Uno de los incriminados habría mentido y habrá careos entre los procesados

Bajo un manto de dudas, piden reconstrucción del crimen de dos policías brasileños en Rivera

El contrabando de whisky desde la frontera hacia Brasil aparecía como el negocio ideal, especialmente para el empresario Joaquín Curi Lara. Las enormes cantidades que se compraban, abonando las tasas correspondientes, no despertaban sospechas en nuestro país a pesar de que, como se dice en el ambiente, «Curi era prácticamente el que abastecía el depósito fiscal».

Las cifras abonadas por el comercio en el último año por concepto de diferentes impuestos son verdaderamente escalofriantes: 1 millón de dólares. Pero hubo algo que no fue tenido en cuenta por el empresario, lo que lo llevó a verse involucrado en un doble crimen, por el que se encuentra procesado por coautoría de homicidio especialmente agravado. Los enormes volúmenes de dinero que se manejaban (se habla de millones de dólares mensuales), despertó el interés de dos de sus empleados, Walter Pereira y Fabián Bengoechea, quienes fueron siguiendo de cerca los negocios de su patrón, aunque con intenciones diferentes. En tanto el «Coco» Bengoechea quería únicamente ocupar el lugar de hombre de confianza del empresario, apoyado en el hecho de que su hermano Rafael era quien manejaba el dinero de los embarques, Walter tenía otras ideas: sacar del medio a su patrón.

 

Un antes y un después

En el inicio, Walter Pereira molesto con el sueldo que recibía se conformaba con robar del comercio de 3 a 4 botellas de whisky diarias, las que eran retiradas en las bolsas de basura, para luego comercializarlas en algunos bares que solía frecuentar. Con el transcurrir del tiempo estableció contacto con Cándido Vargas Bedín, quien es padrino de uno de los hijos de Curi y era una de las «puntas» de la organización, establecida en las ciudades de Pelotas y Porto Alegre.

Del otro lado, en Montevideo, estaba Wellington, un temible asesino al servicio de la organización y mano derecha de quien aparece como otra de las «cabezas»: José Antonio Martins alias «El grande».

En el medio de tanto poder estaba el «Negro Walter», quien aprovechando los «problemas» que generaban Almeida e Ilha (los policías brasileños luego eliminados), que habían comenzado a extorsionar a Curi y amenazarlo con el robo de mercadería, luego de varias reuniones nocturnas que celebraba en su propia casa. A partir de ellas decidió aliarse con policías brasileños para robar parte de las cargas que iban dirigidas a clientes brasileños, diferencias que luego eran abonadas por el empresario ante las reiteradas quejas de sus clientes. «Algún día voy a tener mi propio negocio» habría manifestado el infiel empleado a su esposa y al parecer el momento había llegado. Para ello debería demostrar competencia y fidelidad al que aparecía como uno de los «hombres fuertes», el mismo Cándido, quien habría decidido terminar con los problemas que le causaban los dos policías luego asesinados, a la vez de sacar del negocio a su compadre, del que tenía sospechas de que había extendido su negocio sin comunicarle.

 

¿Quién es el asesino?

La relación entre Curi, Cándido y Wellington fue reconocida por el propio empresario en sus declaraciones. «A mí Cándido me pedía que le mandara dinero para pagar su alquiler y yo lo hice durante siete meses con entregas que sumaban desde 1.500 a 2.000 dólares. Un día me dijeron que vendría a la frontera para ser el nexo de la organización con la Policía brasileña, llegó y me pidió una casa y un auto. La casa no se la di, el auto sí y con el se movió con total libertad reuniéndose con autoridades policiales brasileñas, sin que nunca intentaran detenerlo».

La posibilidad de que el mismísimo sicario hubiera sido inculpado sin haber participado en el doble homicidio no se descarta. La ingenuidad puesta de manifiesto por él o los autores del doble crimen hace pensar en que Walter, encargado de citar a Ronaldo Almeida y Leonel Ilha al galpón de la calle Uruguay, hubiera decidido terminar con la vida de ambos. ¿Solo? De ninguna manera, si es que el crimen se realizó en el lugar mencionado con los policías sentados en un largo banco de madera apoyados sobre una mesa, presumiblemente contando dinero.

En el expediente Walter dice «Wellington se acercó y les entregó una suma de dinero a cada uno y cuando empezaron a contarlo los mató». ¿Ni Almeida ni Ilha Da Silva, expertos investigadores con trayectoria en otros estados sabían que estaban frente al responsable de más de una docena de homicidios? El resultado es sabido y fue el procesamiento de Curi y Pintos por coautoría de homicidio especialmente agravado, en tanto para sorpresa de todos, los hermanos Bengoechea fueron procesados por encubrimiento, a pesar de haber tenido participación directa en el crimen de acuerdo a lo declarado por ambos.

La defensa del empresario a cargo del Dr. Víctor Della Valle aguarda confiada la apertura del período de pruebas, para presentar elementos que considera contundentes como para cambiar la carátula del expediente de Curi.

Las contradicciones que surgen de lo declarado por Walter Pintos y Fabián Bengoechea permiten suponer la solicitud de un careo entre los tres mencionados, lo que fue reclamado insistentemente por el empresario, a lo que se sumará el pedido de reconstrucción del doble crimen que hasta el momento no fue realizado, así como también el examen de ADN de la sangre que dicen los expertos encontraron dentro del local, para compararlo con el de los cuerpos de los policías ejecutados. *

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