"Después de 11 años sólo confío en los dos hijos que me quedaron y en la memoria de LA REPUBLICA"

La madre del joven asesinado por barrabravas en Paysandú acude a foros de Justicia internacionales

Esta mujer con una fe inquebrantable sigue buscando sin pausa lo que prometió a su hijo en la tumba: «No descansar hasta encontrar a los culpables».

La señora informó a LA REPUBLICA sobre las últimas novedades de la causa. «Ya me puse en contacto con mi Cancillería para informarme de los trabajos. Se están tramitando dos exhortos. En el último que enviaron se reclama del juzgado de Morón información complementaria para tomarle declaración, como imputado, a José González, uno de los señalados por los testigos y por los mismos que declararon haber viajado juntos».

Hasta ahora no le habían tomado declaración, porque no tenían la dirección correcta del sindicado, cosa que la madre de Daniel, después de una faena constante, consiguió. En su último viaje a Paysandú, la señora entregó copia de todos estos elementos a la jueza de la causa en este departamento. La mujer destacó que se reclamó tres veces a la Cancillería la información complementaria. El último reclamo fue en diciembre «y aún no tenemos novedades».

La entrevistada dijo que, como siempre, los exhortos vienen mal redactados. «Siempre nos trabamos con la burocracia y la ineptitud, en directo beneficio de los criminales. Espero que se resuelvan estos problemas. Sé que tengo gente amiga como ustedes que siempre mantienen viva la memoria».

«A nosotros nos robaron las ganas de vivir, a sus hermanos, a la nona y a su novia. Toda la familia sigue buscando las respuestas, porque te robaron el derecho a la vida, pero todavía estamos de pie», concluyó la señora que no se rinde nunca.

La carta de una madre

La mujer escribió una carta que hizo llegar a LA REPUBLICA para que su pesar tuviera difusión nacional: «Ya pasaron 11 años de ese horrible día, de recibir la noticia más aberrante que me quebró el alma, me dejó sin aliento y paralizó mi vida.

Fue un 11 de julio de 1995, cuando asesinan a mi hijo Daniel Hernán García de tres puñaladas a la salida del estadio Artigas de Paysandú, Uruguay, al término de la disputa del partido en que la selección argentina goleara a la chilena, en el marco de la Copa América de Fútbol.

A partir de ahí, cómo seguir si esta bofetada que me dio el destino me dejó paralizada, sin comprender lo ocurrido ni los porqués. Pero algo me hizo reflexionar, ponerme de pie y aprender a vivir sin sus jóvenes 19 años, sin su sonrisa, sus besos, abrazos, sus travesuras de chiquilín inquieto y divertido. Comprendí que no debía quedarme en mi casa llorando mis penas, que mi tarea sería distinta, difícil y complicada. Durante todos estos años comencé a peregrinar por embajadas, consulados, intendencias, despachos judiciales, entes oficiales gubernamentales y no gubernamentales. Así comencé a conocer la indiferencia, la arrogancia, la corrupción, la ineptitud, la falta de respeto, la falta de solidaridad, la complicidad, las promesas incumplidas, todo eso y mucho más resumido en una sola palabra: impunidad.

Asistí a cuantas jornadas de violencia en el fútbol se realizaran, las que me dejaron siempre la misma sensación, que no saben. Que no pueden o que no quieren. En las mismas se apunta a la educación y estoy de acuerdo con ello, pero no debemos olvidarnos de los maleducados que siguen yendo a las canchas que son los que mataron a nuestros hijos y siguen amparados y protegidos por los dirigentes de los clubes y trabajando para las campañas de los políticos de turno. Si no se aplican las leyes que existen y los encargados de impartir Justicia no despiertan y comienzan a trabajar con responsabilidad y condenar a los responsables, nada va a cambiar y educaremos a largo plazo, pero los maleducados que todos conocen seguirán cometiendo desmanes, adueñándose de las canchas y de la vida de NUESTROS HIJOS. Los mismos que forman parte del presente y del pasado, son los que destruyeron nuestras vidas y robaron los sueños de nuestros hijos, pero la Justicia jamás los condena.

Deseo a los responsables de la seguridad de espectáculos futbolísticos que no tengan sólo una visión a futuro, vivan el presente y el pasado, ahí está el problema sin resolver. Mi hijo Daniel ya no está, mas forma parte de una larga lista de víctimas, de un expediente empantanado en el despacho de un juez que no muestra buena voluntad por resolver y condenar a los marcados responsables, quizás haciendo tiempo para que la causa prescriba y dejar en la nada todo lo investigado. Quiero que sepan que una madre herida no tolerará más atropellos y agotará todas las instancias judiciales y de no tener respuestas acudiré a los foros internacionales. Lo único que no haré es permitir que este triste episodio sea un capítulo cerrado.

Hoy, a 11 años de lucha incansable y un largo camino recorrido, siento desesperanza, falta de voluntad e indiferencia de personas en las que confiaba plenamente, lo único que me mantiene viva y con fuerzas para continuar es el apoyo y amor de mis dos queridos hijos y la necesidad de llegar a la verdad y se haga Justicia, sin atropellos ni sed de venganza. Por el descanso en paz de mi querido hijo es que pido justicia y memoria y condena a los responsables». *

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