Expresos de medianoche
Días atrás el método que le costó una experiencia terrorífica en la cárcel de Estambul al protagonista de la película de marras fue usado por dos jóvenes uruguayos que pretendían abordar un vuelo hacia Suecia. Uno de ellos llevaba dos paquetes de cocaína sujetadas a su tórax mediante cintas adhesivas, y su compañero de aventuras tres. En total pensaban introducir en Europa casi tres kilos del alcaloide.
Uruguay ha merecido en los últimos años ser reconocido por diversos organismos nacionales e internacionales como un país escala en el tráfico de drogas y como lugar de consumo. Esto hace que, ya sea como paso previo o como destino final, se detecten en el paisito algunos de los sistemas empleados por el narcotráfico a nivel mundial.
Dos de los más habituales son las valijas con doble fondo o la ingestión de cocaína en pequeñas cápsulas, lo cual implica un grave riesgo para la persona. Si una solo de estas cápsulas –que pueden contener hasta 10 gramos– llegara a explotar, la «mula» moriría. Este último caso es muy común que tenga como practicantes a ciudadanos bolivianos o peruanos, a los que las mafias de la droga pagan, como máximo, 300 dólares.
Se ha visto en Uruguay también que los narcos, en este caso argentinos, trajeran camufladas pastillas de éxtasis en cartuchos de una conocida marca de chocolates.
No hace mucho se registró un caso más que insólito, cuando la Dirección de Investigaciones de Río Negro bajó de un ómnibus que ingresaba al país desde Argentina a una mujer. Esta llevaba consigo una olla con arroz y huevos fritos, pero con aderezo adicional: varios cartuchos de cocaína debajo.
Ingenio y horror
Pero si bien es cierto que el tráfico de drogas es algo reiterado por estos lares, los grandes narcos tienen como centro de atención los Estados Unidos y Europa. Para ingresar en esos mercados deben agudizar su ingenio no sólo por las grandes cantidades que manejan, sino también por la existencia de mecanismos de control mucho más sofisticados.
La semana pasada se conoció el asesoramiento que la mafia rusa le había dado a los cárteles colombianos, que se habían juntado para invertir diez millones de dólares con el fin de fabricar un submarino. La Policía abortó la maniobra cuando la máquina se encontraba a medio construir y se estimó que de haber logrado surcar los océanos, lo habría podido hacer con 200 toneladas a bordo. Es en ese país que se concentran los mayores productores y traficantes de drogas y donde se está lejos de poner fin al narcotráfico. El desmantelamiento de los cárteles de Cali y Medellín años atrás dejó paso al desmembramiento de las actividades en 350 o 400 grupos menores, según la Policía local, que buscan colocar sus productos a cualquie costo. Para eso recurren a todo tipo de formas. El recurso de las mulas, pasadores de droga que ingieren cápsulas para burlar los controles fronterizos, continúa siendo el principal método empleado ya que el riesgo es del individuo, y de ser descubiertos nunca son grandes cantidades las que pierden.
Un informe de la policía local asegura que hay un «centro de aprendizaje» instalado por los traficantes cerca de Pereira (oeste) para entrenar a las mulas. Los archivos policiales colombianos abundan en incautaciones de droga escondida en los sitios más insólitos. Implantes quirúrgicos de silicona mezclada con cocaína líquida ya fueron descubiertos en senos y nalgas de pasajeras.
La clásica valija de doble fondo se utiliza cada vez menos y han empezado a ser sustituidas por pelucas, juguetes, envases de pasta de dientes y hasta instrumentos musicales. Incluso prótesis médicas y sillas de rueda son utilizadas para esconder cocaína. Botellas de whisky y perfume sirven para disimular cocaína líquida sin alterar el color original del producto. Hasta la apertura de ataúdes llevó en ocasiones al hallazgo de droga dentro de cadáveres.
Pero el colmo del horror en materia de tráfico corresponde a una pasajera detenida a principios de los ’90 transportando un bebé muerto con el cuerpo relleno de cocaína.
Cocaína roja
El jueves pasado un cargamento de éxtasis, anfetaminas y resina de cannabis evaluado en 40 millones de francos (unos 5,6 millones de dólares) fue decomisado por la aduana en Gravelines (noroeste de Francia), en un camión que transportaba acero. La droga –unas 300 mil píldoras de éxtasis, 78 kilos de anfetaminas y 130 kilos de resina de cannabis– se encontraba empaquetada en cajas de cartón y escondida bajo un cargamento de acero.
Años atrás en Estados Unidos, un perro detectó que un cargamento de caños de PVC tenía varios miles de kilos de cocaína incluidos en el producto.
También en Francia agentes aduaneros del aeropuerto parisino de Roissy incautaron hace poco seis litros de tequila mezclada con cocaína líquida procedentes de Venezuela y que iban con destino a Bélgica. La droga era transportada por un joven de 24 años, de nacionalidad holandesa, que fue detenido. Pero la última novedad al respecto fue divulgada durante la VI Conferencia Mundial de Tráfico de Cocaína que se realiza en Acapulco. Según dijeron los expertos, los cárteles del narcotráfico introdujeron la modalidad de la cocaína de color rojizo para sortear los controles luego de que la cocaína negra (inventada años atrás) comenzara a ser detectada por las autoridades.
La cocaína roja es escondida en artículos de piel, como cinturones, y se demuestra suficientemente flexible, por lo que no se desmorona cuando los cinturones en los que la esconden se doblan, dañan o los colocan en pequeñas cajas. La droga rojiza se fabrica en Colombia y es contrabandeada a Estados Unidos y Europa.
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