Peligro inminente en la frontera: bandas organizadas piden "rescate" a los dueños de poderosas camionetas
La aparición de poderosas camionetas en el departamento de Rivera, especialmente en la capital, despierta el interés de las bandas organizadas que operan rápidamente y las hacen desaparecer en segundos. Las portentosas Toyota, Chevrolet, o Mistsubishi son presa fácil a pesar de alarmas y diversos sistemas de seguridad por aquello de que «no adelanta tener alarma, sino tenés quien la escuche».
Eso es ni más ni menos lo que está ocurriendo en esta frontera. Lo curioso es que luego de consumado el hurto, nunca más se vuelve a saber con una particularidad y es que en la mayoría de los casos y a pesar de la enorme cantidad de lujosas camionetas y autos que llegan desde el Brasil, los ladrones eligen las matriculadas en Uruguay.
Se presume complicidad de la policía brasileña, ya que los robos se cuentan por decenas pero no se recupera ningún vehículo. En los últimos tiempos la elección se ha extendido sobre automóviles de tipo «utilitario» como Fiat Uno o VW Gol, por ejemplo, haciendo que los investigadores queden sumidos en el desconcierto total.
El hecho es que, contando con la complicidad de algunos desarmaderos, que tienen documentación «caliente», cambian la placa del vehículo y lo sacan rápidamente del departamento. De acuerdo a informaciones que obra en poder de LA REPUBLICA, el destino de los autos robados, sería algún departamento vecino, donde todavía resulta «fácil» reempadronar o de lo contrario realizar un largo viaje rumbo a la capital del país, recorriendo caminos alternativos, para llegar directo a talleres de chapa y pintura, que demuestran como es que se hace «magia», recibiendo un auto chocado y devolviendo uno nuevo, cuando no lo terminan desarmando y vendiendo los kits a casas de venta de repuestos usados, haciéndose nuevamente de los documentos para así poder repetir la operación.
Víctimas al rescate
La decepción lógica que supone el hecho de perder un bien tan preciado, normalmente una herramienta de trabajo, deja paso al nerviosismo y al temor cuando se recibe una «misteriosa» llamada, de quien, conociendo absolutamente todos los movimientos de la casa (llegando incluso a comunicarse a teléfonos celulares), le informa que tiene su vehículo y solicitan el «rescate». Por lo general, es más peligroso salir a «rescatar», ya que normalmente el lugar de encuentro es siempre en la vecina Santana do Livramento y en lugares alejados, como la zona de El Prado, donde pululan los revendedores de autos usados, normalmente responsables de esconder el producto del hurto y los encargados de la negociación que son los propios delincuentes. El procedimiento es muy claro ya que la víctima primero tiene que pagar y luego tiene que esperar que lo llamen para saber dónde y cuándo, sin saber cómo se reunirá con su vehículo. En otras épocas, se presumía qué auto que desaparecía terminaba en los enormes desarmaderos que abundan en la vecina ciudad, pero los diferentes procedimientos realizados por la Policía Militar, ordenados directamente por su jefe, el coronel Joao Zasycki, desarticularon la maniobra.
Los cabecillas son viejos conocidos de las autoridades policiales tanto uruguayas como brasileñas, pero, en descargo de nuestra Policía, las bandas se refugian cruzando la frontera, amparadas en la impunidad que les ofrece gran parte de la policía del vecino país, vinculada a infinidad de hechos de corrupción. *
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