Un militar español retirado, un escribano, un policía y una mujer prepararon la "orgía" de muerte

Maldonado conmocionado: tenebroso complot para asesinar al empresario

El empresario de Maldonado Hugo Charamello (48), que se encontraba desaparecido desde la tarde del sábado, fue asesinado por una verdadera organización integrada por un ex combatiente del ejército español y su mujer, un policía de Maldonado y un escribano de Chuy. El cuerpo del empresario apareció enterrado en una agreste zona a la altura del kilómetro 2,600 de la Ruta 12 en cercanías de Las Cumbres, a escasos kilómetros de Solanas.

El caso fue resuelto a partir de la aparición de la camioneta Mitsubishi L200 del inmobiliario, que fue hallada el martes en las puertas de la famosa «Casa Pueblo» del plástico Carlos Páez Vilaró, y del rápido y efectivo accionar de varios equipos de investigadores encabezados por el titular de la Seccional 1ª de Maldonado, comisario Jorge Guerra, y efectivos de Investigaciones dependientes del comisario Ruben Rodríguez Trindade.

El móvil del secuestro y posterior homicidio fue por las diferencias que surgieron por una importante suma de dinero  se hablaba ayer de unos 260.000 euros  que el español le había entregado hace algún tiempo a Charamello para concretar algunos negocios, que hasta el momento nadie sabe de qué se tratan. El español estaba radicado en Maldonado desde el año 2004, aunque solía viajar periódicamente al viejo continente.

 

Todos los pasos

El sábado a mediodía, Charamello había almorzado como cada día con su hijo Martín, con el que vivía. Sobre la hora 14.00 abrió las puertas de su inmobiliaria («Bravamar») ubicada en Camino a la Laguna, zona de Pinares. Casi dos horas después llegaron el español y su mujer, y tras mantener un breve diálogo, los tres partieron en su camioneta. A partir de allí no se supo más nada de Charamello, que era un hombre muy metódico en sus movimientos, lo que llamó la atención de sus familiares que intentaron ubicarlo a través de su teléfono celular. La nochecita del sábado respondió una mujer que dijo que se encontraba participando de una reunión; el teléfono no respondió otras llamadas hasta el domingo cuando la voz de un hombre que se dio a conocer como el chofer, dijo que Charamello estaba bien y cortó. Esto despertó las sospechas de los familiares, porque el empresario no tenía secretaria y mucho menos un chofer. En las primeras horas de la mañana del domingo se radicó la denuncia correspondiente ante la Policía.

Pero en realidad a esa altura, el inmobiliario ya permanecía secuestrado en la finca del español, donde trataban de convencerlo de firmar algunos papeles, accedieron al pin de una de sus tarjetas de crédito, y discutieron sobre la millonaria suma de euros en juego. El domingo a la noche, los secuestradores decidieron ultimarlo. Lo asfixiaron hasta la muerte colocándole una bolsa de nailon en la cabeza. Consumado el asesinato, en horas de la madrugada se dirigieron  el español, su mujer y el policía  por la Ruta Interbalnearia y luego tomaron la 12. En una zona descampada y agreste, se introdujeron entre los arbustos y cavaron una fosa donde enterraron el cadáver de Charamello.

El policía retornó en la camioneta Mitsubishi para deshacerse de ella y decidió ingresar a la Ruta Panorámica de Punta Ballena. Luego tomó el camino que conduce a «Casa Pueblo» y en la puerta misma la dejó estacionada; la trancó y partió caminando del lugar. Nadie sospechó nada por el movimiento de vehículos de alto costo que suele darse en la zona o que llegan a «Casa Pueblo». Fue recién el martes a través de la información brindada por la prensa, que un cuidador se percató de que la camioneta buscada era la que estaba estacionada desde las primeras horas del lunes ante sus propios ojos.

 

El comienzo del fin

Con la camioneta recuperada e indicios de que una tarjeta de crédito de Hugo Charamello había sido operada, la Policía comenzó a sumar pistas muy concretas que llevaron el miércoles a una delegación policial hasta la fronteriza ciudad de Chuy. Allí, con apoyo de fuerzas locales, resultaron detenidos el español, el policía y un escribano de la frontera, de iniciales JPZ. En el estudio del profesional se encontraron U$S 1.000 que habían sido retirados con la tarjeta de Charamello.

Paralelamente, en Maldonado se llevaron a cabo distintos operativos. Uno de ellos en el domicilio de la compañera del policía (estaban separados) en la zona de La Capuera donde se pudo comprobar que no había nada relacionado con el caso, y que la mujer estaba totalmente al margen de las andanzas de su marido que cumplía funciones en un destacamento cercano.

A todo esto, sorpresivamente fue allanada la finca del español en calle 5 entre 9 y 10 del barrio San Antonio I, donde resultó detenida su mujer y fueron hallados múltiples elementos que sorprendieron a los efectivos actuantes. Allí fue encontrada gran cantidad de armas cortas y largas, además de ropa militar y otros efectos pertenecientes al español que es un militar retirado de las fuerzas armadas de España y participó en diversas misiones en el exterior. También fueron encontrados elementos vinculados a la inmobiliaria «Bravamar». Además, en los fondos de la finca fue encontrada una fosa abierta que era el lugar donde sería sepultado Hugo Charamello, lo que no ocurrió por algunas desavenencias surgidas a la hora de ajustar el maquiavélico plan.

 

Todo quedaba claro

Los cuatro implicados, prestaron declaraciones ante la jueza penal de 2º Turno, doctora Lina Fernández y el fiscal Gustavo Zubía, durante la noche del miércoles y madrugada de este jueves, hasta que el policía y otro de los integrantes de la banda terminaron derrumbándose hasta admitir todo lo que había ocurrido, inculpándose unos a los otros. Ayer a la tarde se finiquitaban todos los detalles y se sabría qué rol había cumplido cada quien en el impactante caso, y quién o quiénes fueron los autores materiales del homicidio del empresario inmobiliario.

Fuentes cercanas al caso, indicaron ayer que el plan fue urdido por el español  un hombre «extraño» como muchos otros que han participado activamente en conflictos bélicos y que se mostró parco ante la jueza actuante  porque estaba muy molesto con Charamello que lo habría «mexicaneado» con una fuerte suma de dinero en euros, destinada a concretar algunos negocios. El policía implicado, recibiría una fuerte suma de dinero por su participación en el caso, pero además estaría siempre relativamente al tanto de lo que ocurriera con las investigaciones por revistar en los cuadros de la Seccional 1ª de la capital departamental, una dependencia clave de este departamento, por más que estaba asignado a un lejano destacamento en Solanas. El escribano del Chuy en tanto, estaría a cargo de fraguar documentación para poder manejar a su antojo la o las cuentas de Charamello para hacerse del dinero del español que, hasta ayer, no se sabía dónde estaba ni cuánto era exactamente.

El policía fue en realidad quien contactó a este profesional, al confirmarse que tras la muerte de Charamello, viajó al Chuy y luego retornó a Maldonado para finalmente ir nuevamente el miércoles hacia la frontera donde aceleraban los trámites para «limpiar» todo, seguros de que nunca se sabría la verdad.

Hugo Charamello tenía 48 años y llegó a Maldonado hace un par de décadas proveniente de la localidad canaria de Tala. Con el paso del tiempo su trabajo le permitió ir capitalizando hasta que abrió automotora y años más tarde establecer su propia inmobiliaria («Bravamar»), ubicada en Camino a La Laguna, zona de Pinares. Sus negocios con el ex militar español, por el momento nadie ha podido confirmar en qué consistían, porque días atrás su hijo Martín asegurÃ
³ desconocer que tuviera diferencias importantes con alguien. *

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