La mataron en la Costa de Oro cuando esperaba la salida de su hija de la escuela

"Mi hermana fue ejecutada de un tiro por orden de un empresario", acusa un hombre desde Australia

Graciela Mabel Barrios, de 42 años, se despertó en la mañana del 9 de setiembre de 2005 en su casa de Salinas y como cada día llevó a su hija a la escuela. Los recientes problemas con su marido y una difícil separación la hicieron apegarse más a la niña de 7 años, que al momento de decidir con quien vivir no dudó en elegir a su madre. El padre, un empresario que según el hermano de la víctima es «influyente y poderoso», no quedó conforme con la decisión de la niña y decidió presentarse en los tribunales a reclamar la tenencia de la menor.

Luego de varias audiencias donde ambas partes presentaron sus diferentes puntos de vista, el magistrado actuante decidió otorgarle todos los derechos a la madre y que el padre cumpliera un régimen de visitas donde podía disfrutar de la compañía de la niña solamente los fines de semana, siempre y cuando Graciela estuviera de acuerdo.

Lejos de ser una solución, el dictamen judicial fue el principio de un calvario. El empresario no solo había perdido la patria potestad de la niña, «sino también una casa, un auto, muebles y por supuesto el honor», dice el hermano de Graciela.

Según relata el hombre desde Australia, Graciela había dado por terminado el tema y feliz de estar con la niña empezó a recomponer su vida y sus aspiraciones. Trabajaba, el dinero le daba para sustentarse, y la niña, a pesar de los problemas a los que se vio obligada a enfrentar, tenía muy buenas notas y era una alumna ejemplar».

«Lamentablemente  según Ruben  el influyente empresario no lo tomó de igual manera».

Lleno de ira y sumamente angustiado por la pérdida de sus derechos, el hombre comenzó a llamar a Graciela a altas horas de la noche, con la finalidad de hacerla desistir de sus derechos como madre y entregarle a la niña, y de ser posible, intentar reconstruir una pareja, ofrecimiento que para los familiares de la mujer era improponible.

La constante negativa de Graciela, solo sirvió para enfurecer aún más al empresario. Según cuenta Ruben, las amenazas eran constantes y todos sentían temor de que el padre de la menor diera un paso más y cumpliera alguna de las decenas de advertencias que cada día le hacía a su ex mujer.

El propio Ruben confiesa que estuvo a punto de hablar con su hermana para brindarle su apoyo y para ponerse a sus órdenes si el ofuscado individuo intentaba lastimarla, pero como eran «problemas de pareja» decidió esperar a que el tiempo pasara y las aguas volvieran a su cauce.

El 26 de agosto, Ruben fue despedido en el aeropuerto de Carrasco por la mayoría de sus familiares, incluida su hermana Graciela. «Jamás pensé que podría pasar algo así. Nadie podría siquiera soñar que la matarían», explicó desde Australia.

 

«Ruben, la mataron…»

Sólo 15 días después de su partida, Ruben recibió una llamada que jamás podrá olvidar. «Pasó algo terrible. Mataron a Graciela».

La distancia y los problemas que le implicarían a Ruben abandonar su trabajo y regresar a Uruguay, lo hicieron desistir de la idea y se tuvo que conformarse con la escasa información que le proporcionaban sus familiares.

Según la Policía, la mujer estaba esperando a su hija de siete años en la parada del ómnibus, dentro de su automóvil, cuando un hombre de camisa blanca, se acercó, apretó el gatillo y corrió rumbo a la playa.

No hubo testigos firmes y fueron pocos los que se animaron a describir vagamente al hombre de blanco que con un certero disparo en la cabeza acabó con la vida de Graciela, «dejando a la niña de 7 años con una carga sicológica que sólo los profesionales tal vez puedan remediar», dice el hermano.

Ruben Barrios, dice «estoy seguro que el empresario tuvo algo que ver en el crimen de mi hermana». Aunque afirma «que el autor material no pudo haber sido él, pero sí pudo haber contratado a un sicario que hiciera el ‘trabajo’, profesionalmente y sin dejar huellas».

Lo cierto es que han pasado 8 meses y el brutal asesinato sigue sin aclararse. Varios fueron los detenidos, pero luego recuperaron la libertad al no poder comprobarse su vinculación con el asesinato. Los investigadores del departamento de Canelones trabajaron arduamente para esclarecer el hecho, pero el homicida fue implacable. No dejó ningún tipo de evidencia y tomó las precauciones como para no ser reconocido por las personas que pudieran observarlo.

El tiempo pasa y las hojas del almanaque siguen cayendo inexorables, mientras Ruben, desde Australia, sigue leyendo LA REPUBLICA con la esperanza de que en las páginas, en la sección Justicia aparezca la noticia de que él o los responsables del asesinato de su hermana están tras las rejas.

Sin embargo puede surgir una esperanza para que el caso se aclare, pues al parecer están en viaje dos detectives privados extranjeros que ayudarán a la Policía uruguaya. *

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