La muerte de Israel y un nuevo misterio

¿Maquillaron el ómnibus?

San José

El miércoles pasado por la noche, como informara LA REPUBLICA, se montó en el kilómetro 69.500 de la ruta 1 un gran dispositivo policial para reconstruir el dramático y confuso accidente que le costó la vida al joven Israel Hernández. El muchacho cayó del ómnibus en el que volvía a Libertad –su ciudad natal–, desde el boliche bailable «El Mago» aproximadamente a las 5 y 30 de la madrugada.

La justicia intentaba aclarar, mediante la declaración de seis testigos claves, las extrañas circunstancias que rodearon el caso. Tres de esos testigos surgieron cuando LA REPUBLICA, en un informe sobre el accidente, divulgó los testimonios de: Andrea Leal Soto, testigo presencial del momento en que Israel cayó del vehículo; Mariel Carvallo, amiga del muchacho, quien corrió 150 metros e intentó reanimarlo, y Lucía Parodi, la novia del chico con quien había ido al baile.

En las próximas horas se espera que la Justicia se pronuncie, particularmente, sobre la responsabilidad que le cabe al conductor, a nombre de cuya esposa se encontraría, además, la compañía de transporte Colman, a la que pertenece el coche.

¿Arreglaron la puerta?

Si bien los medios de prensa no tuvieron acceso a la información oficial recogida el día de la reconstrucción, LA REPUBLICA pudo recabar otro dato por demás significativo: el ómnibus estaba, el martes por la tarde –un día antes de la instancia dispuesta por la Justicia–en el taller mecánico «Santos» de la ciudad de Libertad. «¿Qué hacía en ese lugar?» es ahora la gran pregunta que se hacen los familiares, amigos y conocidos del infortunado muchacho.

El tema no es menor, si se tiene en cuenta que el misterio principal del caso es ¿cómo se abrió la puerta por la que cayó Israel? Mientras el conductor del ómnibus declaraba que «el muchacho se tiró», la testigo presencial del instante fatal, Andrea Leal, aseguraba: «no se tiró, la puerta se abrió y el aire lo chupó».

El miércoles, luego de su participación en la reconstrucción del hecho, la misma testigo manifestó a LA REPUBLICA su enorme sorpresa y dudas, «porque la puerta ahora sí funcionaba correctamente, pero yo estoy segura que hace un sonido diferente. Yo creo que la arreglaron después del accidente».

De confirmarse este extremo, la situación del chofer podría ser aún más comprometedora.

A la interrogante sobre la puerta se suman otras, no de menor entidad: ¿Por qué el ómnibus pudo frenar recién después de una cuadra y media de que Israel cayera al vacío? Los testigos afirman que el ómnibus no tenía frenos, ni luces traseras, y las de adelante eran muy débiles.

Si el vehículo estaba habilitado legalmente para circular es un misterio que aún no ha sido develado, y es uno de los puntos que la Justicia procura determinar.

Pero las preguntas sin respuestas son aún más: ¿Fue o no fue al lugar esa noche la Policía Caminera? ¿Hubo omisión de asistencia? ¿Israel murió por las lesiones recibidas al caer, o desangrado porque el ómnibus lo arrolló?, como le dijo a la madre del infortunado muchacho una doctora que lo atendió en el Hospital de Libertad tras el siniestro.

Las fuentes consultadas por LA REPUBLICA sostienen que, sumado a este cúmulo de irregularidades, el ómnibus de la empresa Colman no fue sometido a pericias después del hecho y se lo vio circular en Libertad sin ningún problema.

Por otro lado, varios testigos afirman que el chofer esa noche había bebido, extremo que aparentemente no ha podido ser comprobado porque no se lo habría sometido al test de alcoholemia correspondiente, una vez conocida la tragedia.

Al cierre de esta edición no se conocía aún si el fiscal solicitaría el procesamiento del chofer del ómnibus ni si la resolución del juez sería, en tal caso, favorable a la acusación.

A pesar de todo, los familiares de Israel dijeron a LA REPÚBLICA que desde el miércoles tienen «un poco más de esperanza en la Justicia».

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