Los asesinatos en Brasil adquieren dimensión de una tragedia bélica

BRASIL (IPS) Los asesinatos en Brasil crecen de modo sostenido desde 1980 y ya suman 800.000, pero esa tragedia de dimensiones bélicas aún parece no ser suficiente para que el Estado y la sociedad elaboren políticas efectivas de seguridad pública.

Sólo una «ausencia de interés real de las autoridades» en solucionar el problema puede explicar esta inercia, ya que existen tecnologías de eficacia comprobada y recursos para combatir el crimen, concluye un estudio del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), organismo del Ministerio de Planificación. La cantidad de homicidios mermó algo en Sao Paulo en la presente década, al igual que se logró frenar el aumento en Río de Janeiro, con el empleo de más policías, equipos y acciones contra la criminalidad, pero «la mejora fue aparente», dijo a IPS Waldir Lobao, uno de los tres autores del estudio.

No se concretaron «cambios estructurales» para contener efectivamente la violencia urbana, pues la seguridad ciudadana no tiene la prioridad necesaria por parte de las autoridades, según el experto. Sin reformas profundas en el sistema carcelario se sigue «realimentando la criminalidad», mientras la Justicia Penal «premia con impunidad a quienes roban y matan», afirmó.

Faltan también políticas de inclusión social, para reducir la enorme desigualdad entre los brasileños, unir las policías divididas entre civiles y militares, restablecer sus vínculos con las comunidades que hoy «sólo tienen miedo», adoptar «políticas inteligentes» y un sistema de informaciones confiable, acotó.

El estudio del IPEA destaca que en 1980 se registraron 13.877 homicidios en el país, lo cual equivalía a 11,7 por 100.000 habitantes, según el Sistema de Informaciones sobre Mortalidad (SIM) del Ministerio de Salud. Los 49.587 asesinados en 2002 hicieron subir el índice a 28,5 homicidios por 100.000 habitantes, considerado entonces uno de los más altos del mundo.

Durante el período estudiado, el crecimiento fue de 5,6 por ciento al año como promedio, lo cual indica que no se trató de una explosión repentina, sino de una «tragedia anunciada» que avanzó con una «regularidad estadística espantosa».

La criminalidad medida por homicidios se agravó principalmente en las regiones metropolitanas del sudeste, la región más rica del país. *

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