El caso Charamello, el empresario asesinado en Maldonado, podría tener más implicados
El caso del secuestro, tortura y asesinato del empresario inmobiliario Hugo Charamello, ocurrido entre el sábado 6 y el domingo 7 de mayo, quedó cerrado, pero solamente en lo que tiene que ver con la instancia señalada. Queda por investigar mucho, del antes de la tenebrosa trama elaborada por el español Francisco Javier Mellado Planells, de 34 años.
La Policía de Maldonado espera información de Interpol para corroborar si efectivamente el español, militar retirado y presunto veterano de guerra que participó en conflictos bélicos en distintas partes del mundo, es quien dice ser. En su casa del barrio San Antonio se encontraron varias armas pero ninguna de guerra, además de ropa militar. Lo que también se investiga es si realmente atraviesa una situación económica tan holgada como para «entregarle» a un operador inmobiliario de Maldonado la abultada suma en euros que se ha manejado. Precisamente, en este sentido, no hay certeza de que le haya entregado a Charamello para concretar algunos negocios, casi un cuarto de millón de euros; más bien se presume que eso nunca aconteció y que el destino -o algún contacto- fue el que llevó al infortunado empresario fernandino a establecer vinculaciones con el frío, sicótico y calculador español.
Aquí es donde cobra importancia el rol que le cupo a una ex funcionaria de Charamello, quien progresivamente fue retirando información y documentos desde la inmobiliaria «Bra Mar», que le permitieron a Mellado Planells conocer el capital en propiedades y cuentas que poseía Charamello. La mujer por ahora está en libertad, luego de haber prestado declaración en las maratónicas jornadas cumplidas entre miércoles y jueves de la pasada semana en la sede penal de 2º Turno de Maldonado.
La participación de la esposa del español, María Vanessa Bravo de 29 años, es obvia por la relación sentimental que los une, en tanto que el infiel policía Oscar Manuel Moreles Martínez, tal vez también por cosas del destino, conoció al español que a cambio de ayuda para perpetrar el ilícito que terminó con la vida de Charamello le prometió dar suficiente dinero como para cancelar una serie de deudas que el agente oriundo de Chuy tendría pendientes.
Así se armó la banda, encabezada por un hombre tenebroso como Mellado Planells quien muy poco aportó en cada uno de los interrogatorios a los que fue sometido. Siempre se mostró parco, frío, calculador. Poseedor de una mirada penetrante y absorbente se negaba a reconocer sus responsabilidades, hasta que en el final del proceso de interrogatorios se derrumbó, abrumado por todos los elementos que pesaban en su contra.
Fueron muchos errores
La Policía de Maldonado, desplegada frenéticamente a partir del olfato y capacidad del comisario Jorge Guerra, desentrañó el caso en solamente tres días, lo que es un mérito muy importante para la Seccional 1ª, la Dirección de Investigaciones y otras dependencias participantes.
Pero al margen, la banda de Francisco Javier Mellado Planells cometió varios errores, fue dejando pruebas que juntas no dejaban ninguna duda de lo ocurrido.
En lugar de citar a Charamello a algún lugar un poco más reservado, la tarde del sábado 6 de mayo se presentaron a cara descubierta en su inmobiliaria de Camino a la Laguna, y salieron con él en la moderna camioneta Mitsubishi de color rojo, directamente a la casa del español, en el barrio San Antonio. Bien o mal alguien los vio, pero más se vio el vehículo estacionado en la casa del español; más visto aun cuando «comenzó a quemarles» porque toda la prensa estaba divulgando datos del vehículo que se buscaba y su dueño y la cuatro por cuatro resultaba ajena al humilde barrio San Antonio I.
Tras someter a múltiples apremios físicos a Hugo Charamello, incluido el «submarino seco» que terminó con su vida, también el domingo a plena luz del día comenzaron a cavar una fosa en el fondo de la casa del español para sepultarlo ahí mismo. No se pusieron de acuerdo, porque el problema era que no tenían previsto matarlo.
Pero tal vez los errores más relevantes fueron: la llamada que el español realizó desde el teléfono celular de Hugo Charamello al teléfono de su casa en el barrio San Antonio, que fue atendida por su esposa; y cuando ya todo estaba consumado, y la Policía más o menos estaba tras sus pasos, el escribano José Pedro Zeballos Prieto fue observado por cámaras de seguridad en un banco del Chuy, operando una tarjeta de crédito de Charamello, con la que logró retirar U$S 1.000. *
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