La ciudad de Colonia se pregunta si volvió a triunfar la impunidad
La sociedad de Colonia del Sacramento no puede creer, y menos entender, que sigan transcurriendo los días y ya a más de dos meses de ocurrida la brutal violación de una jovencita de 18 años en esta ciudad, aún las autoridades no tengan «elementos suficientes» como para condenar a ninguno de los presuntos implicados en el hecho.
La familia de la víctima es la primera en preocuparse, y con sobrados motivos, por tanto silencio en las esferas oficiales de la Policía y la Justicia. La misma sensación se expande al conjunto de la población, y la frase que lamentablemente se reitera en todas las conversaciones que surgen sobre el tema, es: «De nuevo, no va a pasar nada».
Ese «de nuevo» que inquieta a los vecinos hace alusión al caso Trigo, el asesinato del joven Andrés Trigo, por dos impactos de bala, el 17 de agosto de 1998 después que había salido de una reunión bailable en un club de la periferia de Colonia. Por ese homicidio sólo se encuentra en prisión la ex novia del muchacho, acusada de coautoría, y ningún otro avance pudo registrar la investigación que ya ha acumulado miles de folios. ¿Cuál fue la causa del crimen, quiénes fueron los autores intelectuales, quiénes apretaron el gatillo?
Todas esas preguntas permanecen guardadas entre espesa niebla, por lo cual la población se encuentra en la actual situación de desánimo y descreimiento.
En cuanto a la violación de esta muchacha, sucedió el 5 de marzo, cuando concurrió al local bailable «Tres Cuartos» en pleno centro de esta ciudad. Según el testimonio de la víctima allí alguien le habría suministrado un estupefaciente mezclado con la bebida. Cuando se sintió mal, la retiraron entre tres jóvenes a bordo de una camioneta 4 x 4 y la condujeron a una vivienda particular en la zona del Real de San Carlos, donde la sometieron al bestial ultraje. Luego la dejaron abandonada a la vera de la calle Atanasio Sierra, donde una vecina fue quien le prestó la primera ayuda.
La víctima lleva grabados a fuego en su memoria los rostros y las voces de los violadores. Así lo ha expresado con toda claridad a lo largo de la investigación que está en curso. Sin embargo, «algo» tranca las actuaciones. ¿Qué es ese «algo»? En Colonia nadie le encuentra explicación.
Mientras sigue el silencio
La sociedad local está dispuesta a seguir con marchas como la que tuvo lugar días pasados y que congregó a dos mil personas reclamando «Justicia». Pero mientras ese reclamo no encuentra el eco esperado, las versiones se adueñan de la escena y corren con inquietante velocidad.
No faltan quienes aseguran que las familias de algunos de los presuntos violadores han anunciado a por lo menos un medio de comunicación de este departamento su decisión de iniciarle «acciones legales», por el simple hecho de haber informado de lo acontecido con esta pobre chica, cuya vida ha sido malograda en varios aspecto tras el ultraje sufrido.
Se indica, también, y esto lo había adelantado LA REPUBLICA, que uno de esos supuestos culpables ya no estaría viviendo en territorio uruguayo.
Organizadores de la marcha del viernes 5 le contaron a este corresponsal que fueron «seguidos por un vehículo particular cuando andaban por la ciudad pegando afiches que convocaban a esa movilización».
¿Quiénes se sienten «tocados» a tal punto, que llegan a reaccionar de esa forma? Otra pregunta que en Colonia no tiene respuesta.
Se sabe, por si algo más faltaba, que en una oportunidad la propia familia de la víctima recibió una amenaza vía telefónica. Demasiada capacidad de movimientos parecen exhibir quienes tendrían que estar temblando si se sintieran a un paso de quedar al descubierto.
Este miércoles 17, la comisión vecinal que organizó la primera marcha de silencio volverá a reunirse para evaluar la marcha de la situación. Todo indicaría que ya está en el horizonte una segunda marcha por las calles de esta ciudad. Todo empieza a parecerse demasiado al caso Trigo y Colonia está cansada de tanta impunidad. *
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