Pruebas reunidas por la Policía, entre ellas de ADN, no le alcanzaron al juez

¿Un asesino serial suelto?

Canelones

El pasado tres de junio, Alfredo Walter Velázquez, un conocido delincuente de 52 años, apareció muerto en el kilómetro 36 del Camino Piedritas con dos impactos de bala en el pecho. Este individuo contaba con 19 antecedentes penales y atendía una cantina ubicada a un kilómetro del lugar donde finalmente fue encontrado su cuerpo. Las investigaciones primarias realizadas por la Brigada de Homicidios de la Jefatura de Policía de Canelones, a cargo del comisario Wilfredo Rojas, apuntaban a otro delincuente, presumiéndose que se trataba de un ajuste de cuentas.

En el amanecer del sábado 12 de agosto, mientras que los efectivos de Homicidios continuaban trabajando en torno al crimen de Velázquez, los policías de la Seccional 7ª de Pando hallaron en la banquina de las calles Marconi y Ansina el cuerpo sin vida de Roberto Berrueta de 53 años.

Minutos más tarde, y en una vivienda ubicada a pocas cuadras de ese lugar, los efectivos encontraron a Wilmar Ariel Gayoso de la misma edad, quien había sido asesinado a balazos. En el transcurso de las averiguaciones los sabuesos establecieron que ambas personas residían en el mismo predio pero en diferentes fincas.

Estos dos misteriosos crímenes pasaron a la órbita de la Brigada de Homicidios. Los operativos dispuestos por Rojas permitieron detener a mediados de agosto a un sospechoso.

Se trataba de un joven de iniciales ADP de 27 años que recientemente había salido de la cárcel, donde cumplió condenas por distintos delitos.

Al allanar su vivienda, los policías incautaron un zapato manchado de sangre, el que inmediatamente fue enviado al Instituto Técnico Forense (ITF) para su análisis. Asimismo, las autopsias efectuadas a los cádaveres aparecidos el 12 de agosto establecieron que, al igual que Velázquez, habían sido ultimados con un revólver calibre 38.

El detenido recuperó su libertad, aunque debería aguardar el resultado de la prueba de ADN realizada a la sangre encontrada en su calzado. El pasado miércoles el juez Olivera recibió el dictamen del ITF, el que determinó que la sangre analizada había corrido por las venas de Gayoso.

Falta de pruebas

En horas de la tarde de ese día, el joven volvió a ser detenido y fue trasladado a la sede judicial pandense para ser interrogado por el magistrado. Allí negó rotundamente cualquier vinculación con los crímenes, y en la víspera Olivera Negrín decretó su puesta en libertad por falta de pruebas. Fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA manifestaron su «asombro» por la resolución del juez, destacando que las coartadas brindadas por ADP fueron descartadas «una por una». Por ejemplo, señalaron, había asegurado que en la madrugada del 12 de agosto permaneció en un bar de la zona, pero su propietario confirmó que se retiró del mismo sobre la hora en que se presume que ocurrieron los homicidios.

Según los informantes, el individuo liberado por la Justicia habría formado parte de una misma banda delictiva junto a los tres individuos muertos. Algunas versiones recabadas durante las investigaciones señalan que los cacos «rompieron sus lazos» a raíz de los problemas suscitados por el reparto de varios efectos robados.

Además, según la Policía, determinados testimonios establecieron que pocos días antes del 12 de agosto, el sospechoso habría amenazado de muerte al posteriormente asesinado Roberto Berrueta.

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