alcohólico ya sin trabajo y una niña que desde los 10 años tiene como su único hogar la calle. En un mundo donde predominan las drogas y el alcohol, coqueteándole a la prostitución como forma de mantenerse, dentro de la inocencia propia de una niña, su mayor deseo es volver con sus amigos, que son su única familia, quienes han acampado frente al Hospital y esperan cualquier descuido de la guardia para poder verla.

En el futuro sueña ponerse de novia, casarse y tener lo que ella no tuvo: una familia. Su único temor es tener que volver a vivir con su madre, a la que casi ni conoce. *

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