Sigue misterio insondable en los asesinatos del periodista Kutalek y del empresario Santa Cruz
Ni el caso del periodista carolino Mateo Kutalek, ocurrido en las primeras horas del sábado 6 de mayo pasado, ni el del empresario montevideano Enrique Santa Cruz acaecido el viernes 2 de junio, han sido desentrañados.
Un número no precisado de personas han sido convocadas a declarar por parte de la policía; más de media docena de sospechosos prestaron a lo largo de las semanas, sus declaraciones, pero nadie está detenido aunque en la interna policial siempre «haya sospechosos».
Resultados de los peritajes
Llama poderosamente la atención que el accionar de la Dirección Nacional de Policía Técnica, que por lo menos actuó en el caso de Kutalek, no haya arrojado un solo dato conducente al esclarecimiento del asesinato a sangre fría perpetrado en la soledad de una zona densamente forestada, ubicada a los fondos del parque Burnett. Cabe recordar que los investigadores llegaron dos días después a Maldonado cuando el escenario del crimen ya estaba demasiado alterado, sino «cambiado».
El automóvil Fiat Palio, que conducía Kutalek al momento del crimen, apareció abandonado en la zona de Granja Cugnetti, varios kilómetros al noreste del lugar del crimen. De ese vehículo ¿no se pudo extraer una sola prueba capaz de conducir hacia él o los asesinos?. Se remarcó insistentemente desde altas esferas policiales, que el crimen estuvo relacionado con la vida personal del periodista; sin embargo en todo su entorno, que tampoco era demasiado grande, no se logró por lo que se ve un solo resultado. ¿Qué dificulta la investigación si el caso fue circunstancial y no producto de algún tipo de situación en la que estuviera vinculado el periodista? ¿Porqué se aseguró insistentemente que el homicidio estuvo relacionado con su vida personal si en realidad no se encontró nada que lo confirmara? Son demasiadas las interrogantes que se plantean constantemente en torno a éste caso, tanto la población en general, como los vecinos de San Carlos y los amigos y colegas de Mateo Kutalek.
Santa Cruz
Del homicidio del empresario montevideano Enrique Santa Cruz, se sabe tan poco y nada como del caso anterior. El hombre fue ultimado en el chalet «Caicobé» de su propiedad, ubicado en las calles Las Acacias y Lido, barrio San Rafael de Punta del Este.
Fue ejecutado de un balazo en la nuca delante de su propia esposa que aportó todos los datos que tuvo a su alcance, habida cuenta de que los copadores de la finca actuaron encapuchados. Apenas se pudo confirmar el calibre del disparo, elemento que poco aportó evidentemente a la investigación, en medida que ese dato «preciso» no condujo a ninguna parte, menos aún cuando el número de armas «ilegales» o robadas que andan en manos de la delincuencia es enorme.
El matrimonio llegaba cada fin de semana a descansar desde Montevideo, y obviamente que los copadores no encontraron la oportunidad de ingresar a la casa por casualidad. Tenían todo estudiado, y en ese sentido, resulta difícil pensar que los asesinos sean de Montevideo. Algunos sospechosos del medio declararon oportunamente, pero aportaron la coartada perfecta como para quedar desvinculados del caso.
Todo apunta a que los asesinos serían vastos conocedores de la zona y de los movimientos de la infortunada familia. Ni un rastro, ni una pista, ni una huella, nada apareció en la escena del hecho; o al menos si esas pruebas se encontraron y se mantienen en el más cerrado secreto, tampoco han conducido a ninguna parte, porque, los responsables del sangriento hecho no han sido encontrados.
El tiempo esfuma todo
Está muy claro que en medida que pasa el tiempo, las posibilidades de esclarecer tanto uno como otro caso se van esfumando. Eso lo sabe mejor que nadie la propia policía que, se intuye trabaja con todos sus recursos disponibles, pero sin avanzar demasiado. En ninguno de los casos la tecnología disponible parece haber aportado nada.
No hay demorados, no hay requeridos en estos momentos, no hay absolutamente nada; acaso algunas hipótesis que por alguna razón tampoco echan luz sobre dos hechos de extrema violencia que merecen la más estricta atención. En este contexto, queda al margen la discusión respecto a si en Maldonado hay o no hay seguridad, si aumentan o no aumentan los delitos. Pasa porque la delincuencia cobró dos vidas, que dejaron familias, que dejaron amigos, que dejaron intrigas. Pasa por agotar hasta el último recurso, pero realmente hasta el último, porque están en el tapete nada menos que dos vidas inocentes. *
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