"No quiero que efectivos honestos tengan que pasar por lo que yo pasé"

Policía retirado envió una carta al ministro del Interior denunciando a ex compañeros

En diálogo con LA REPUBLICA José María Acosta relató que ingresó a la policía en agosto de 1972, desempeñando funciones hasta marzo de 2006, completando «33 años y siete meses» de servicio.

Acosta exhibe con orgullo las diferentes distinciones recibidas a lo largo de su carrera policial, reconocimientos que también le fueron entregados por los vecinos de las comisarías que tuvo a su cargo. Relatando que «la envidia de algunos jerarcas» provocó que le abrieran un sumario y lo trasladaran por un par de secciónales hasta que consiguió jubilarse.

Desde junio de 1997 a marzo de 2003 el suboficial mayor José María Acosta estuvo a cargo de la subcomisaría 7º ubicada sobre la ruta 14, a 22 quilómetros de Mercedes.

El trabajo realizado permitió incorporar mejoras al edificio de la subcomisaría, donde también se alojaban en régimen de reclusión semiabierta algunos reclusos que provenían de la cárcel de Mercedes. Estos encausados realizaban trabajos de huerta, y limpieza del predio.

 

Denuncias y amenazas

En marzo de 2003 «la envidia de algunos jerarcas que no toleran el éxito ajeno, más cuando uno es subalterno», derivó en que intentaran «tenderle una cama», utilizando a uno de los reclusos que hasta hacía poco había estado en la subcomisaría 7º.

Este recluso había vuelto a la cárcel Departamental ya que no se adecuaba al régimen de trabajo. En la propia Cárcel de Mercedes, el encausado, de iniciales LAC. fue amenazado de muerte, según queda estampado una carta. Pero pocos días después la esposa de este recluso presentó una denuncia por acoso sexual y mal trato a sus hijos contra el suboficial mayor José María Acosta.

LAC. era en ese momento, recluso de Mercedes, provenía del paraje Zunin, en el departamento de Colonia, por lo que debido a las distancias «se permitía que se quedaran allí, la mujer y 4 hijos menores», relató Acosta.

En una carta fechada el 12 de marzo de 2003 el encausado LAC. denunció que «a los cuatro días que me trajeron (sic) de nuevo a la cárcel me dejaron en la pieza una carta con amenaza de muerte, por eso estoy con este estado depresivo y más aún teniendo familia y cuatro hijos pequeños», preguntándose «qué sería de ellos si a mi me pasara algo». Pidiendo en forma desesperada «poder volver a esa subcomisaría 7º, comprometiéndome a seguir con mi buena conducta y a realizar las tareas de trabajo que me indiquen». La denuncia presentada contra el suboficial mayor José María Acosta quedó en la nada, pero desde la propia interna policial comenzaron a tejerse una serie de presiones que determinaron, su traslado, primero a la seccional 2º. de Mercedes, luego «me largan con licencia, lo que me dan a entender es ándate porque no te queremos más. Que es lo que ocurre muchas veces a la gente cuando es culpable. Pero yo, consciente que no había hecho nada vergonzoso ni para el instituto ni para mi, me quedé esperando los resultados».

Acosta afirma que toda esta situación se debió a «la envidia de algunos jerarcas» que no soportaban que esta subcomisaría contara con el apoyo de los diferentes jefes de policía con que contó Soriano, y por el buen relacionamiento que tenía con el vecindario de esa zona rural. Envidias «de los mandos medios» que terminaron afectándolo «económicamente, en la salud, y hasta en el matrimonio». Y que derivaron en presiones, donde Acosta acusa al entonces subjefe de Policía de Soriano, Francisco López, «a quien tuve que denunciarlo por abuso de funciones». Agregando «yo me imagino que él debe haber sido el ideólogo cuando hurtan un celular de la oficina de guardia de la cárcel, y se lo plantan al preso que yo había tenido allá afuera (LAC.); y luego lo utilizan como elemento de presión para que este tipo hablara de mi y ahí armaran una denuncia».

 

Sin respuesta

En una de las tantas actas del sumario iniciado en la Jefatura de Policía de Soriano, José María Acosta preguntaba si se había informado al juez Letrado del robo de este celular, perpetrado en la cárcel Departamental. En dicha acta, fechada el 23/10/2003, ante el instructor sumariante Crio. Insp. Nelson Gustavo Barbitta, y el cabo PA Raúl Esteban Barbitta, José María Acosta preguntaba si «el policía que denunció el hurto del celular y con su descuido propició dicha situación, fue sancionado».

Recordando que el 22 de marzo de ese año «el señor Comisario Odriozola (Jefe de la Cárcel por ese entonces) me convoca a la Alcaldía y me labra el acta primaria» y que «el día 23 de marzo, concurren y son trasladados a la Comisaría de Mujeres los policías de la sub 7º. y los encausados SB, RC y RG, dándose allí la presión sicológica que menciono en el acta de la Investigación Administrativa». Pero un día después, el 24 de marzo «se le labra acta al agente Milton Gil, no así al agente Heber Castro Cordero, que también fue entrevistado por el comisario Odriozola, en tanto que el agente Eduardo Olivera, fue interrogado por teléfono y se le preguntó cómo era su relación conmigo y que se lo consultaba para llenar la fórmula, no siendo tenido en cuenta el agente Luis Rondán Aquino». Solicitando «se procure establecer fehacientemente, cómo se produjo el hurto del celular y si dicha situación no fue realizada para poder presionar al penado, para inducirlo a presentar una denuncia contra mi». Pasaron tres años de estos hechos pero el suboficial mayor José María Acosta se terminó jubilando este año, sin obtener las respuestas a sus interrogantes. Ahora elevó una carta al Ministerio del Interior buscando que los hechos se aclaren «con el fin de que no se repitan este tipo de cosas».*

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