La ancestral droga africana, que hace perder el sueño y el hambre, se expande en el mundo

"Khat", la planta narcótica que llegará a Uruguay y que tiene preocupados a investigadores del país

En nuestro país jamás se encontró ni una sola hoja de la codiciada planta. Los propios agentes antinarcóticos dicen saber poco o nada del majestuoso khat, aunque admiten que «tienen en agenda a la droga y preocupa su irrupción en nuestro país». El origen de la planta es desconocido. Aunque algunos estudiosos en el tema se entrevistaron con varias tribus indígenas del noroeste de Africa, no fue mucho lo que lograron recoger, ya que para ellos el khat apareció cuando dos santos que solían pasar toda la noche orando decidieron buscar una solución para combatir el sueño. Fue así que de tanto rezarle a Dios para que los mantuviera despiertos, éste decidió enviarles un ángel para mostrarles la planta del khat, la cual luego de consumirla los mantuvo despiertos para siempre.

El mismo grupo de investigadores llegó a la conclusión de que «la primera vez que se mencionó esta planta fue durante el reinado cristiano de Amda Syon I, el cual reinó entre 1314 y 1344 después de Cristo. Por entonces el sultán Moslem de Ifat, Sabradin, fanfarroneaba sobre lo que haría cuando conquistara el Reino Cristiano, y decía: «Haré de su capital Marad mi capital también, y plantaré khat como regalo al rey».

Lo cierto es que desde entonces pasó a formar parte de la cultura africana. Se consume legalmente en Yemen, en Somalia y en Etiopía, donde la mayor parte de la población reconoce que la consume para saciar el hambre y los dolores provocados por las enfermedades que la afligen.

El khat alcanza una altura de seis metros y requiere de mucha lluvia, por eso en zonas selváticas, con suelos arcillosos, se puede llegar a cosechar al menos cuatro veces al año.

 

Legal en casi todo el mundo

El mayor plantío conocido hasta la fecha se encuentra en la ciudad sagrada musulmana de Harar, casi en frontera entre Etiopía y Somalia. Según los estudios realizados, en esa zona «se estima que varios millones de personas son consumidores de khat, cantidad que se ha ido incrementando. El consumo de khat varía según los diferentes países que lo utilizan. En Somalia, aproximadamente un 18% en el sur y un 55% en el norte de sus poblaciones son consumidores. En Yemen, aproximadamente el 50-60% de las mujeres mastican khat más de una vez a la semana, en comparación con el 80-85% de los hombres. En países como Yemen y Somalia muchas de las casas cuentan con habitaciones exclusivamente utilizadas para masticar khat.

Los masticadores se apoyan sobre tres o cuatro almohadas especialmente grandes y duras. Cada lado de la habitación acomoda de seis a diez personas, y ocasionalmente hasta veinte. Uno o dos platos comunes para el tabaco, pipas de metal de hasta 3 o 4 pies de largo, un filtrador de agua y un tubo flexible de 20 pies de largo, son algunos de los utensilios que se encuentran en esa habitación. El tabaco se enciende utilizando una capa de carbón, y el tubo flexible se va pasando de invitado a invitado. Cada uno debe limitar su número de caladas, ya que los excesos pueden producir vértigo, temblores, palpitaciones y náuseas».

No obstante, el consumo por medio de «pipas» es casi exclusivo para los países del noroeste de Africa y para algunas naciones árabes.

«La mayoría de los países está desprotegida. La droga es ancestral pero recién ahora está teniendo una explosión a nivel mundial. No existen prohibiciones en Uruguay, como tampoco existen prohibiciones en la región. Hasta que no ingrese y se compruebe que realmente es riesgosa para el consumo, no se puede declarar ilegal», explicó a LA REPUBLICA un agente de la Dirección Antinarcóticos.

Tal vez la mayor «virtud» que tiene el khat y la razón por la cual gana tantos adeptos, es la forma de consumirla. No se tiene que aspirar ni se tiene que fumar, simplemente basta con masticar la hoja, que generalmente es acompañada por una goma de mascar para hacer más tolerable el sabor amargo que tiene la planta.

No requiere una preparación especial, no tiene químicos y la sensación de felicidad y seguridad es inmediata. Los consumidores aseguran sentirse confiados, tranquilos y sumamente concentrados luego de masticarla. El hambre desaparece y si se sufre de algún dolor, sea en los músculos o en la cabeza el khat lo elimina, al menos de forma temporal.

Como toda droga el uso prolongado de khat crea adicción. También es posible que se presenten problemas relacionados con el sueño, puede mantener constantemente despierta a una persona, afectar al corazón, suprime los impulsos sexuales y causa impotencia. La abstinencia luego de varios años de consumo puede provocar irritaciones y explosiones de violencia que son difíciles de controlar.

El miércoles pasado, el gobierno de Estados Unidos logró desmantelar una banda acusada de haber introducido al país 25 toneladas de khat, lo que se calcula en 10 millones de dólares.

Treinta personas fueron detenidas y otras catorce están siendo buscadas en conexión con el caso, según informó en un comunicado el fiscal federal del distrito sur de Nueva York.

La droga llegaba de Africa a Estados Unidos de diversos modos, entre ellos a través de la valija diplomática de Naciones Unidas, ya que uno de los acusados, Osman Osman, era empleado de la organización, donde realizaba tareas relacionadas con el correo, según la fiscalía.

En Canadá y los Estados Unidos dos de los ingredientes activos que contiene la planta son prohibidos, se trata de la catina y la catinona. En México existe una norma que prohíbe la venta de las hojas de khat, aunque todavía no se legisló una norma que prohíba el consumo.

 

Té de floripón

Los agentes uruguayos dicen estar alertas por la posible llegada del khat a nuestro país, ya que según algunos investigadores colombianos, los narcotraficantes ya tendrían prontas para cosechar varias toneladas de plantas.

A diferencia de las hojas de coca sin procesar que consumen en Bolivia, masticar la droga africana produce efectos similares a la cocaína.

La fuente explicó a LA REPUBLICA que si bien no se conoce khat en Uruguay, sí existen varias plantas con efectos parecidos que son muy consumidas entre los jóvenes con escasos recursos. Como ejemplo citó al floripón, a la amapola y al cogumelo o cocumelo de la bosta. Este último tuvo su auge hace unos 10 años cuando Rodrigo «El Potro» Cordobés hizo famosa la canción «El himno del Cucumelo», que fue escrita por los integrantes de una banda originaria de Misiones, conocida como «Las Manos de Filippi». Se trata de un hongo que crece bajo la bosta del ganado, principalmente en suelos húmedos y poco drenados, y que tiene una concentración importante de toxinas que son liberadas al hervirse.

En cuanto a la amapola, flor de la que se extrae el opio, el agente explicó que fue muy consumida allá por los años 60 y 70 cuando la moda hippie enamoraba al mundo. Aunque en Uruguay el opio nunca consiguió un gran mercado, la planta de la amapola fue y es utilizada para hacer infusiones que provocan una sensación de relax en todo el cuerpo y que ayuda a conciliar el sueño.

Pero de las tres, el agente asegura que el floripón es la más consumida. «Si uno observa con cuidado verá que en los asentamientos es común ver una o varias plantas». La clásica flor en forma de campana que cuelga del arbusto que abunda en todos los barrios montevideanos, esconde un fuerte poder narcótico que incluso puede llegar a ser mortal si se abusa del consumo. *

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