"Se me quedó el auto en la ruta y la policía pensó que era un sospechoso y empezó a humillarme"
Sergio Daniel González, de 26 años, se dirigía en su camioneta Renault Trafic a su domicilio en la ciudad de Nueva Helvecia. Regresaba de entregar un flete en la vecina localidad de Ecilda Paullier, en el departamento de San José.
Al llegar al kilómetro 81 de la Ruta 1, un fuerte ruido en la parte delantera de su vehículo lo obligó a detener la marcha. Cuando quiso volver a arrancar la camioneta ésta no respondía. Luego de una hora y media intentando ponerla en marcha, Sergio decidió pedir auxilio a otros viajantes.
Un hombre detuvo su auto y amablemente llevó al joven hasta la ciudad de Ecilda Paullier. Sergio comió, se despejó y regresó al lugar donde había quedado varado. Al llegar, se encontró con un policía que custodiaba su vehículo. Según el relato de Sergio ese fue el comienzo de su calvario.
El agente le preguntó por qué había abandonado el vehículo con todas las puertas abiertas. «Porque tengo un vidrio roto y aunque trancara las puertas si quisieran entrar lo iban a hacer», explicó el joven. El policía le pidió los documentos y Sergio se los entregó.
A pesar de que estaban todos en regla, el policía lo llevó a la comisaría de Ecilda Paullier para interrogarlo.
Ni bien entraron al establecimiento policial, Sergio fue trasladado al calabozo, donde permaneció detenido por más de 14 horas. Según cuenta, los policías lo iban a ver cada media hora y lo insultaban y lo acusaban de ladrón. «Sos un ladroncito de cuarta, pero vas a ver como terminás», le dijo un agente, supuestamente siguiendo órdenes del Oficial Principal Carlos Vieira Da Cunha. Siempre según lo relatado por Sergio, la detención tuvo su punto más dramático cuando lo llevaron a la ciudad de Nueva Helvecia para un allanamiento en su domicilio.
En el camino, los policías se encontraron con amigos y bajaron a charlar y contarse las novedades. Mientras tanto, Sergio permanecía en la plaza céntrica rodeado por cuatro efectivos bajo la sorprendida mirada de sus vecinos de toda la vida. Como suele pasar en las ciudades pequeñas, los rumores comenzaron a llegar de todas partes.
Se decía que lo habían detenido con tres kilos de cocaína, que había asaltado una almacén y que había robado un vehículo. Todos las suposiciones terminaron con el allanamiento, ya que a Sergio no le encontraron absolutamente nada sospechoso.
Mientras revisaban minuciosamente su domicilio, «vaya a saber buscando qué», dice, los doce policías que llegaron en camionetas y patrulleros, lo increpaban de que entregara la mercadería, que hiciera las cosas fáciles y lo intentaban «apretar» de forma poco amable.
Cuando finalmente se dieron cuenta de que el joven era inocente, lo dejaron libre y le entregaron el vehículo. Para ese entonces, Sergio ya había perdido todas las entregas que tenía que realizar durante el día.
Su malestar no se hizo esperar y viajó a Montevideo con la intención de narrar lo sucedido a las autoridades del Ministerio del Interior. Con la denuncia en la mano, Sergio volvió a su ciudad para tratar de recomponer los lazos de amistad con sus vecinos que, lamentablemente, ya no lo miran de la misma manera. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad