Cuatro jóvenes, uno de ellos prófugo, planificaron una fiesta que terminó con crimen de comerciante
El patético caso se inició en las primeras horas de la noche del 28 de abril, cuando José Luis Pereira Apud, de 50 años, fue invitado por su amigo de 20 años a concurrir a su domicilio del barrio San Bernardo, a pocos kilómetros de la ciudad de Pando. El joven le prometió que también lo estarían esperando otros amigos de la misma edad.
Lo que Pereira Apud no se imaginaba era la conversación en la cual los cuatro muchachos estaban enfrascados. «Vamos a sacarle toda la plata que tiene encima de una vez por todas», dijo uno, mientras otro apoyaba su mano derecha en la culata del revólver que tenía en el cinto.
Según la investigación desarrollada por policías de Investigaciones de Canelones, el comerciante llegó al complejo de viviendas en su propia moto y de inmediato entabló una cordial charla con los cuatro jóvenes.
La afable reunión se convirtió de un momento a otro en una tragedia, pues el joven que estaba armado (todos acusan al prófugo) lo apuntó con su revólver y le dijo que querían el dinero que tuviera encima. De acuerdo con los testimonios de los tres detenidos, el comerciante se enfureció y antes de que llegaran a las manos, al muchacho se le escapó un disparo. Ya en el piso lo remató con dos tiros más.
Después de sacarle 300 pesos que la víctima tenía en uno de sus bolsillos, los cuatro jóvenes cargaron el cadáver del corpulento hombre y lo tiraron al profundo pozo situado a los fondos de la finca.
«Mire, tuvimos que echarle encima 100 baldes de toscas y algunas tablas y basura para taparlo», confesó el menor de los detenidos. Ahora bien, consumado el homicidio y en tandas de dos, los jóvenes fueron hasta la casa de la víctima, ubicada frente a la plaza principal de Pando y usando las llaves entraron y revisaron todo. Los primeros que llegaron solo se llevaron algunas pocas cosas «porque estaban muy nerviosos» -dijeron- pero los otros dos pudieron encontrar unos 3 mil pesos y 150 dólares.
Hasta anoche el arma usada para consumar el crimen no había aparecido, aunque se continúa buscándola en un tajamar donde dijeron haberla tirado. Por otro lado tampoco apareció la moto de la víctima, la cual, increíblemente, fue robada de un estacionamiento, por uno o más desconocidos que no tuvieron nada que ver con la muerte de Pereira Apud.
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