La prisión de Maldonado está al borde del abismo, afirman los guardias internos

Veinte reclusos juraron eliminar a procesados por delitos sexuales que están en la cárcel de Las Rosas

Corrió el rumor de que el ataque sería perpetrado para hacerse de una serie de elementos personales y ropa de los internos del pabellón Nº 8; pero en realidad ninguna autoridad pudo descartar que se pudiera tratar de un artilugio para lograr una fuga masiva. En el pabellón 8, también había sido rota una ventana por donde se supone escaparían hacia los patios en busca de protección, los autores de delitos sexuales procesados en Maldonado. Trascendió que el grupo beligerante juró dar muerte a todos los violadores alojados en dicho pabellón.

Algo huele mal y todos lo saben en una superpoblada cárcel donde el silencio de algunos momentos es calificado como síntoma de tranquilidad total, o como presagio de algún «evento». Eso que se denomina la calma previa a un temporal.

Pero lo que no fue caratulado como motín, ni tampoco como intento de fuga, solo es un eslabón más en la serie de complicaciones que se están viviendo en el establecimiento sobrecargado con más de 305 reclusos, entre hombres y mujeres.

Y esa situación ha sido comprobada en las sucesivas visitas efectuadas por el Comisionado Parlamentario para el Sistema Carcelario, doctor Alvaro Garcé.

En estos momentos existe una honda preocupación, porque la pared que debe separar dos sectores de reclusos bien diferentes, está rota, está boquetedada; se ha reforzado la guardia interna mientras se esperan las soluciones. De hecho, ayer algunos medios de prensa indicaron que la jefa de Policía ya habría pedido ayuda en materiales y mano de obra calificada al propio intendente de Maldonado para hacer algunas mejoras, ante la falta de recursos propios.

 

Otras perlitas

La semana pasada, un individuo con antecedentes penales apenas procesado, desde un pasillo de un juzgado de Maldonado preparó una alocada carrera, saltó el muro de la sede penal y en segundos se hizo de una moto para fugarse sin haber podido ser ubicado aún por la Policía. Claro, este caso no tiene relación con la situación en Las Rosas, donde no se puede olvidar que hace poco más de un mes, se fugaron cuatro peligrosos individuos que hasta el día de hoy no han podido ser ubicados.

A raíz de esa fuga hubo allanamientos, operativos sorpresivos en distintas ciudades del departamento; que estaban aquí o allá, pero ninguno fue recapturado y se supone que ya están bien lejos.

La fuga ocurrió la noche del sábado 4 de marzo en medio de un elaborado plan que incluyó un corte en el suministro de energía eléctrica del penal.

Ese día sobre las 22.30 horas, pocos minutos antes del preciso momento en que cada día se hace el recambio de la guardia del penal, se produjo un hecho que no fue circunstancial, por el contrario, debe seguramente haber contado con apoyo logístico desde el exterior del recinto y preparativos previos desde el interior.

Uno de los rapiñeros tenía conocimientos de electricidad y no puso reparos en poner en juego su vida al ingresar a la subestación de UTE que provee de energía al penal, provocando la caída total del sistema eléctrico.

No quedan dudas de que todo estaba planificado, incluido el boquete efectuado en la pared del módulo de seguridad que ocupaban (junto a otros 20 internos), aprovechando el deterioro provocado por la anterior instalación de una cisterna. Desde allí y amparados por la oscuridad, rápidamente ingresaron a un pasillo que los condujo a donde previamente habían elegido un punto de los tejidos perimetrales, por el cual lograron ganarse en campo abierto, utilizando alguna herramienta apropiada.

Un guardia del penal, corrió rápidamente hacia la subestación y alcanzó a divisar una silueta en el tejido perimetral, por lo que inmediatamente dio el alerta a todos los puestos, desde donde se efectuaron algunos disparos intimidatorios que no pudieron evitar la fuga, aunque abortaron la posibilidad de un escape masivo.

Son cuatro y son peligrosos, sin embargo pudieron articular su fuga sin que nadie la descubriera.

Esta es la situación en la cárcel de Las Rosas, donde cada día ingresa uno o dos procesados, mientras toda la estructura edilicia se sigue cayendo a pedazos a la espera de que las anunciadas reformas se lleven a cabo. Los silencios que a veces se perciben, ¿no serán indicios de preparativos para otras fugas?, ¿o para camuflados ataques entre internos para aprovechar el revuelo y provocar una fuga masiva?

Tras el incidente de la madrugada del domingo último y como resultado de algunas requisas, fueron encontrados varios «cortes» de fabricación carcelaria y otros elementos prohibidos para la población del penal.

Mientras tanto, nunca se ha informado sobre responsabilidades -o no- de los funcionarios de la cárcel de Las Rosas en los hechos señalados; empero, de antemano se puede afirmar que más allá de todo, el grado de estrés de cada uno de ellos es alto, al extremo de que muchos desearían desempeñarse en cualquier otra función dentro del instituto policial, que estar sometidos a esa permanente presión. *

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