Reconstruirán nuevamente los escenarios donde encontraron cadáveres de la familia de Mercedes
Precisamente esa rutina fue abruptamente quebrada en la mañana del 4 de julio pasado, cuando fueron encontrados los cuerpos del matrimonio Gutiérrez Aguirre y la hija de ambos, quienes fueron fríamente asesinados a balazos. Un hecho que por dramático y extraordinario sacudió, primero al vecindario, y posteriormente fue el comentario de toda la ciudad que comenzó a tejer un sinnúmero de especulaciones, desde las con algún fundamento, hasta las más disparatadas.
Madre e hija fueron encontradas maniatadas sobre la cama matrimonial, amordazadas y con un tiro en la cabeza. Pero Marisel Gutiérrez Aguirre (27 años), la hija del matrimonio, ya había muerto por asfixia cuando fue rematada de un tiro. Según pudo saberse después, momentos antes de su brutal muerte, Marisel se había duchado, y fue encontrada vestida con un bucito blanco y una toalla atada a la cintura. Tanto ella como su madre, Gladis Ermelinda Aguirre Galain (53 años), en apariencia no habían opuesto resistencia a el, o los asesinos, que ingresaron por la puerta de calle, sin forzar ni romper nada.
El matrimonio trabajaba desde hacía años en el Departamento de Higiene de la Intendencia de Soriano, y tanto Gladis, como su esposo, Luis Eduardo Gutiérrez Delfante (52 años), eran catalogados, tanto por compañeros de trabajo como por el vecindario, como buenas personas. Trabajadores, con una vida dentro del común, con un par de propiedades, una en Mercedes donde vivían y una casa en el balneario Los Arrayanes (ubicado frente a Mercedes, cruzando el río Negro), que a fuerza de ahorro y trabajo fueron construyendo. Con un automóvil común, y una vida dedicada al trabajo y a propiciar los estudios de su hija que estaba próxima a terminar la carrera de abogacía en la capital del país.
Por esos días Marisel estaba en Mercedes, y desde noviembre del pasado año se había unido a la Fundación Logosófica del Uruguay, que se define como «el ejercicio de una ciencia que lleva al hombre al conocimiento cabal de sí mismo, mediante procedimientos nuevos, como ser: la realización consciente de su evolución, la integración de su conciencia y la organización y perfeccionamiento de su sistema mental y sensible». Es «el supremo intento de reconciliación del hombre con su Dios».
¿Por encargo de quién?
Tres vidas, si se quiere que fueron segadas abruptamente y sin una aparente razón. Por lo menos eso es lo parece traslucirse al común de los habitantes de la ciudad, que no encuentran explicaciones del hecho.
En casi tres semanas ya han tomado el caso tres jueces, el doctor Fernando Moreno, que por la feria judicial asumió la causa en primera instancia, el doctor Pablo Dalera, y finalmente la doctora María del Carmen Roybal, quien tras retornar al cargo viene analizando el ya voluminoso expediente y ya pidió nuevas diligencias.
Según ha trascendido la investigación policial transita en por lo menos dos líneas. Una posible vinculación local y una posible autoría del hecho por actores foráneos al departamento, donde el propio ministro del Interior, doctor José Díaz, expresó recientemente que la gravedad de este hecho radica también en una vinculación del crimen organizado.
Si fuese un crimen por encargo, la pregunta cae por su peso: ¿cuál fue el móvil? Hasta ahora nadie ha podido responderla con una base por lo menos creíble.
El fin de semana anterior al asesinato el matrimonio Gutiérrez Aguirre había cobrado el sueldo en la Intendencia de Soriano. Un volumen de dinero que entre las dos remuneraciones llegaba a aproximadamente $ 19 mil. Dinero que no fue encontrado, pero que tampoco constituye una cifra nada extraordinaria como para sospechar que el robo fuese el motivo principal de los asesinatos.
Como ya dijimos, madre e hija fueron encontradas sobre la cama matrimonial, atadas, amordazadas y rematadas de un tiro. En tanto Luis Gutiérrez fue encontrado, cruzando la calle, en un galpón convertido en taller y cochera de su auto, donde realizaba algunos trabajos particulares de mecánica y tornería. El jefe de familia fue encontrado bajo un encerado, también rematado de un tiro en la cabeza. Lo que habla de la frialdad con que fueron perpetrados los asesinatos, en los que fue usada la misma arma, una pistola 7.65 calibre 32, empuñada por alguien a quien no le tembló el pulso.
Pruebas pisoteadas
Pero si todo este panorama de especulaciones, presunciones y comentarios resulta complicado de entender, más preguntas surgen al conocerse cómo se fueron desarrollando los hechos. Los vecinos mercedarios supieron la noticia por Difusora Soriano, alrededor de las 7.30 horas. Momentos antes, un funcionario del Departamento de Higiene municipal concurrió a la casa de los Gutiérrez, ya que el matrimonio no había concurrido a trabajar, algo extraordinario en la pareja, por lo que decidió ir hasta la casa. Al levantar la persiana de la ventana de calle y ver los cuerpos de Gladis y Marisel sobre la cama, alertó del hecho a la Policía. Poco rato después la noticia fue difundida por la radio, especulándose que podría tratarse de un crimen pasional.
Durante toda la mañana el barrio era un continuo trajinar de personas, compañeros de trabajo de la pareja, y autoridades municipales, dentro de las que estaba el propio intendente, Guillermo Besozzi, quien se vio sorprendido cuando el mismo jefe de Policía de Soriano lo invitó a pasar al interior de la casa, que a esas alturas estaba repleta de gente.
Recientemente el intendente Besozzi contó a LA REPUBLICA que se sorprendió cuando al llegar al lugar el propio jefe de Policía le dijo: «Pase, pase». Expresó que dentro de la pieza donde estaban los cuerpos de las dos mujeres «había por lo menos 15 personas», presumiblemente de la Policía. Desacostumbrado a esta clase de situaciones, el intendente Besozzi ingresó a la casa pensando que los cuerpos ya habían sido retirados, y cuando notó lo que estaba pasando y vio al juez Fernando Moreno, «pegué media vuelta y me fui», comentó Besozzi.
Nueve años atrás, en 1997 cuando se produjo el asesinato del pai Daniel Cuestas, otra escena del crimen también fue «pisoteada» por la Policía y los curiosos del barrio. Algo que desdibujó el escenario, y que terminó borrando las posibles pistas que pudieran conducir a los asesinos, en un crimen aún impune.
Ahora, otra escena del crimen también fue «pisoteada», algo que diferentes fuentes policiales catalogaron como «una torpeza inexplicable» para el jefe de Policía de Soriano, inspector principal (r) Julio Martínez Perdomo, quien cuando los colegas del diario Acción de Mercedes lo consultaron sobre por qué no se había pedido apoyo a personal capacitado de Montevideo, contestó: «Yo fui jefe de Homicidios en Montevideo».
El de la campera verde
La pasada semana, un equipo de técnicos de la de Policía montevideana estuvo nuevamente en Mercedes recabando diferentes informaciones. Un perito semiólogo viene estudiando todos los datos recabados por la Policía, mientras que se espera que la Justicia libre la orden de captura para dos sospechosos que por esos días estuvieron en Mercedes. La madre de Luis Gutiérrez –vivía en la casa contigua y dormía cuando ocurrió el terrible asesinato–, ha asegurado en reiteradas ocasiones haber visto a un hombre de campera verde dentro de la casa de su hijo, aunque nadie ha podido individualizarlo. Aparentemente nadie en el vecindario escuchó ni vio nada extraño. Nadie tiene una presunción medianamente contundente del móvil de este terrible caso. Muchas incertidumbres y pocas respuestas para este caso que terminó con la vida de una familia mercedaria. *
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