Llevaban 31 años de casados: le partió el cráneo a su esposo con un fierro y simuló un accidente
Un cruel asesinato, en la que se vio involucrada una conocida familia, ocurrió esta semana en las afueras de Carmelo, en la zona rural conocida como Juan González, que corresponde a la jurisdicción policial de Conchillas. Todo sucedió entre las 21.30 y las 23 horas del pasado martes en la casa en la que vivía Angel Américo Duarte Tomassini de 59 años, su mujer, a la postre la asesina, su hijo de poco más de 25 años con su esposa y una hija.
Sin embargo el inicio del conocimiento público de esta trama se supo recién unas horas más tarde. Ya en las primeras horas del miércoles en la madrugada ingresaron al sanatorio local 2 personas transportando a un hombre que supuestamente había fallecido en un accidente de tránsito.
Luego que la Policía se hizo presente en el lugar, los uniformados comenzaron a percibir que algo no cerraba en la historia, presunción que se vio confirmada cuando posteriormente verificaron que las heridas no correspondían a la versión que sobre el accidente hacían los familiares.
En efecto, la autopsia a cargo del médico forense del Poder Judicial arrojó que la víctima había muerto por un traumatismo encéfalo craneano, es decir, fuertes golpes en la cabeza. Luego se supo que una vieja hoja de elástico habría sido el arma con el que lo golpearon en la cabeza en reiteradas oportunidades. La pareja tenía treinta y un años de casados.
Noche fatal
La información aportada por la Policía relataba que el hecho se produjo en la finca ubicada en el kilómetro 245, en la que vivían el hombre asesinado, trabajador rural en un conocido establecimiento agropecuario, su esposa, titular de un emprendimiento de productos del campo, su hijo, la esposa de éste último y su pequeña hija.
Eran las 9 de la noche cuando el joven hijo del matrimonio llegó a la casa, saludó a sus padres que estaban al lado de la estufa mirando televisión, y se fue a buscar a su esposa, volvieron y se acostaron alrededor de las 11 de la noche. Al rato la madre lo llamó para decirle que el padre había fallecido. De acuerdo a la reconstrucción realizada en la tarde del jueves por la Justicia, el matrimonio mantenía una charla normal en la vivienda que compartían. Era una conversación cotidiana en la que no hubo ningún tipo de desborde emocional ni situación que anunciara la violencia con que reaccionaría la mujer minutos después. Alrededor de la hora fatal, el hijo de los protagonistas de la tragedia llegó a la casa y minutos después se fue a buscar a su esposa. En la casa su madre miraba televisión al lado de la estufa y su padre estaba con vida.
En un determinado momento, el hombre se levantó y entró al baño. Al salir de la pequeña habitación se dirigió al cuarto pasando al lado de su esposa que miraba televisión en silencio. En ese momento la mujer se levantó, caminó a la cocina y agarró una barra de hierro de 38 centímetros de largo y se dirigió al cuarto en donde su esposo estaba parado al lado de la cama. Sin mediar palabra, lo sorprendió desde atrás pegándole un golpe en la nuca. El hombre cayó, y la mujer le siguió pegando en la cabeza hasta terminar con su vida.
No hay un móvil, no hay premeditación en el hecho, no hay indicios que hubiera malos tratos que justificaran la muerte del hombre ni agresiones, ni discusión fuerte ni otro motivo. «La única justificación de la mujer es que estaba preocupada porque la nuera podía irse de la casa y llevarse a la nieta», aseguraron a LA REPUBLICA fuentes consultadas. «Si hubo un motivo lo ocultó muy bien, porque no se pudo determinar el móvil» explicaron.
Cuando el hijo y su esposa regresaron, la responsable del crimen esperó a que se acostaran para concretar la segunda parte de su plan: simular un accidente de tránsito para encubrir el homicidio. Con la casa en silencio, la mujer sacó el cuerpo de su esposo y lo arrastró arriba de un mantel de nailon, tiró el cuerpo en la cuneta de ingreso a la casa, trajo un ciclomotor que estaba en el galpón y lo tiró contra la cuneta para simular un accidente.
Con la escena armada fue a avisarle al hijo que inmediatamente decidió traer al padre al sanatorio de Carmelo, donde se conocieron los primeros detalles.
Ya detenida la mujer, la Justicia ordenó una pericia psiquiátrica que arrojó como resultado que la mujer no presentaba ningún tipo de desequilibrio mental, sino que se encontraba en perfecto estado de salud.
La mujer GHPD, de 50 años, fue procesada con prisión por homicidio especialmente agravado por el vínculo y alevosía.
El jueves en la noche era trasladada al penal de Piedra de los Indios. El juez interviniente fue el Dr. Ruben Saravia, el fiscal, Dr. Pablo Ribas, y el abogado defensor en el caso fue el penalista Dr. Enrique Erramouspe. *
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