El "fusilamiento" del "Chuleta" en Flores: su padre demanda al Estado y el Sindicato Policial lo apoya
El pasado 15 de abril, LA REPUBLICA informaba que el departamento de Flores, y más concretamente las cercanías de su capital, Trinidad, se había visto conmovida por el atrincheramiento de un maleante quien, después de dar muerte a un sargento, mantuvo un intenso tiroteo con decenas de efectivos policiales que lo rodearon. Con un camión, la Policía volteó el muro del restaurante donde se había guarecido para resistir para arrojar gases lacrimógenos y sacarlo, pero ya estaba muerto.
La ferocidad del enfrentamiento entre los 60 efectivos policiales y el delincuente identificado como Juan Pedro Flores Pintos, quien estaba solo dentro del restaurante, causó un gran revuelo entre los habitantes de la zona que no estaban acostumbrados a ese tipo de incidentes.
Según la información aportada por la propia Jefatura de Flores, el enfrentamiento había comenzado a las dos de la tarde y culminó a las nueve de la noche cuando el delincuente fue hallado muerto en el interior del restaurante que ya se había convertido en una especie de búnker.
En una primera instancia se habló de un suicidio, pero luego quedó confirmado que fue un disparo policial el que impactó de lleno en la nuca del delincuente que cayó muerto en el acto.
Para el jefe de Policía de Flores, inspector Tabaré Sartorio, el operativo fue todo un éxito e incluso hay quienes aseguran tener fotos del festejo que realizó junto a sus hombres en una cantina donde comieron tres pizzas grandes y tomaron varios litros de gaseosas.
Pero la alegría de los hombres fue vista de muy mala manera por varios integrantes del Sindicato Policial que aseguraron sentirse avergonzados de que «policías con años de trayectoria se sentaran en una mesa a festejar una muerte tan despiadada como lo fue la ocurrida en el departamento de Flores». Dicen que antes de haber tirado abajo las paredes del restaurante con un tractor «tenían que haber leído un poco sobre cómo actuar en casos de atrincheramientos, algo que es básico e ineludible en la carrera de cualquier policía que quiera ascender y prosperar».
«Lo primero es conversar y negociar con el delincuente, no entrar como si se tratara de la película Arma Mortal donde Mel Gibson y Dany Glover arrasan con todo para atrapar a un ladrón de mala muerte», dijo a LA REPUBLICA el comisario inspector retirado Manuel Areosa (presidente del Sindicato) y agregó que «existen libros de atenuación donde explican que le tienen que hablar de forma calmada y explicarle que lo que hizo no es tan malo y que va a estar muy poco en la cárcel, aunque en realidad pase una vida tras las rejas. Son puntos básicos que fueron salteados y eso no puede quedar así».
Los integrantes del Sindicato explicaron que el delincuente Juan Pedro Flores Pintos, había sido liberado del Comcar en noviembre y era un hombre que de alguna manera había innovado en su departamento ya que se dedicaba al hurto de radios de auto, algo muy novedoso e impensable hasta hace algunos años en Flores. «Nunca fue un ladrón peligroso, era un raterito. El problema es que mató a un policía y sus compañeros quisieron vengarse. No pensaron en detenerlo sino en matarlo».
El otro punto que generó controversia fue la cantidad de balas que tenía el atrincherado. Si bien la Policía de Flores asegura que contaba con al menos 300 municiones, los integrantes del Sindicato aseguran que es prácticamente imposible que tuviera esa cantidad de balas, ya que el arma utilizada por el delincuente era un revólver calibre 32 y en Uruguay es muy difícil conseguir municiones para ese tipo de armamento.
«Se hizo todo mal. Le tiraron el restaurante abajo a un hombre trabajador, le prometieron que le pagaban todos los daños, pero ¿sabe cuánto va a pasar para que reciba algún dinero?, dijo la fuente.
En aquella oportunidad el dueño del establecimiento, sumamente molesto, pidió «por favor» que alguien lo ayudara a reanudar su negocio ya que quedó completamente destruido. Hoy, luego de 3 meses, el hombre sigue pidiendo ayuda.
Las repercusiones sobre la muerte del sargento a manos del delincuente abatido por los 60 policías que rodearon el desolado parador no se hicieron esperar y el Círculo Policial emitió un duro comunicado donde reclamaba «mejoras para los trabajadores marginados y sacrificados del Estado», haciendo llegar las condolencias a la familia del policía muerto. Ese comunicado también generó rechazo por parte del Sindicato, ya que «nada se dijo de los atropellos que cometieron los jerarcas de la Jefatura de Florida, ordenando un fusilamiento al mejor estilo de militares en guerra».
La fuente del Sindicato Policial consultada por LA REPUBLICA afirmó que «el problema es la falta de entrenamiento que tienen ciertos jerarcas policiales que inexplicablemente el actual gobierno los puso ahí arriba. Muchos y muchas tienen vinculación con la dictadura y supieron ser represores aun en tiempos de democracia».
Juicio en puerta
Autoridades del Sindicato Policial viajaron a Flores a entrevistarse con algunos de los policías que participaron en el tiroteo y recabaron varios testimonios y versiones sobre lo ocurrido. Según relatan, los uniformados rodearon el parador que se encuentra en un descampado. «Si se hubieran alejado varios metros el delincuente tendría que salir solito, no tenía a donde ir, salvo que se escapara en un helicóptero», aseguran. Dicen que el jefe de Policía les preguntó a sus subordinados cuál de ellos había dado el «tiro de gracia» y que debido a la cantidad de proyectiles que fueron disparados, ninguno sabía con exactitud quién lo había matado.
«Luego de felicitarlos se fueron a celebrar la muerte del delincuente, olvidando tal vez que un compañero de ellos también había perdido la vida ese mismo día y en ese mismo enfrentamiento».
El padre del «Chuleta» se enteró algunas horas después. Cuando le contaron los detalles del caso no podía creerlo. «Mi hijo siempre fue un hombre tranquilo. Sé que estaba en cosas raras pero no creo que se hubiera convertido en un delincuente peligroso», dijo Gutiérrez Ruiz, de 62 años, quien está dispuesto a hacerle un juicio al Ministerio del Interior, ya que considera que a su hijo lo asesinaron a sangre fría.
Aunque al principio sentía temor de lanzarse sin el apoyo de nadie a entablar un juicio contra el Estado, recibió la ayuda de quien menos lo esperaba: de la propia Policía. El Sindicato Policial asegura estar dispuesto a conseguirle abogados y apoyo necesario para que la muerte del joven no quede impune.
«Se cometieron atrocidades. Ese pobre hombre tiene que exigir justicia. La Policía es limpia, es pura, no puede ser manchada por un grupo de personas que no sienten el uniforme», dijeron los principales dirigentes del sindicato policial. También piden que se investigue el paradero del proyectil que dio muerte al sargento de la Policía, ya que según las fuentes del Sindicato consultadas, simplemente desapareció. «La forense Rosario Ramírez fue quien hizo la autopsia y le entregó la bala a la Policía, pensando que ese era el procedimiento correcto. Claro, la bala desapareció. Nadie sabe dónde está. ¿Por qué?, bueno, vaya uno a saber. El problema es que nunca se supo si era calibre 32 (como la del delincuente) o calibre 38 (como la de todos los policías que participaron en el tiroteo). Los jerarcas aseguran que se trataba de un calibre 32, pero sin el proyectil no hay prueba, por lo tanto no hay seguridad», culminaron afirmando los dirigentes del sindicato policial. *
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